La realidad se cuela en las series

Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas
Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas

Piensa en un problema de actualidad que te preocupe. Digamos la corrupción, o el clientelismo político, o la inmigración ilegal, o la falta de ayudas sociales, o los desahucios, o el paro. Bien. Ahora piensa en una serie en la que parezca imposible que estas cuestiones aparezcan reflejadas. Y ahora imagina lo imposible: que en estas series se habla justamente de esos temas.

Cuando una serie es capaz de hablar de cosas que están al cabo de la calle, de temas que preocupan a las personas en su día a día, consigue ser más importante, más grande, más cercana y despertar más sentimientos en su audiencia.

El drama de los desahucios

Amador, el personaje de La que se avecina (aquí tenéis el enlace a la serie) comienza la serie siendo un tipo gris que trabaja en un banco. Tiene mujer y varios hijos. No tiene muchas luces. Al continuar la serie, Amador pierde su trabajo. Intenta desesperadamente que no se entere nadie y mantiene su tren de vida. Cuando se descubre el pastel intenta encontrar otro empleo. Cada vez más desesperado, no es capaz de mantener ninguno y finalmente es desahuciado y termina viviendo en la plaza de garaje con su mujer y sus hijos.

Yo creía que esto era una comedia
Yo creía que esto era una comedia

¿Es una crítica social? ¿No estábamos en una comedia? Sí… y sí. Es una comedia, pero el hecho de estar en una serie que trate temas de actualidad da más empaque al producto, hace que el espectador es una muestra de respeto hacia los espectadores.

Si le quitas los chistes, “La que se avecina” sería una serie de los hermanos Dardenne

La que se avecina es una comedia muy loca en la que sus personajes viven situaciones rocambolescas, pero a la vez muy, muy dramáticas. Si le quitamos los chistes La que se avecina sería una serie perfecta para que la firmaran los hermanos Dardenne. Desahucios, soledad, crisis vitales, falta de amor, desempleo, un empresario que vive en un mundo paralelo, casi fuera de su época (por mucho que sea mayorista y que no limpie pescado), incomunicación dentro de la pareja, problemas intergeneracionales… un catálogo de lo más variopinto para hacer un dramón que ver semanalmente bien pertrechado con pañuelitos de papel y dispuestos a llorar. Solo que decidieron hacer una comedia.

Clientelismo político

Ye he hablado mil veces de Cuéntame en el blog. En una de las temporadas de la serie, Antonio Alcántara, después de las primeras elecciones democráticas tras la transición, consigue un puesto como Director General en un ministerio. Merche, su mujer, le habla de que tienen que ahorrar, de que tienen que pensar en que las cosas pueden torcerse. Entonces Antonio le contesta:

Esto va a ir siempre a mejor, Milano
Esto va a ir siempre a mejor, Milano

ANTONIO

Pero por qué van a irnos las cosas mal, ¿mujer? Si esto es siempre a mejor.
Ahora estoy de Director General. Pues luego, cuando se acabe, me darán
otro puesto. Y luego otro. Así siempre. Y siempre a mejor.

En una conversación de menos de un minuto ambientada en 1981 se tratan temas que se pueden leer a diario en periódicos de 2015. ¿Por qué? Para hacer que los espectadores no perciban las series como algo ajeno, sino actual, que habla de su día a día aunque se trate de una historia de época.

Inmigración ilegal

Refugiados, la serie de Ramón Campos para Bambú y coproducida por la BBC, quiere ser una serie de ciencia ficción pero a la vez tratando temas de hoy mismo. El pistoletazo de salida de la misma, la premisa, es de lo más interesante: en un pueblo normal y corriente, con su gente normal y corriente, que lleva a diario su vida normal y corriente con total tranquilidad comienza a venir gente desconocida. No son inmigrantes, pero no son de allí. Se trata de gente que viene del futuro. Si fueran subsaharianos, o marroquíes, o gitanos rumanos estaríamos hablando de una serie sobre inmigración pura y dura. Pero sin que los personajes sean de países diferentes o de razas distintas es una serie sobre este tema. Refugiados, sin mencionarlo, habla sobre Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur, Libia…  Habla sobre el derecho al asilo político, sobre lo egoísta que se vuelve la gente cuando tiene miedo ante lo desconocido. “Los recursos son limitados”, dicen. “No podemos ayudar a todos. Nos hacemos cargo de que lo están pasando mal, pero no podemos hacer nada”. Tratan de defender “lo que es suyo”, su bienestar social, sus casas, su abastecimiento, su electricidad…

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Tocamos resortes que tienen que ver con el miedo y la solidaridad, con ese choque íntimo entre querer ayudar a los que lo pasan mal y defender lo que creemos que podemos perder. Por supuesto la serie va de otra cosa, hay asesinatos, tramas entrecruzadas en las que no sabemos quién es el bueno y quién el malo, en la que no sabemos si debemos o no fiarnos de los que vienen del futuro… si no, estaríamos hablando de una serie documental sobre los campos de refugiados, y no es lo que se busca. Se busca siempre entretener, mantener el interés del espectador, despertar en él emociones, pero si además hablamos de esos mismos temas de los que el propio espectador huye al sumergirse en las series, el resultado puede ser de nota.

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Personajes que pueden ser héroes y villanos

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Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

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En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

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Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

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En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.

Tanto ruido para nada

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Genera expectación. Luego ve satisfaciéndola.

Esa es una de las claves para mantener la atención de la audiencia. Primero le pones un caramelito en la boca (la audiencia saliva) y luego le dices que se lo vas a ir desenvolviendo y al final se lo das.

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Not that kind of blog (sorry)

El caramelo tiene que saber exactamente como la audiencia creía el principio. Porque si no desilusionas y la gente se siente estafada. Corres el riesgo de que desconecten, o (lo que es peor) que cambien de canal. O, incluso en un nivel todavía más embrionario de un proyecto audiovisual, corres el riesgo de que tu proyecto acabe en la papelera del productor y que piense “si me ha decepcionado a mí, decepcionará a la audiencia”.

Pero hay ocasiones en que se utiliza el truco de generar muchas expectaciones y luego… no cumplir con lo prometido. Algo así pasa en La vida es bella, (guión de Vicenzo Cerami y Roberto Benigni) con un personaje que promete ser clave y que al final no lo es tanto.

ESCENA 1. BENIGNI CAMARERO. RESTAURANTE EN ROMA

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Este tipo puede ser muy importante

Benigni ayuda a resolver un acertijo a un médico un tanto excéntrico. El médico, feliz, decide que ni siquiera quiere comer. Está exultante. Queda en deuda con Benigni para los restos.

ESCENA 2. TIEMPOS DE GUERRA. REVISIÓN MÉDICA EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN

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“Podría matarte, pero…”

Todos los reclusos judíos van a pasar una revisión médica. De ahí te pueden mandar directamente a la cámara de gas. ¿Quién va a hacer la revisión? Habéis acertado, el médico al que Benigni ayudó al principio de la película (cosas de ir sembrando para ir recogiendo). Benigni, en clave, le dice, “oye, yo te ayudé hace mucho; ahora ayúdame tú a mí… por favor” y el médico le ayuda y le consigue un trabajo de camarero.

ESCENA 3. COMIDA DE OFICIALES CAMPO DE CONCENTRACIÓN

El médico, con mucho disimulo, se acerca a Benigni. “Tengo algo que decirle. Es muy importante”. Benigni ve el cielo abierto. Ese hombre puede ayudarle a escapar. A él, a su hijo, a su mujer… se monta la película en la cabeza.

ESCENAS 4, 5, 6 INTENTOS DE VERSE A SOLAS

Horst Buchholz
“Tengo algo muy importante que contarte”

Tanto el médico como Benigni intentan coincidir en varias ocasiones. Pero a veces por unas cosas (llaman a Benigni para servir unos gintonics) a veces por otras (un amigo alemán del médico les interrumpe) no consiguen hablar con tranquilidad.

ESCENA 7 – EL GRAN MOMENTO. SALA DE OFICIALES

Al final consiguen verse a solas. Todo muy poco discreto, porque lo hacen delante del resto de los oficiales, junto a una chimenea (la dirección de La vida es bella merece análisis completo en otra parte). Y el médico le dice lo que es tan súmamente importante.

Ahora esperamos que le diga que va a producirse un cambio en el régimen del campo de concentración, o que van a trasladar a los presos o cualquier cosa así, y va a salvarle la vida, o le va a posibilitar una huida improbable, pero que nuestro héroe intentará. Pero en vez de eso…

MÉDICO

Gordo, gordo. Feo, feo. Si me preguntas quién soy te respondo cuac cuac cuac

Benigni se queda hecho polvo y nosotros también. Acaban de echarnos por tierra todas las esperanzas que teníamos depositadas en este tipo. El “Hay algo que te tengo que decir. Es muy importante” puede que no sea tan importante para todo el mundo. Aquí tenéis la escena completa.

Ni que decir tiene que esta sucesión de escenas nos vale (y mucho) para vivir la montaña rusa emocional del protagonista, que de verse salvado en un momento puntual, pasa a sentirse imbécil por haber albergado tan grandes esperanzas.

Cómo hacer que comience una serie (analizando el piloto de Breaking Bad)

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Hace un millón de años, al principio de la historia de este blog, realicé un estudio del capítulo piloto de Dexter. La entrada es esta. La cuestión es que la realización de un piloto es de lo más importante a la hora de hacer una presentación de una serie. Es lo primero que ve el espectador, que tiene muchas opciones y poca paciencia. Y, sobre todo, que tiene un arma muy potente y potencialmente destructora de la carrera de un guionista: el mando a distancia.

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Si a un espectador no le interesan los tres o cuatro primeros minutos de un capítulo piloto va a ser misión imposible recuperarlo más adelante. Todo puede suceder, claro. Pero es complicado.

Ya Natxo López publicó una entrada en bloguionistas sobre capítulos piloto. Os lo recomiendo vivamente. Está aquí.

Pero a lo que íbamos. El capítulo piloto es la carta de presentación de una serie. Es algo así como la primera vez que vas a un restaurante. Te muestran la carta. Ves si te interesan los platos que puedes degustar. Te fijas en el ambiente que hay. El tipo de gente que hay dentro… Pues con un piloto es algo parecido. Tienes que conseguir que la carta, con los conflictos principales, sea apetecible. Que el ambiente, mostrado de la mejor manera posible, sea el que busca nuestro público y que tenga una cierta repercusión para que la gente quiera volver.

En un piloto tiene que quedar claro:

  • De quién es la historia
  • Cuál es el conflicto principal
  • Cuáles son los personajes principales
  • Cuál es el ambiente de la serie
  • Cuáles son los antagonistas principales
  • Cuáles son las principales motivaciones

Hace poco pude ver de nuevo el capítulo piloto de Breaking Bad. No me parece una maravilla (porque una maravilla son capítulos posteriores, más oscuros, más sutiles, más poéticos, donde la evolución del personaje y la lucha entre lo que es y lo que quiere ser se hace evidente…). Pero es un capítulo piloto más que digno y que cumple con todas los requisitos de un buen primer capítulo de una serie. Lo podéis leer (no es la versión definitiva) en la sección de guiones del blog.

Lo más importante es que, cuando terminamos de ver el piloto sabemos:

  1. Que el protagonista es WALTER WHITE, un profesor de instituto que en realidad es un genio de la química.
  2. Que es un tipo sin carisma dominado por su mujer (SKYLER) y que vive una situación económica poco boyante.
  3. Que tiene un cuñado (HANK) que trabaja para la policía antidroga.
  4. Que se le ha diagnosticado cáncer de pulmón y que no tiene tratamiento.
  5. Que decide cocinar metaanfetamina para conseguir dinero y dejárselo a su familia.
  6. Que en este proyecto va a ser ayudado por JESSE PINKMAN un exalumno que se codea con los bajos fondos.
  7. Que enseguida choca con camellos y distribuidores y va a ser complicado que se haga con un espacio en el mundo de la delincuencia.

 

Con esto tenemos más que suficiente para hacer un buen piloto. Pero vamos a ver cómo es el tema secuencia a secuencia.

SEC 1. Presentación. Walter en la caravana en calzoncillos. Dos tipos muertos. Grabación de una confesión.

PERSONAJE Se nos presenta Walter White. Qué es. Cuáles son sus intenciones. Qué es importante para él.

RITMO Rápido. Trepidante. Estamos viendo una serie con acción. Aparece una pistola. Va a haber tiros.

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SEC 2. Walter en su casa. Presentamos su ambiente. Walter en el instituto. Qué hace. Walter en el otro trabajo limpiando coches

PERSONAJE: Nos parece un infeliz. Insomne, se despierta por en mitad de la madrugada para hacer steps. Descubrimos que es un genio de la química nominado a un nobel en los ochenta. No tiene pasta, por eso trabaja limpiando coches.

AMBIENTE: Es su cumpleaños. Su mujer decide sobre lo que come y lo que no. Tiene un hijo con incapacidad motriz severa. En el instituto es un profesor poco carismático. Los alumnos le chulean.

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Este Walter White es un crack

 

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Parece un profe molón pero sus alumnos pasan de él

 

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Además trabaja limpiando coches porque no tiene dinero

SEC 3 La fiesta de cumpleaños. Más ambiente en la vida de Walter White. La postfiesta

PERSONAJE: Es su fiesta de cumpleaños, pero no tiene tampoco carisma entre “los suyos”. Le interesa el dinero (lo demuestra viendo una noticia en la tele con mucho interés) y no le importa que sea dinero ilegal (la noticia es sobre un laboratorio de metaanfetamina que su cuñado, el poli, ha desmantelado).

 

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El cuñado Hank, poli antidroga
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Y una vida sexual de mierda

SEC 4. La mala noticia

ACCIÓN. Le diagnostican cáncer de pulmón.

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La mala noticia

SEC 5. Cambiándolo todo.

PERSONAJE: Walter reacciona. Quiere dejarlo todo. Deja su trabajo.

ACCIÓN: Acompaña a Hank a ver cómo es un laboratorio ilegal de metaanfetamina. Allí se encuentra a Jesse, un exalumno del instituto, que escapa por los pelos de la policía. Le propone hacer negocios juntos, hacer metaanfetamina entre los dos.

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También es un mal chico
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Este es Jesse. Va a ser importante
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Los primeros pasos del equipo

 

SEC 6. La metamorfosis

PERSONAJE: Walter se enfrenta a unos chicos que se han metido con su hijo.

 

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SEC 7. Cocinando con Mr White

ACCIÓN: Walter y Jesse hacen metaanfetamina por primera vez. Es increíblemente pura. El mejor producto que se haya visto. Jesse va a vendérselo a un distribuidor, pero hay problemas: el distribuidor cree que Jesse es un soplón. Lleva al distribuidor y a su primo, su antiguo compañero, a que vean a Walter, en mitad del desierto. Tiros. Walter teme por su vida. Finalmente, gracias a sus conocimientos de química, mata a los dos tipos ahogándolos.

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Problemas
Problema "resuelto"
Problema “resuelto”

SEC. 8 Epílogo

ACCIÓN: Walter vuelve a casa después de hacer  metaanfetamina y de haber matado a dos tipos. Se siente confiado en sí mismo. . Acaba follando con su mujer (eso de la vida sexual de mierda quedaría superado). Y su mujer se sorprende.

PERSONAJE: Walter se siente fuerte. Ha evolucionado. Está dominando la situación (o por lo menos está haciendo cosas por sí mismo, sin que le digan qué debe hacer y qué no), y esto le hace sentir importante, dueño de sí y de sus actos.

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Ven acá

Wilder 3. Desarrolla una línea de acción clara para tu protagonista

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Me consta que esto lo enseñan en todas las escuelas de cine y en todos los cursos de guión. Está en todos los manuales que uno haya leído. Y sin embargo siempre se encuentran casos de historias que no parecen ir a ningún sitio y cuyo protagonista parece más perdido que Wally (o Waldo) en la grada del Frente Atlético.

Esto sucede porque el protagonista:

1. No tiene clara su meta

2. Se pierde en la espesura del segundo acto para lograr su meta

3. Tiene demasiados objetivos y todos parecen igual de importantes

4. La película no va de nada

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Por qué, oh Dios, suceden estas cosas
Que conste que esta reflexión es válida para esas películas que tienen un planteamiento, un nudo, un desenlace y que quieren llevarnos desde el punto A al punto Z pasando por todo el abecedario. Otros casos hay de historias descriptivas que cuentan una historia sin un objetivo claro, como, por ejemplo, La Gran Belleza (sí, ese remake de La Dolce Vita, que también es un ejemplo de película de este palo). En la que el protagonista, a lo largo de las dos horas de metraje, describe la falta de objetivos misma de la alta sociedad vicidada de la Roma actual (lo dicho, la Dolce Vita).

De hecho, hace nada Ana Sanz Magallón publicó en twitter (síganla, merece mucho más la pena que cualquier cosa que diga yo por aquí) la diferencia entre películas con y sin conflicto. La palabra definitoria de película sin conflicto era kishōtenketsu. La entrada está en inglés. Merece una lectura detallada.

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Ejemplo de estructura kishōtenketsu

Responden a este tipo de estructura películas como “El sabor de la sandía” o “La mirada de Ulises“.

Muchas veces nos puede interesar más un tipo de película descriptiva, que estudie un estado emocional, que desgrane sentimientos, emociones… pero no creo que esté reñida la narración de una historia con objetivos con la descripción de sentimientos. Las historias necesitan un objetivo, un motor, y un personaje principal que lleve el peso de la acción. Y de paso puedes hablar sobre lo que quieras.

  • Puedes narrar la soledad, la búsqueda de un objetivo vital como el amor o la comprensión mientras cuentas la historia del mejor de los asesinos a sueldo (León el profesional).
  • Puedes explorar sentimientos como la búsqueda del éxito por encima de cualquier cosa enmarcada en una batalla por ser el campeón del mundo de Fórmula 1 (Rush).
  • Puedes explorar en cómo se generan los miedos y las supersticiones en una sociedad mientras cuentas una historia de supervivencia ante una amenaza alienígena (La Niebla).

Por lo general las emociones que queremos desarrollar en una película necesitan de una percha y esa percha es la historia, con un principio, un medio y un fin (aunque sea solo para enganchar al espectador). Y el protagonista es quien debe desarrollar esa historia, quien debe tener una línea de acción bien clara para que no nos hagamos un lío (ni como autores ni como espectadores).

Palabra de Wilder.

Pixar 21. Tienes que identificarte con la situación y los personajes.

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Madre muerta – Munch

 

Todos somos un poco nuestros personajes. Decía Hemingway que cuando uno escribe tiene que crear seres humanos, no personajes. Y, desde el punto de vista del escritor-guionista uno díría que cuando uno escribe tiene que crearse a sí mismo desde distintos puntos de vista.

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Creando personajes

Soy de los que creen que sólo se puede escribir sobre uno mismo, sobre las historias que uno ha vivido (por dentro o por fuera), sobre sus temores y sobre sus ilusiones. Escribir es como escarbar con un rastrillo sobre la tierra de nuestro jardín interior.

No digo que para escribir León: el profesional haya que convertirse en un asesino a sueldo. Pero estoy seguro de que Luc Besson quiso hacer sentir la soledad, la ausencia, la necesidad de querer y de ser querido (que de eso va León, con muchos tiros de por medio, pero trata de lo mismo que Shame, La Soledad o Her).

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nuestro asesino

Siempre hay un sentimiento básico en un personaje y con ese sentimiento es con el que nos identificamos. Con un objetivo, con una búsqueda íntima.

Por eso tenemos que implicarnos con nuestros personajes y las situaciones que les hacemos vivir tienen que despertar sensaciones en nosotros. Tienen que provocarnos temor, alegría, agobio… para hacerlas creíbles. Si no, todo sería cartón piedra. Todo sería como una película de Steven Seagal en lo que lo único importante, al final, es contar el número de brazos rotos y malos exterminados.

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¿Si no nos mojamos en las situaciones que creamos, cómo vamos a pedirle a un espectador que se implique con nuestros personajes? ¡Sería una injusticia!

Para eso hay que querer a los personajes, a todos: a los buenos, a los malos, al repartidor de pizza, al que no tiene frase y al que se tira con nosotros todo el metraje. Al quererlos los tratamos con cuidado, como lo que son, criaturas únicas. Y al tratarlos con cuidado los hacemo creíbles (para nosotros y para los demás).

¿Cómo hacerlo? Pues se me ocurre un pequeño listado de ideales:

  • Hacerlos humanos.
  • Hacerlos débiles.
  • Hacerlos vivir situaciones que operen un cambio en ellos.
  • Poner un poco de nosotros, de nuestras debilidades, fortalezas, miedos, mecanismos de defensa… en ellos.
  • Hacerlos emocionarse (no llorar, emocionarse).
  • Hacerlos vivir cosas que a nosotros, como personas, nos muevan de alguna manera (esperanza, desazón, desesperación)

Un ejemplo que me dio un profesor de guión sobre un personaje querido por su autor: Terminator.

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A ver dónde encuentro yo una cuchilla para arreglar esto

En un momento de la película, Terminator está herido en un ojo y tiene que operarse él solo en un cuarto de baño sucio. Cuando termina la intervención (todo muy asqueroso aunque no se vea casi nada) se mira en el espejo y se atusa el cabello un poco. Se mira para ver si está guapo… ¡y es un robot!

Esos detalles son los que hacen que nuestros personajes estén vivos, que sean de verdad.