El éxito

Un guionista se enfrentándose a la hoja en blanco. Este es el principio de todas las historias que vemos en el cine y en la televisión.

Anuncios

redactar

INT. DESPACHO DEL GUIONISTA – DÍA

En la pantalla en blanco parpadea insistente el cursor. El guionista, con barba de tres días, ojos reposados, sostiene una taza de café humeante en las manos. Mira con serenidad ese cursor parpadeante. Da un trago al café. Su despacho es un cubículo ordenado. Quizá una guitarra en un rincón. Quizá un calendario con fechas tachadas. No hay ropa por medio aunque se adivine que el despacho forma parte de su casa, no de una oficina. Por la ventana se cuela una luz alegre de primavera. El guionista huele su café, se deleita y lo deja sobre la mesa. Entonces comienza a teclear. Todo da vueltas en su cabeza, pero el tecleo constante pone orden a esa mezcla de ideas, de situaciones que piensa. Mágicamente, las palabras que teclea, se hacen reales. Salen de la pantalla del ordenador (un barco, una mujer en bikini llorando en cubierta, un niño con una lupa, una hormiga gigante saliendo del mar). El guionista teclea sin parar porque, sencillamente, nada puede pararlo. Toda su historia está en su cabeza y tiene que sacarla de allí.

La productora acepta el guión sin mover una sola coma

Al cabo de una semana el guionista ha dejado de escribir. Su historia está completa en el papel. La manda a una productora (que le ha pagado previamente generosamente) y no le ponen ninguna pega. De hecho le dicen que es lo mejor que han recibido en años, que así da gusto trabajar. La productora contrata a la actriz protagonista a la que el guionista hizo referencia en una reunión como “la chica en la que pensaba cuando escribió la historia”. El director viene de dar un pelotazo con una película que no sólo ha funcionado bien en taquilla, sino que además está llena de momentos de cine de verdad. Lo han tentado con Hollywood, pero prefiere hacer este último proyecto antes porque lo considera esencial para su trayectoria.

amenabar

Después de tres meses de preproducción todo está a punto. Las localizaciones están seleccionadas, los equipos alquilados, el personal está dispuesto. En tres semanas se rueda. En otras tres la cinta está lista. Seis meses después, en Octubre, la película se estrena y es un gran éxito. Tanto que el guionista, el director y la actriz protagonista reciben ofertas de medio mundo para trabajar en otros proyectos, pero con total libertad creativa. Es sólo el principio de un largo viaje. El guionista (que es nuestro prota) lo mira todo con aire de satisfacción, pero con un poco de miedo. Todo eso parece un poco irreal. Es como si no estuviese sucediendo verdaderamente.

No quiere despertarse. Quiere saborear un momento más ese éxito

Entonces cae en la cuenta. Es demasiado bonito para ser real, pero a la vez demasiado hermoso como para no luchar por ello. Sabe que se ha quedado dormido en algún punto. Es posible que ni siquiera haya empezado a escribir, que el cursor siga parpadeando insistente desde la página electrónica y blanca del ordenador y él se haya quedado aletargado con el café (ya frío) en la mano, pero no quiere despertarse. Todavía no. Quiere saborear un momento aún ese éxito. No el de la película realizada, el público a sus pies, el smoking en Cannes, sino ver cómo en el otro lado del mundo, más allá de ese espejo del ordenador, todo eso puede ser posible, al menos en parte.

Charlie KaufmanRespira hondo. Sabe que no está preparado, pero se hace el fuerte. Va a despertar. Cuando lo haga escribirá el encabezamiento de su primera escena. Luego vendrá la lucha. No sabe si llegará al final del camino, pero está seguro de que sólo el esfuerzo merecerá la pena. La motivación es terminar el trabajo, no buscar premios ni futuros contratos. La motivación es seguir adelante, escribir la primera escena y continuar como si no hubiera retorno posible, porque está seguro de que ha nacido para eso. Solo para eso y no puede luchar contra sí mismo.