La fe de escribir un guión

naima

Escribir un guión es un ejercicio de fe. Eso lo sabemos todos los que pasamos nuestro tiempo juntando palabras que quieren acabar convirtiéndose en una historia. El proceso es duro, muy duro. Uno tiene que batirse el cobre con elementos que se encuentran tanto dentro como fuera del propio hecho de escribir. Se lucha contra las estructuras que se le pueden atragantar, contra motivaciones burdas de personajes, contra el vacío contra el que se estrella tu historia llegado a un determinado punto. Después, si se han logrado superar estos escollos se lucha por conseguir el equilibrio entre desvelar y sugerir, entre la obviedad y la pista. Se lucha por lograr que lo que acaba en el papel sea exactamente lo que teníamos en la cabeza cuando comenzamos, meses atrás, esta aventura.

El miedo a que tanto esfuerzo se quede en nada

Pero es que además tenemos que pelear contra los elementos que están fuera del propio proceso de escritura. La incomprensión de los demás, el miedo a que tantas horas, tanto esfuerzo no valgan de nada, la sensación de que al final, en el mejor de los casos, se conseguirá terminar la obra, pero que esta tiene muchas posibilidades de que quede para siempre metida en un cajón. Hace poco, vía facebook me llegó un vídeo de lo más explicativo sobre qué era conseguir que se realizase una película.

Vídeo Filmmaking – A Recipe For Disaster

Hace mucho tiempo, en un pub de jazz de Sevilla decidí que iba a dedicarme a escribir. Había quedado con un amigo que aseguraba tener una idea brillante para un cortometraje (si la cita fuera hoy me hablaría de un microteatro, está claro). La historia no me convenció del todo. Era un poco demasiado “de tesis”. No me movió, pero había disfrutado tratando ideas, secuenciándolas, imaginando personajes y una trama sólida.

Sonaba en el ambiente el piano de Bill Evans y entonces lo supe. Fue como una epifanía, una llamada a la aventura que no podía desoír. Yo iba a escribir historias. Puede que no la suya, pero sí otras que fueran ilusionantes, que despertaran emociones. Colgada de la pared, en un rincón del pub, una camiseta negra con una trompeta blanca era testigo de mi decisión.

– Ves esa camiseta -le dije a mi amigo -. Será lo primero que compre cuando cobre por algo de lo que escriba.

trumpet
Not mine… yet

Cuando comencé a escribir guiones leí un artículo en el que un guionista de cierto renombre declaraba que entre un 80 y un 90 por ciento de las cosas que había escrito no tenía salida. Del resto, lo que llegaban a la consideración de una productora, había otro corte y menos de la mitad llegaba a buen puerto, a la producción, al casting, a los actores, a la emisión. En resumen ¡menos de un cinco por ciento de lo que escribía! ¡Él, que era conocido, que estaba establecido en el sector!

Dicen por ahí que menos de la mitad de un diez por ciento de lo que escribe un guionista tiene salida.

La verdad es que leer ese artículo me dejó pensando, pero no tenía otra opción: yo tenía que ser guionista, tenía que escribir, tenía que conseguir “colocar” historias, hacer que se emitieran, hacer posible que aquello que comenzaba en un papel acabara en una pantalla.

naima-cafe-jazz-sevilla
Cafe Jazz Naima, en Sevilla

De momento no he conseguido que nadie quiera coprar una serie que tengo muy avanzada, ni ninguno de los dos programas de entretenimiento que andan rulando, ni siquiera me he decidido a escribir un microteatro. Pero hace nada logré hacer algo de lo que no me creía capaz (vistos los resultados precedentes): conseguí que alguien se interesara por un sketch que había escrito. De hecho le gustó bastante y le pareció lo suficientemente interesante como para pagar por él y encargarme más. Así que dentro de nada pasaré a engrosar la lista de guionistas que, en algún momento de su carrera, han conseguido cobrar por su trabajo. Ya tengo gastado el dinero que cobraré por este encargo. Por fin compraré la camiseta que vi hace años en un pub de Sevilla y tendré la sensación de comienzo a caminar por un sendero nuevo.

The lady from Cuenca

señora

Ya se ha superado una etapa en el audiovisual español. Ahora nos estamos dirigiendo a un público más adulto, más preparado. Los clichés de otra época ya no sirven. Hemos pasado por encima de un tiempo en el que el modelo estaba obsoleto. Podemos tratar al espectador de tú a tú.

Frases como estas han estado llenando las páginas (web) relacionadas con el mundo de la tele desde hace unos años a esta parte. Con la llegada de series novedosas (en España), de productos pensados para el consumo masivo que no respetaban los estándares que había hasta entonces (en España) se dio por concluido el reinado absoluto de las series pensadas para un ser aparentemente intrascendente pero de un poder casi sobrehumano: la señora de Cuenca.

La señora de Cuenca era esa mujer a la que hacían referencia los productores para indicar que los productos tenían que ser más entendibles. En una reunión con un productor aparecía siempre asomándose por el quicio de la puerta.

desde la puerta
Como esto, pero sin que parezca que haya nacido en Leeds y se llame Margaret

“Si yo lo entiendo perfectamente. Es un giro arriesgado, super interesante, pero tiene que entenderlo todo el mundo. Tiene que entenderlo UNA SEÑORA DE CUENCA”.

La señora de Cuenca (ya se sabe) era un poco medio lerda, tenía poco mundo, le encantaban las películas de Paco Martínez Soria, el telecinco de Raúl Sénder y Cruz y Raya (que eran muy gamberros), veía en su momento Tómbola y le gustaban las cosas que pudiera entender (así lo cuenta Alberto Rey, en el Mundo). Como no había viajado mucho, pues no le gustaban cosas raras. Nada demasiado violento, ni demasiado sexual, ni demasiado explícito, que los malos fueran malos y los buenos fueran guapos, lindos, un poco tontorrones y graciosos. Si podían tener problemas de amores, que no hubiera cuernos de por medio (porque en Cuenca, ya se sabe, no gusta lo de los cuernos ni la violencia ni el sexo).

Después han ido saliendo series y programas que parecían haber enterrado a esta señora. O ya no importaba demasiado o los directivos de las cadenas se habían dado cuenta de que la señora de Cuenca era mucho más arriesgada de lo que pensaban. Quién sabe, lo mismo había viajado y había probado nuevas cosas, nuevas comidas, nuevas experiencias. Había visto nuevos amaneceres, se había subido en un autoligero, había hecho parapente y escalada, incluso puenting (cosas que se ofrecían en Groupon, ya se sabe). La señora de Cuenca ya había empezado a ir a clases de inglés y veía cosas que llegaban de la BBC que el hijo que estudiaba en Madrid (= La Meca) se había descargado de internet. Y oye, le gustaba, (ya lo cuenta Ángela Armero en esta entrada de Bloguionistas). Quién se lo iba a decir cuando lo que más le apetecía del mundo era “Farmacia de Guardia” (para dentro, Romerales), “Médico de familia” y “Lleno por favor”.

farmacia-de-guardia

Ahora veía tranquilamente cómo en Velvet ese muchacho tan guapo y esa muchacha tan linda se acostaban sin tener en cuenta que él estuviera casado con otra. O veía cómo una serie transcurría íntegramente en una cárcel de mujeres que también se besaban y se querían y hacían sus cosas, o encajaba sin ningún problema que una señora muy señora se enamorara de un cura muy cura (todo muy en plan regenta).

Parecía que había dado un paso adelante, que había visto cosas nuevas y le habían gustado, pero de vez en cuando, como antes, asoma la patita por la puerta de los productores, que dicen “a ver si no se va a entender bien esta frase, o esta trama, o esta idea”… y la hacen obvia, y hacen que se mastique tanto que pierda la gracia.

35

Así, por ejemplo, en una investigación un agente de la guardia civil busca en un restaurante japonés si tienen la lista de reservas. Cuando se la dan, tras revisarla, pregunta.

– ¿En este restaurante tienen sushi?

Y yo, que nací en Bilbao, me crie en Sevilla y vivo en Madrid me quedo con la boca abierta.

Y la señora de Cuenca, que hasta hace nada no había viajado ni había probado cosas nuevas, también.

Hace ya un par de años le abrieron en el barrio un japo y descubrió lo mucho que le gustaban los nigiris de salmón. Desde entonces pide que se los lleven a casa una vez al mes y los disfruta mientras descubre las intrigas de McNulty en The Wire, o lo malo que es Walter White, pero lo mucho que le gustaría que las cosas le salieran bien, o mientras disfruta de ese Miguel Ángel Silvestre tratando de hacer que triunfe el amor por encima de todo aunque no esté casado con su amante, o mientras se emociona de veras con cualquier otra serie en la que la tratan con respeto, como una persona que está en el mundo y que sabe más que lo que muchos directivos de las cadenas creen.

 

La realidad se cuela en las series

Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas
Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas

Piensa en un problema de actualidad que te preocupe. Digamos la corrupción, o el clientelismo político, o la inmigración ilegal, o la falta de ayudas sociales, o los desahucios, o el paro. Bien. Ahora piensa en una serie en la que parezca imposible que estas cuestiones aparezcan reflejadas. Y ahora imagina lo imposible: que en estas series se habla justamente de esos temas.

Cuando una serie es capaz de hablar de cosas que están al cabo de la calle, de temas que preocupan a las personas en su día a día, consigue ser más importante, más grande, más cercana y despertar más sentimientos en su audiencia.

El drama de los desahucios

Amador, el personaje de La que se avecina (aquí tenéis el enlace a la serie) comienza la serie siendo un tipo gris que trabaja en un banco. Tiene mujer y varios hijos. No tiene muchas luces. Al continuar la serie, Amador pierde su trabajo. Intenta desesperadamente que no se entere nadie y mantiene su tren de vida. Cuando se descubre el pastel intenta encontrar otro empleo. Cada vez más desesperado, no es capaz de mantener ninguno y finalmente es desahuciado y termina viviendo en la plaza de garaje con su mujer y sus hijos.

Yo creía que esto era una comedia
Yo creía que esto era una comedia

¿Es una crítica social? ¿No estábamos en una comedia? Sí… y sí. Es una comedia, pero el hecho de estar en una serie que trate temas de actualidad da más empaque al producto, hace que el espectador es una muestra de respeto hacia los espectadores.

Si le quitas los chistes, “La que se avecina” sería una serie de los hermanos Dardenne

La que se avecina es una comedia muy loca en la que sus personajes viven situaciones rocambolescas, pero a la vez muy, muy dramáticas. Si le quitamos los chistes La que se avecina sería una serie perfecta para que la firmaran los hermanos Dardenne. Desahucios, soledad, crisis vitales, falta de amor, desempleo, un empresario que vive en un mundo paralelo, casi fuera de su época (por mucho que sea mayorista y que no limpie pescado), incomunicación dentro de la pareja, problemas intergeneracionales… un catálogo de lo más variopinto para hacer un dramón que ver semanalmente bien pertrechado con pañuelitos de papel y dispuestos a llorar. Solo que decidieron hacer una comedia.

Clientelismo político

Ye he hablado mil veces de Cuéntame en el blog. En una de las temporadas de la serie, Antonio Alcántara, después de las primeras elecciones democráticas tras la transición, consigue un puesto como Director General en un ministerio. Merche, su mujer, le habla de que tienen que ahorrar, de que tienen que pensar en que las cosas pueden torcerse. Entonces Antonio le contesta:

Esto va a ir siempre a mejor, Milano
Esto va a ir siempre a mejor, Milano

ANTONIO

Pero por qué van a irnos las cosas mal, ¿mujer? Si esto es siempre a mejor.
Ahora estoy de Director General. Pues luego, cuando se acabe, me darán
otro puesto. Y luego otro. Así siempre. Y siempre a mejor.

En una conversación de menos de un minuto ambientada en 1981 se tratan temas que se pueden leer a diario en periódicos de 2015. ¿Por qué? Para hacer que los espectadores no perciban las series como algo ajeno, sino actual, que habla de su día a día aunque se trate de una historia de época.

Inmigración ilegal

Refugiados, la serie de Ramón Campos para Bambú y coproducida por la BBC, quiere ser una serie de ciencia ficción pero a la vez tratando temas de hoy mismo. El pistoletazo de salida de la misma, la premisa, es de lo más interesante: en un pueblo normal y corriente, con su gente normal y corriente, que lleva a diario su vida normal y corriente con total tranquilidad comienza a venir gente desconocida. No son inmigrantes, pero no son de allí. Se trata de gente que viene del futuro. Si fueran subsaharianos, o marroquíes, o gitanos rumanos estaríamos hablando de una serie sobre inmigración pura y dura. Pero sin que los personajes sean de países diferentes o de razas distintas es una serie sobre este tema. Refugiados, sin mencionarlo, habla sobre Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur, Libia…  Habla sobre el derecho al asilo político, sobre lo egoísta que se vuelve la gente cuando tiene miedo ante lo desconocido. “Los recursos son limitados”, dicen. “No podemos ayudar a todos. Nos hacemos cargo de que lo están pasando mal, pero no podemos hacer nada”. Tratan de defender “lo que es suyo”, su bienestar social, sus casas, su abastecimiento, su electricidad…

refugiados

Tocamos resortes que tienen que ver con el miedo y la solidaridad, con ese choque íntimo entre querer ayudar a los que lo pasan mal y defender lo que creemos que podemos perder. Por supuesto la serie va de otra cosa, hay asesinatos, tramas entrecruzadas en las que no sabemos quién es el bueno y quién el malo, en la que no sabemos si debemos o no fiarnos de los que vienen del futuro… si no, estaríamos hablando de una serie documental sobre los campos de refugiados, y no es lo que se busca. Se busca siempre entretener, mantener el interés del espectador, despertar en él emociones, pero si además hablamos de esos mismos temas de los que el propio espectador huye al sumergirse en las series, el resultado puede ser de nota.

y 100

100

Llevo mucho sin escribir por aquí.

La razón es que, después de haber publicado la última entrada me di cuenta de que la siguiente sería la número 100 y sentí la responsabilidad de querer hacer algo especial para esta ocasión.

La número 100 no podía ser una entrada cualquiera que hablase de Breaking Bad o de los guiones de Cuéntame o de cualquier serie que estuviese teniendo un éxito notable.

No podía escribir, por mucho que me apeteciera, de las nuevas series que me parecían excelentes, como por ejemplo Refugiados, ni de las nuevas tendencias de la tele en España ni en el extranjero. Era la entrada número 100. No podía gastar esa bala con cualquier cosa.

Por supuesto escribiré sobre nuevas series de aquí y de allí. A casi todo lo nuevo le debo una pensada y ponerme escribir. Se están haciendo cosas demasiado buenas como para ignorarlas. Ángela Armero (@armero00 en twitter), entre otros, habla de una nueva tendencia gracias a El Príncipe, a Sin Identidad y a tantas nueva producciones que están haciendo posible que cada nueva serie se espere con ilusión, no como una nueva versión de lo mismo de siempre.

Pero esta vez tenía que escribir sobre otra cosa. Tenía que hacer algo especial.

La guardia real británica saluda la entrada nº 100 de Una Página Un Minuto

 

Lo que ha sucedido es que me ha resultado difícil encontrar ese “algo especial”. Porque, entre otras cosas, me ha venido lo que David Muñoz (en twitter @DMPguionista) definió atinadísimamente en esta entrada de bloguionistas: la bajona.

¿Qué hace alguien que quiere dedicarse a escribir? Sencillo: escribe

La suya tenía que ver con una serie de circunstancias que se le juntaron: había escrito una serie que le había gustado mucho y había sido un sonado fracaso, no sentía ilusión a la hora de emprender un nuevo trabajo… bueno, a mí me ha pasado algo así, con la diferencia de que no me dedico profesionalmente al tema de guión, pero quiero.

¿Y qué es lo que hace alguien que quiere dedicarse a escribir guiones para ser pagado a cambio? Pues escribir guiones, hacer proyectos, tramar historias y lanzarlo al aire, es decir, a las productoras.

Quien sigue el blog sabe que tengo trabajo, niños, familia y una vida ajetreada en general. Sobre las dificultades que tengo para escribir ya conté algo por aquí. Pero con todo y con eso uno hace todo lo posible para lograr que el mundo se detenga, encuentra su hueco y escribe con toda la ilusión del mundo. No tienes tiempo, pero te levantas a las seis de la mañana. No tienes fuerzas, pero a la hora de comer empleas 30 minutos en pulir detalles. No sabes maquetar, pero te haces un curso de InDesign para hacer la presentación más espectacular posible de tu proyecto. Así, al cabo de varios meses de trabajo (intermitente pero muy duro), quitándote de cosas que te gustan, dejando de lado el ocio para trabajar y trabajar y trabajar, tienes por fin un proyecto.

La realidad es una mezcla de palabras bonitas y puertas cerradas

Entonces lo lanzas. Escribes a un sitio y a otro. Y te encuentras de bruces con la realidad.

Y la realidad está llena de bellas palabras y puertas cerradas. Las bellas palabras te dicen que está muy bien escrito, que tiene muy buena pinta, que merece un montón la pena. Las puertas cerradas niegan todo lo anterior. Dicen: es una serie muy de nicho, no es el proyecto que estamos buscando, estaría genial para una productora de otro tipo, pero no para la nuestra.

Dos certezas y una duda

No es que haya escrito a todas las productoras del mundo. Lo que he hecho ha sido remitirme a productoras de referencia. Han sido tres o cuatro, pero en todas ellas la respuesta ha sido la misma, y eso me ha desanimado.

Levantar un proyecto. Definición gráfica

 

A estas alturas tengo dos cosas claras y una duda enorme. Las dos cosas que tengo claras son: 1) sé que puedo trabajar de esto, que valgo para ello y 2) que es muy complicado. La duda es si tendré la perseverancia necesaria para seguir intentándolo, para no abandonar, para luchar una y otra vez, para no desanimarme con cada puerta que se cierra, para seguir, para seguir, para seguir hasta que alguien, una productora, una cadena o quien sea, me diga que le interesa lo que he escrito (o que no le interesa exactamente eso, pero que le intereso yo como colaborador).

Sinceramente no sé si llegaré a trabajar alguna vez de lo que escriba, pero tengo la certeza de que siempre seré guionista. Es una manera de ver el mundo. Es mi manera de enfrentarme al mundo. Y eso no se puede cambiar aunque intentes negártelo con todas tus ganas.

Personajes que pueden ser héroes y villanos

6s9naw

Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

ciro

En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

ciro-di-marzio-uno-dei-protagonisti-piu-terribili

Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

ciro

En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.

Un poco de coherencia (o cómo unos tipos duros deben buscar su propia historia)

Episode-2-Cousins-760

Desde hace unas semanas estoy revisando Breaking Bad.

Que es una serie maravillosa, estupenda, que hace que te mueva por dentro, que te hace plantearte dudas acerca del desarrollo humano, de lo bueno y lo malo, de la relación Jekyll-Jekyll, Jekyll-Hyde y Hyde-unpocomenosHyde ya hablé en otras entradas del blog, como esta y esta.

Lo que ahora vengo a contar es más sencillo, más básico. Algo que entra en la lógica de cualquiera que esté haciendo una historia, que la esté tramando, que la esté desarrollando. Los personajes tienen que tener motivaciones, motores, rasgos que los hagan únicos, pero también es muy importante que tengan… matices.

Esto, que parece que cae por su propia base, es todavía más importante cuando la serie en la que se inscriben esos personajes tiene su fuerte en el propio desarrollo y la complejidad de los protagonistas.

ZBdsUJM

En el comienzo de la tercera temporada de Breaking Bad aparecen los gemelos, que son los primos de Tuco. Mr White, nuestro protagonista, se lo cargó en su momento (o ayudó a cargárselo) y ahora ellos buscan vengarlo. Hasta aquí todo bien. Se nos presentan dos tipos duros. Dos tipos muy duros. Dos tipos super, super, super duros. Hasta que te das cuenta de algo muy obvio: ¿no serán dos tipos demasiado duros? ¿No serán un poco caricatura?

Un personaje bloque, claro, sin matices está bien dependiendo de la historia en la que se inscriba. Nadie le pide a Tarantino que sus personajes sean profundos, que duden de sí mismos, que quieran explicarse el sentido de la vida. Sus personajes son básicos. Son todo acción. Son sólo acción. Uma Thurman sólo quiere hacer una cosa en Kill Bill: tachar nombres de su lista. Cargárselos a todos.

tumblr_mlzjheGVjN1s4y2zbo1_500

Django no busca la libertad. Busca Venganza. Lo mismo que tantos otros personajes de Tarantino.

Walter White no tendría nada que hacer en una peli de Tarantino. Y quizás por lo mismo, los gemelos asesinos de Breaking Bad chirrían en la serie. Y ahora que lo pienso, puede que haya otros personajes que están poco desarrollados (Hank, el cuñado policía, por ejemplo), pero cantan siempre mucho menos que estos dos tipos duros que parecen estar buscando su propia película.

tumblr_mt717tmtk51r27gkro1_500

Como dice el narco Gus: – Esa gente no es normal. Son animales.

Por qué engancha Gomorra desde el capítulo 1 (un análisis de personajes)

gomorra-serie-tv-638x425

Gomorra es una de las series que más me han gustado de los últimos tiempos. Y sí, se ha hecho en Europa. Concretamente en Italia, y trata de un tema actual, de un problema propio (la mafia napolitana, la Camorra) igual que Crematorio trata un problema actual y un tema propio de nuestro país (la corrupción urbanística y las asociaciones mafiosas). Como apunte diré que la revista JotDown ya publicó sobre Gomorra un artículo hace poco en la que definía la serie como una tesis doctoral sobre la Camorra.

El hecho de tratar temas actuales, de gran calado social y con puntos de vista políticos y sociológicos es un tema que bien da para cualquier otra entrada en el blog.

En cualquier caso, como decía antes, Gomorra es una serie que engancha desde el primer capítulo porque hace que nos adentremos en sus personajes y porque vemos que en todos ellos hay complejidad, contradicciones, luchas internas. Vamos, lo que viene siendo profundidad.

La creación de personajes complejos no es algo habitual. Muchas veces se antepone la trama, la historia, el procedimiento antes de preocuparse de que los personajes tengan un latido propio.

Es lo que hace diferente, por ejemplo, Mad Men de Bones, Los Soprano de CSI, etcétera. Ni mejor ni peor (bueno…). Cada producto tiene su público.

Pero a lo que íbamos, a Gomorra y sus personajes. Una de las cosas buenas de esta serie es que plantea desde el primer momento cómo es cada uno de ellos.

ciro

Ciro

Es joven. Lleva toda la vida en la Camorra. Es un “soldado” que ha empezado desde lo más bajo.

Sin embargo, ve que en las últimas disputas entre bandas locales, no tienen las de ganar. Cree que Don Pietro Savastano, su jefe, hace las cosas a la antigua y que Conte, el rival, hace las cosas de otra manera mejor.

Es ambicioso, pero a la vez fiel. Tiene una relación especial con Attilio, su mentor (lo ve como a un padre), que es otro “soldado” del clan Savastano.

pietro savastano

Don Pietro Savastano

Es el capo, el boss, el jefe, el mandamás.

No se fía ni de su sombra. Está pendiente siempre de las traiciones, de las posibles escuchas policiales. Se siente solo y a menudo cansado, pero domina, tiene poder. Es consciente de él. Se siente un dios.

Para él lo más importante es mantenerse en lo alto. No importa quién caiga alrededor. No importa quién tenga que morir o que matar.

genny savastano

Gennaro Savastano

Es el hijo único de Don Pietro. Tiene unos 25 años. Es un niño mimado, un caprichoso que lo ha tenido todo en la vida.

Sabe que será el próximo capo, el sustituto de su padre. Quiere demostrarle a su padre que será capaz de llevar a cabo esa función, pero él mismo sabe (y su padre también) que no está preparado.

immacolata

Immacolata Savastano

Es la mujer de Don Pietro. Su apoyo, su compañera.

Sin embargo es también la que le pone las pilas a su marido, la que le critica llegado el momento.

Sabe que su lugar está al lado de su marido, que hará lo posible por hacer que se mantenga en el poder.

salon

El resto de personajes están ahí de comparsas de estos protagonistas (ya comentamos hace poco aquí para qué vale un secundario) Cualquier cosa que hagan sirve para que las relaciones entre estos se mueva de una manera o de otra, para desarrollar las tramas y para hacer que evolucionen dentro de cada circunstancia.

Seguramente Gennaro tratará de hacerse el capo, tomará sus propias decisiones. Se equivocará. Su padre (o su madre) estará ahí para resolver sus problemas.

Don Pietro puede que pierda su poder, o que se vea severamente mermado y tenga que hacer nuevas alianzas (puede que con sus enemigos más irreconciliables).

Immacolata puede que tenga que hacerse cargo de los negocios de la familia y encauzar a su hijo si su marido cae en desgracia.

Y Ciro puede que se acerque a los enemigos, que traicione, que intente subirse al carro ganador.

Los autores de los guiones de la serie es un dato que se debería dar siempre. Más en un blog sobre el tema. Los guionistas de esta serie son Leonardo Fasoli, Roberto Saviano (creador de la historia y cuya vida no creo que nadie envidie), Stefano Bises, Giovanni Bianconi, Ludovica Rampoldi, Maddalena Ravagli y Filippo Gravino.