Personajes que pueden ser héroes y villanos

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Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

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En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

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Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

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En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.

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Todo lo que empieza bien… tiene que acabar mal (y viceversa)

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Si una escena empieza muy bien, con dos personajes que son muy amigos de subidón, en mitad de una fiesta y en un momento de esos de exaltación de la amistad, no te extrañe que acabe todo a tiros, o que uno de ellos le confiese que se ha acostado con la novia del otro o que pase cualquier otra cosa y todo cambie. Su amistad puede que no, pero el momento de alegría se habrá acabado para siempre.

Sencillamente, la gran mayoría de las películas siguen la máxima de la variación emocional para provocar avances en la historia, o simplemente para mover al espectador mientras la acción sigue hacia adelante.

Es muy habitual, por ejemplo, que den una mala noticia cuando están todos en un baile, cuando se vaya a celebrar un cumpleaños o cuando el chico y la chica por fin parece que van a besarse.

Ejemplos claros de este tema hay en casi todas las películas, en casi todas las series. Si nos fijamos, casi todas las escenas de las historias que vemos siguen algunas de estas estructuras:

mal-bien bien-mal

normal cambio

 

Si la escena pasa de ‘Bueno, aquí estamos’ a… ‘Bueno, aquí estamos’ no conseguiremos mover emocionalmente nada. Logrando de nuevo el famoso momento…

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¿qué me estás contando?

En la serie Gomorra hay un caso estupendo de evolución de bien a mal.

SECUENCIA 1. El contable de un mafioso decide ‘tomar prestado’ dinero de su jefe para una operación propia. Tiene una mujer que le quiere con un hijo en camino y una hijastra que le adora. Nadan en la abundancia y ahora quiere tener una inversión que le beneficie a él (pero empezada con dinero de otro).

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El mafioso en cuestión, el señor Savastano

 

SECUENCIA 2. La mujer del mafioso se da cuenta de que hay movimientos de dinero que no ha autorizado y le pide explicaciones al contable.

SECUENCIA 3. El contable intenta recuperar la inversión y que no se note nada, pero la inversión ha salido mal. No va a tener dinero para hacer frente. Además, un inspector de hacienda está investigando esas cuentas.

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El contable que ha intentado el timo

 

SECUENCIA 4. El contable intenta ganar tiempo con la mujer del mafioso, pero ella se da cuenta del engaño.

SECUENCIA 5. Asediado, el contable intenta, a la desesperada, sobornar al inspector de hacienda que lo denuncia. El cerco se estrecha y se acerca al dinero del mafioso.

SECUENCIA 6. La mujer del mafioso le ordena ‘por el bien de su familia’ (ole ahí la amenaza) que se suicide. Así, el caso con hacienda se archivará, el dinero pasará a su mujer y la familia del mafioso recuperará el dinero.

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La mujer del mafioso

 

SECUENCIA 7. El contable se tira por la ventana.

Hemos pasado de estar estupendamente, felices y con unas perspectivas de futuro preciosas (familia, éxito, dinero, todo muy limpio, todo muy primaveral) a tirarse de un octavo piso y morir.