La realidad se cuela en las series

Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas
Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas

Piensa en un problema de actualidad que te preocupe. Digamos la corrupción, o el clientelismo político, o la inmigración ilegal, o la falta de ayudas sociales, o los desahucios, o el paro. Bien. Ahora piensa en una serie en la que parezca imposible que estas cuestiones aparezcan reflejadas. Y ahora imagina lo imposible: que en estas series se habla justamente de esos temas.

Cuando una serie es capaz de hablar de cosas que están al cabo de la calle, de temas que preocupan a las personas en su día a día, consigue ser más importante, más grande, más cercana y despertar más sentimientos en su audiencia.

El drama de los desahucios

Amador, el personaje de La que se avecina (aquí tenéis el enlace a la serie) comienza la serie siendo un tipo gris que trabaja en un banco. Tiene mujer y varios hijos. No tiene muchas luces. Al continuar la serie, Amador pierde su trabajo. Intenta desesperadamente que no se entere nadie y mantiene su tren de vida. Cuando se descubre el pastel intenta encontrar otro empleo. Cada vez más desesperado, no es capaz de mantener ninguno y finalmente es desahuciado y termina viviendo en la plaza de garaje con su mujer y sus hijos.

Yo creía que esto era una comedia
Yo creía que esto era una comedia

¿Es una crítica social? ¿No estábamos en una comedia? Sí… y sí. Es una comedia, pero el hecho de estar en una serie que trate temas de actualidad da más empaque al producto, hace que el espectador es una muestra de respeto hacia los espectadores.

Si le quitas los chistes, “La que se avecina” sería una serie de los hermanos Dardenne

La que se avecina es una comedia muy loca en la que sus personajes viven situaciones rocambolescas, pero a la vez muy, muy dramáticas. Si le quitamos los chistes La que se avecina sería una serie perfecta para que la firmaran los hermanos Dardenne. Desahucios, soledad, crisis vitales, falta de amor, desempleo, un empresario que vive en un mundo paralelo, casi fuera de su época (por mucho que sea mayorista y que no limpie pescado), incomunicación dentro de la pareja, problemas intergeneracionales… un catálogo de lo más variopinto para hacer un dramón que ver semanalmente bien pertrechado con pañuelitos de papel y dispuestos a llorar. Solo que decidieron hacer una comedia.

Clientelismo político

Ye he hablado mil veces de Cuéntame en el blog. En una de las temporadas de la serie, Antonio Alcántara, después de las primeras elecciones democráticas tras la transición, consigue un puesto como Director General en un ministerio. Merche, su mujer, le habla de que tienen que ahorrar, de que tienen que pensar en que las cosas pueden torcerse. Entonces Antonio le contesta:

Esto va a ir siempre a mejor, Milano
Esto va a ir siempre a mejor, Milano

ANTONIO

Pero por qué van a irnos las cosas mal, ¿mujer? Si esto es siempre a mejor.
Ahora estoy de Director General. Pues luego, cuando se acabe, me darán
otro puesto. Y luego otro. Así siempre. Y siempre a mejor.

En una conversación de menos de un minuto ambientada en 1981 se tratan temas que se pueden leer a diario en periódicos de 2015. ¿Por qué? Para hacer que los espectadores no perciban las series como algo ajeno, sino actual, que habla de su día a día aunque se trate de una historia de época.

Inmigración ilegal

Refugiados, la serie de Ramón Campos para Bambú y coproducida por la BBC, quiere ser una serie de ciencia ficción pero a la vez tratando temas de hoy mismo. El pistoletazo de salida de la misma, la premisa, es de lo más interesante: en un pueblo normal y corriente, con su gente normal y corriente, que lleva a diario su vida normal y corriente con total tranquilidad comienza a venir gente desconocida. No son inmigrantes, pero no son de allí. Se trata de gente que viene del futuro. Si fueran subsaharianos, o marroquíes, o gitanos rumanos estaríamos hablando de una serie sobre inmigración pura y dura. Pero sin que los personajes sean de países diferentes o de razas distintas es una serie sobre este tema. Refugiados, sin mencionarlo, habla sobre Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur, Libia…  Habla sobre el derecho al asilo político, sobre lo egoísta que se vuelve la gente cuando tiene miedo ante lo desconocido. “Los recursos son limitados”, dicen. “No podemos ayudar a todos. Nos hacemos cargo de que lo están pasando mal, pero no podemos hacer nada”. Tratan de defender “lo que es suyo”, su bienestar social, sus casas, su abastecimiento, su electricidad…

refugiados

Tocamos resortes que tienen que ver con el miedo y la solidaridad, con ese choque íntimo entre querer ayudar a los que lo pasan mal y defender lo que creemos que podemos perder. Por supuesto la serie va de otra cosa, hay asesinatos, tramas entrecruzadas en las que no sabemos quién es el bueno y quién el malo, en la que no sabemos si debemos o no fiarnos de los que vienen del futuro… si no, estaríamos hablando de una serie documental sobre los campos de refugiados, y no es lo que se busca. Se busca siempre entretener, mantener el interés del espectador, despertar en él emociones, pero si además hablamos de esos mismos temas de los que el propio espectador huye al sumergirse en las series, el resultado puede ser de nota.

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Escenas para entrar a vivir

40224_carlos-reencuentra-julia-cuentame-como-pasoHay escenas en las que a uno le gustaría entrar para quedarse. No como la mayoría de las escenas, en las que uno entra, revisa, descubre cosas y luego se va. En la mayor parte de las escenas con las que me enfrento yo entro como la primera vez que visito a un amigo en su casa. Entro en el salón, miro los adornos que tiene sobre la mesa. Cojo un pisapapeles, lo curioseo, miro los libros que tiene por las estanterías, los discos junto al equipo de música… Si tiene un cuadro o una foto que conozco, me acerco y reviso los sentimientos que me despierta. Si tiene sobre la mesa un libro que he leído, me emociono un poco. Lo reconozco, soy un poco cotilla. A veces me fijo en un espejo, o en la forma de un sillón. Me imagino a mi amigo sentado una tarde de lluvia viendo una serie o una película en ese sillón, cómo se arrellanará en él, cómo se recostará.

En la mayor parte de las escenas en las que entro actúo de la misma forma: curioseo, reviso, sopeso… A veces me quedo con una frase concreta, con un tono, con la mirada de un personaje (si las actuaciones son malas, en vez de con personajes, soy incapaz ver al personaje y me limito a ver al actor).

Pero luego hay escenas en las que a uno le gustaría quedarse a vivir.

Son escenas que consiguen algo tan complicado como captar la esencia de la cotidianidad, la magia que la rodea.

En un episodio reciente de Cuéntame cómo pasó (el capítulo 278)  había un par de estas escenas. Los guionistas Carlos Molinero y Jacobo Delgado consiguieron crear situaciones en los que conseguí sentirme realmente como en casa.

La primera escena era entre Carlos y Antonio. Padre e hijo coincidían en el comedor por la noche. Antonio se acaba de fumar un porro por primera vez en su vida y está muy relajado. Ha ido a la cocina a comer, porque le ha entrado un montón de hambre.

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INT. COMEDOR – NOCHE

Antonio está cogiendo comida de la nevera. De pronto entra Carlos. Antonio da un respingo. Durante toda la escena Antonio está muy suelto, relajado por el porro que se acaba de fumar.

ANTONIO

Joder, hijo, qué susto me has dado

CARLOS

Perdona, no quería despertaros.

ANTONIO

¿Pero qué has hecho, que traes la boca como una mona?

CARLOS

Nada, yo no he hecho nada. ¿Qué voy a hacer?

ANTONIO

Que no has hecho nada…

CARLOS

Bueno, yo no quería…

ANTONIO

No se notaba que no quisieras.

CARLOS

¿Cómo que no se notaba?

ANTONIO

Pues que te he visto, hijo… en el chamizo te he visto.

CARLOS

Tú me has visto con Julia. Esto ha sido Emilia.

ANTONIO
(incrédulo)

¿Pero también has estado con Emilia?

CARLOS

No, hombre, no

ANTONIO

Pues entonces qué ha pasado

CARLOS

Pues que me ha asaltado. Ha empezado a…

ANTONIO

No, no, que qué ha pasado en el chamizo.

CARLOS

¿Qué va a pasar? Nada. Si nunca me dejas.
Si siempre apareces como por arte de magia.

ANTONIO

Vamos a ver, Carlos. Tú ya eres muy mayor para
tomar tus propias decisiones. Pero piénsate
las cosas antes de hacerlas. Porque todo
tiene consecuencias. Y sobre todo en este pueblo.

Antonio le pega un bocado a una manzana. Carlos se le queda mirando. Nota algo raro en su padre. No sabe lo que es, pero sabe que algo pasa.

ANTONIO
(con la boca llena)

Fíjate en tu padre. El año pasado. Delante de ti.
Hice lo que hice… y mira las consecuencias…

CARLOS
(interrumpiendo)

Papá, vale. Ya está. Que no he hecho nada.
Y no voy a hacer nada y no te tienes que preocupar.

ANTONIO

Pues entonces eso, cogitatus. Ya sabes.
Que Maurín es un bruto y siempre va con
la escopeta cargada.

Carlos se aguanta la risa. Su padre está raro, pero dócil. Y la situación le hace gracia

CARLOS

Pero bueno, ¿tú estás bien?

ANTONIO
(riendo, satisfecho)

Yo estoy cojonudamente, hijo.
Preocúpate por ti, no por mí.
Esta mañana ha llegado una cosa para ti,
pero como no te he visto en todo el día
no te la he podido dar.

CARLOS

¿qué te ha llegado para mí?

ANTONIO
(jugando)

¿Te la doy ahora, o te la doy mañana?

CARLOS

Dámelo ahora.

Antonio se levanta torpemente y saca de un cajón del aparador el paquete para Carlos. Se para a leerlo.

ANTONIO

Nuka

CARLOS

Dame, anda.

ANTONIO

¿Nuka, qué es, de Elena, Elenuca?

CARLOS

Qué va a ser de Elena. Anda,
trae. Es su nombre artístico.

ANTONIO

¿Es artista? Pues entonces te
conviene, hijo. ¿O también está casada?

CARLOS

Qué va a estar casada

ANTONIO

Pues si no está casada te conviene. Qué estas
son muy sueltas y tienen mucho mundo. Hazme caso

Carlos se ríe. Antonio va caminando ya hacia las habitaciones. Pero se para.

ANTONIO (CONT.)

Que no digo que no hagas lo que te dé la gana…
pero con cabeza. Fíjate en tu padre.
(fijándose en el paquete)

¿Qué es?

CARLOS

Tira p’al cuarto, anda.

ANTONIO
(riendo)

No, dime qué es.

CARLOS

Tira p’al cuarto, anda.

ANTONIO

Hasta mañana.

Antonio se va de la habitación comiendo la manzana. Carlos se queda abriendo el paquete y riéndose por la conversación tan rara que ha tenido con su padre.

Otra escena, un par de minutos después.

carlos julia

Julia, con la que ha estado tonteando toda la vida ha venido a visitarlo en mitad de la noche. Antes, en el chamizo, ha estado a punto de pasar algo entre ellos, como tantas otras veces.

EXT. CINE EN LA PLAZA DEL PUEBLO – NOCHE

El viento mueve la tela que hace de pantalla. Carlos y Julia están sentados en el patio de butacas improvisado. Están solos, en mitad de la noche. Hablan bajito, en tono confidencial, para no despertar a los vecinos. Están hablando de la primera película que fueron a ver juntos.

JULIA

Era una del oeste. A mí no me gustan.
Pero esta sí me gustó mucho.

CARLOS

Pues yo no me acuerdo de absolutamente
nada de la película. Sólo recuerdo que me sudaban
muchísimo las manos y que no veía el
momento de pasarte el brazo.

Guardan silencio. Miran a la pantalla muda movida por el viento. Finalmente, Julia rompe la quietud.

JULIA

Pues en la película había una chica que era
hija de un ranchero. ¿de verdad no te acuerdas?

CARLOS

No. Cuéntamela.

JULIA

Pues ella estaba enamoradísima del capataz. Pero como
él no hacía nada… al final se casaba con un militar
y se veía que iba a ser tan infeliz como su madre.

CARLOS

¿Seguro que estaba enamorada? ¿O simplemente no
quería pasar el resto de su vida en un rancho
militar rodeada de apaches?

JULIA
(segura, fijando la mirada en Carlos)

Ella estaba enamorada.

CARLOS

Y se daba cuenta justo antes de la boda.
Suena un poco raro, ¿eh?

JULIA

Lo que pasa es que el capataz era un burro que
no tenía ni idea de lo que es el amor.

CARLOS

Igual es que el capataz ya había hecho muchas tonterías por
amor y veía muy claro cuando alguien iba a cometer alguna.

JULIA

Igual es que el capataz se lo tenía un poco creído porque
de pequeños habían sido novios y él le había dado su primer beso.

CARLOS

Él sabía que no se pueden tomar decisiones importantes
en la vida por un beso que te diste hace diez años.

JULIA

A lo mejor el capataz no sabía besar.

Carlos recoge el guante. Los dos se quedan mirando. Se besan apasionadamente. Es un beso dado con hambre de años. Pero tras un momento, los dos se paran. No es posible. No pueden hacer eso.

CARLOS

El capataz había aprendido

Los dos ríen con tristeza. Se quedan mirando nuevamente la sábana movida por el viento.

JULIA

¿Sabes? Creo que la película no era del oeste.

Los dos ríen divertidos, aunque con cierta tristeza.

¿Por qué estas escenas son TAN BUENAS? Porque consiguen captar esencias, logran llevarnos a su terreno. Nos cuentan una historia basada en el subtexto. Por un lado, un padre que se las ha traído tiesas con su hijo bromea con él completamente colocado. Por otra parte, nos cuenta la mezcla de sensaciones que nos trae ese amor que hemos podido tener y que se nos escapa. Logran despertar nuestras emociones y nos hacen creer que nosotros mismos somos los que estamos en ese cine, en ese comedor, en esas vidas.

Personajes que pueden ser héroes y villanos

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Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

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En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

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Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

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En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.

Por qué engancha Gomorra desde el capítulo 1 (un análisis de personajes)

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Gomorra es una de las series que más me han gustado de los últimos tiempos. Y sí, se ha hecho en Europa. Concretamente en Italia, y trata de un tema actual, de un problema propio (la mafia napolitana, la Camorra) igual que Crematorio trata un problema actual y un tema propio de nuestro país (la corrupción urbanística y las asociaciones mafiosas). Como apunte diré que la revista JotDown ya publicó sobre Gomorra un artículo hace poco en la que definía la serie como una tesis doctoral sobre la Camorra.

El hecho de tratar temas actuales, de gran calado social y con puntos de vista políticos y sociológicos es un tema que bien da para cualquier otra entrada en el blog.

En cualquier caso, como decía antes, Gomorra es una serie que engancha desde el primer capítulo porque hace que nos adentremos en sus personajes y porque vemos que en todos ellos hay complejidad, contradicciones, luchas internas. Vamos, lo que viene siendo profundidad.

La creación de personajes complejos no es algo habitual. Muchas veces se antepone la trama, la historia, el procedimiento antes de preocuparse de que los personajes tengan un latido propio.

Es lo que hace diferente, por ejemplo, Mad Men de Bones, Los Soprano de CSI, etcétera. Ni mejor ni peor (bueno…). Cada producto tiene su público.

Pero a lo que íbamos, a Gomorra y sus personajes. Una de las cosas buenas de esta serie es que plantea desde el primer momento cómo es cada uno de ellos.

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Ciro

Es joven. Lleva toda la vida en la Camorra. Es un “soldado” que ha empezado desde lo más bajo.

Sin embargo, ve que en las últimas disputas entre bandas locales, no tienen las de ganar. Cree que Don Pietro Savastano, su jefe, hace las cosas a la antigua y que Conte, el rival, hace las cosas de otra manera mejor.

Es ambicioso, pero a la vez fiel. Tiene una relación especial con Attilio, su mentor (lo ve como a un padre), que es otro “soldado” del clan Savastano.

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Don Pietro Savastano

Es el capo, el boss, el jefe, el mandamás.

No se fía ni de su sombra. Está pendiente siempre de las traiciones, de las posibles escuchas policiales. Se siente solo y a menudo cansado, pero domina, tiene poder. Es consciente de él. Se siente un dios.

Para él lo más importante es mantenerse en lo alto. No importa quién caiga alrededor. No importa quién tenga que morir o que matar.

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Gennaro Savastano

Es el hijo único de Don Pietro. Tiene unos 25 años. Es un niño mimado, un caprichoso que lo ha tenido todo en la vida.

Sabe que será el próximo capo, el sustituto de su padre. Quiere demostrarle a su padre que será capaz de llevar a cabo esa función, pero él mismo sabe (y su padre también) que no está preparado.

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Immacolata Savastano

Es la mujer de Don Pietro. Su apoyo, su compañera.

Sin embargo es también la que le pone las pilas a su marido, la que le critica llegado el momento.

Sabe que su lugar está al lado de su marido, que hará lo posible por hacer que se mantenga en el poder.

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El resto de personajes están ahí de comparsas de estos protagonistas (ya comentamos hace poco aquí para qué vale un secundario) Cualquier cosa que hagan sirve para que las relaciones entre estos se mueva de una manera o de otra, para desarrollar las tramas y para hacer que evolucionen dentro de cada circunstancia.

Seguramente Gennaro tratará de hacerse el capo, tomará sus propias decisiones. Se equivocará. Su padre (o su madre) estará ahí para resolver sus problemas.

Don Pietro puede que pierda su poder, o que se vea severamente mermado y tenga que hacer nuevas alianzas (puede que con sus enemigos más irreconciliables).

Immacolata puede que tenga que hacerse cargo de los negocios de la familia y encauzar a su hijo si su marido cae en desgracia.

Y Ciro puede que se acerque a los enemigos, que traicione, que intente subirse al carro ganador.

Los autores de los guiones de la serie es un dato que se debería dar siempre. Más en un blog sobre el tema. Los guionistas de esta serie son Leonardo Fasoli, Roberto Saviano (creador de la historia y cuya vida no creo que nadie envidie), Stefano Bises, Giovanni Bianconi, Ludovica Rampoldi, Maddalena Ravagli y Filippo Gravino.

 

 

 

La historia es la de un tipo que…

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Si empiezas a explicar tu guión la mejor manera es centrarte en un personaje, tenerlo claro, y  a través de él, de sus ojos, contar todo lo demás.

Tu historia puede ir de una catástrofe, de una desigualdad, de un atentado, de una búsqueda, pero siempre hay que tener claro un personaje principal.

Si tu historia es coral cada “sección” de tu guión tiene que tener un protagonista claro. El ejemplo que me viene a la cabeza es el de Short Cuts, de Robert Altman (aunque tiene ya un montón de años es muy válido). Esta película, para entendernos, es como una colección de cortometrajes entrelazados. Se cuenta la historia de una madre que pierde a su hijo, la de un hombre frustrado en su vida familiar, la de un voyeur… Cada historia tiene su protagonista y cada protagonista nos lleva por su propio camino para que veamos con él cuál es su historia.

solo

El protagonista es el tipo con el que nos identificamos. No tiene por qué tener un objetivo noble o bueno. Simplemente es nuestro hombre, el tipo con el que vamos a pasear durante un rato. De alguna manera vamos a ser él. Vamos a vivir como él. Vamos a tener sus problemas. Vamos a sentir sus fracasos y disfrutar de sus logros.

Mientras tanto, el resto de personajes van a estar a su disposición. Lo van a putear, a querer, a hacerle la vida más fácil, a traicionar, a odiar, a hacer que se tropiece, que se levante, que se caiga… Cuanto peor lo pase nuestro tipo, mejor, más divertido va a ser sacarlo de esas situaciones, más emociones va a vivir y con ello más emociones va a vivir el espectador. De eso hemos hablado hace poco aquí.

Una situación de que el protagonista es el tío al que todos bailan el agua la vi recientemente en el último capítulo de la serie Vive Cantando, de la productora Doble Filo.

La disposición de la última escena era algo parecido a esto

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A que no sabéis quién es el prota de la historia

 

En el centro estaba el protagonista, Juanjo (José Luis García Pérez, un actorazo, por cierto) y a su alrededor estaban tooooodos los demás. Uno a uno iban cerrándose todas las cuestiones que estaban abiertas, y todas, de uno u otro modo, estaban relacionadas con él. Así quedaba claro que el personaje más importante era él y que el resto estaba allí casi como excusa para hacerle vivir su viaje particular (ponerle en dificultades, hacerle decidir, dudar, facilitarle las cosas…). Todo se construye a su alrededor.

No voy a desvelar más acerca de Vive Cantando. Vedla, que merece la pena. Tiene cosas muy bien trabajadas, muy chulas, y situaciones interesantes. Se nota la mano de sus autores (Darío Madrona, Mariano Baselga y Paula Fernández, que tienen, entre todos, siete u ocho proyectos que han sido grandes éxitos)

Si te preguntan de qué va tu historia y empiezas: “Va de un tío que…” la cosa va bien.

Si tienes claro el personaje principal tienes mucho ganado.

Todo lo que empieza bien… tiene que acabar mal (y viceversa)

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Si una escena empieza muy bien, con dos personajes que son muy amigos de subidón, en mitad de una fiesta y en un momento de esos de exaltación de la amistad, no te extrañe que acabe todo a tiros, o que uno de ellos le confiese que se ha acostado con la novia del otro o que pase cualquier otra cosa y todo cambie. Su amistad puede que no, pero el momento de alegría se habrá acabado para siempre.

Sencillamente, la gran mayoría de las películas siguen la máxima de la variación emocional para provocar avances en la historia, o simplemente para mover al espectador mientras la acción sigue hacia adelante.

Es muy habitual, por ejemplo, que den una mala noticia cuando están todos en un baile, cuando se vaya a celebrar un cumpleaños o cuando el chico y la chica por fin parece que van a besarse.

Ejemplos claros de este tema hay en casi todas las películas, en casi todas las series. Si nos fijamos, casi todas las escenas de las historias que vemos siguen algunas de estas estructuras:

mal-bien bien-mal

normal cambio

 

Si la escena pasa de ‘Bueno, aquí estamos’ a… ‘Bueno, aquí estamos’ no conseguiremos mover emocionalmente nada. Logrando de nuevo el famoso momento…

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¿qué me estás contando?

En la serie Gomorra hay un caso estupendo de evolución de bien a mal.

SECUENCIA 1. El contable de un mafioso decide ‘tomar prestado’ dinero de su jefe para una operación propia. Tiene una mujer que le quiere con un hijo en camino y una hijastra que le adora. Nadan en la abundancia y ahora quiere tener una inversión que le beneficie a él (pero empezada con dinero de otro).

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El mafioso en cuestión, el señor Savastano

 

SECUENCIA 2. La mujer del mafioso se da cuenta de que hay movimientos de dinero que no ha autorizado y le pide explicaciones al contable.

SECUENCIA 3. El contable intenta recuperar la inversión y que no se note nada, pero la inversión ha salido mal. No va a tener dinero para hacer frente. Además, un inspector de hacienda está investigando esas cuentas.

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El contable que ha intentado el timo

 

SECUENCIA 4. El contable intenta ganar tiempo con la mujer del mafioso, pero ella se da cuenta del engaño.

SECUENCIA 5. Asediado, el contable intenta, a la desesperada, sobornar al inspector de hacienda que lo denuncia. El cerco se estrecha y se acerca al dinero del mafioso.

SECUENCIA 6. La mujer del mafioso le ordena ‘por el bien de su familia’ (ole ahí la amenaza) que se suicide. Así, el caso con hacienda se archivará, el dinero pasará a su mujer y la familia del mafioso recuperará el dinero.

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La mujer del mafioso

 

SECUENCIA 7. El contable se tira por la ventana.

Hemos pasado de estar estupendamente, felices y con unas perspectivas de futuro preciosas (familia, éxito, dinero, todo muy limpio, todo muy primaveral) a tirarse de un octavo piso y morir.

Cuando de pronto una pregunta te saca de la pelicula. Analizando Blancanieves de Pablo Berger

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“Yo voy al cine para olvidarme de todo durante dos horas”.

Esta frase es de un amigo, pero es completamente aplicable a casi cualquiera (menos algunos tipos raros con deformación profesional, que buscan planos especiales o giros de guión).

Para que una película te arrastre a su terreno tiene que estar muy bien hecha, tiene que estar muy bien hilada y tiene que ser lógica. Si tiene todas estas características será sólida, compacta. El espectador no encontrará ninguna fisura para que su atención se escape y empiece a pensar en el cole de los niños, en que falta lechuga en la nevera o en que tiene que pasar la revisión al coche.

Luego, por supuesto, hacen falta muchas cosas más, que la historia mueva, que podamos implicarnos con los personajes, etcétera. Pero que la historia no ofrezca fisuras es lo más importante.

Por eso cuando uno, en mitad de una película, empieza a plantearse preguntas de base es que la historia tiene algún problema.

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La mala más mala (un poco demasiado, ¿no?)

Algo así me pasó el otro día viendo Blancanieves, la película con guión de Pablo Berger.

La peli iba bien y yo estaba embelesado en la historia (por mucho que la Sevilla que apareciera fuera de cartón piedra). El ritmo de montaje era maravilloso. Me resultaba imposible no sentirme arrastrado por la vorágine de acontecimientos que le pasaban a Carmen/Blancanieves.

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Una niña aventurera
  • Nace.
  • Muere su madre y el mismo día, su padre, un famoso torero, sufre una cogida y se queda tetraplégico.
  • Al saber que su esposa ha muerto en el parto, su padre reniega de ella.
  • Vive con su abuela.
  • Su padre se casa con una enfermera que acaba siendo una mala malísima.
  • Su abuela muere de un infarto.
  • Va a vivir con su padre, que ni siquiera se digna a darle la bienvendia.
  • La madrastra (zorra nivel) la pone a dormir con los animales en un pajar.
  • Ella decide conocer a su padre, así que sube a su habitación… y los dos están encantados el uno con el otro.
  • Juegan, se divierten, pasan tiempo juntos… pero se esconden de la madrastra.
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¿De torero a Juan Cojones? No me lo creo

Y aquí es cuando algo en mi cabeza hace crack y empiezo a hacerme preguntas.

  1. ¿Por qué tiene tanto poder la madrastra de Blancanieves?
  2. ¿Por qué el padre permite que se trate tan mal a su hija?
  3. ¿Por qué permite que viva entre las bestias en vez de vivir en una habitación del cortijo?
  4. ¿Quién manda en esa familia?
  5. ¿Es que el torero es incapaz de mantener su propia ley en su casa?
  6. ¿Por qué no hace nada para enmendar la situación?
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Ya a estas alturas anda uno bastante despistado

Cuando terminé de hacerme estas preguntas (y cuando supe que no tendría respuestas) ya estaba fuera de la historia. Sencillamente le faltaba consistencia. O simplemente una explicación que parara de golpe toda duda.

La madrastra tiene tanto poder porque… lo tiene sedado todo el día y a su voluntad, o porque lo tiene amenazado de muerte y él siente miedo.

El padre permite que se trate mal a su hija… porque nadie le ha dicho las condiciones en que vive la niña (¿ni siquiera Blancanieves? ¿por qué?)

El padre no hace nada para enmendar la situación… porque es un tipo sin voluntad (explicación pobre, sobre todo después de recuperar la alegría de vivir gracias a su hija), porque teme por su seguridad o la de su hija o vete tú a saber.

Luego hay otras preguntas que uno sí puede saber contestar, como por ejemplo ¿Por qué es tan absolutamente mala la madrastra? (porque teme que el tandem Blancanieves-padre de Blancanieves le quiten su poder; aunque este argumento también es fácilmente rebatible), pero en general, si no consigues explicar bien (a base de preguntarte muchas veces “por qué”) las actitudes de tus personajes o los giros de tu historia, tu guión y tú tenéis un problema importante.

Bonus track

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¿Por qué este tipo (ricachón con cochazo y chófer) acaba regentando un circo por cuatro perras? ¿Para sacarle partido a Blancanieves? You kidding me?