La fe de escribir un guión

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Escribir un guión es un ejercicio de fe. Eso lo sabemos todos los que pasamos nuestro tiempo juntando palabras que quieren acabar convirtiéndose en una historia. El proceso es duro, muy duro. Uno tiene que batirse el cobre con elementos que se encuentran tanto dentro como fuera del propio hecho de escribir. Se lucha contra las estructuras que se le pueden atragantar, contra motivaciones burdas de personajes, contra el vacío contra el que se estrella tu historia llegado a un determinado punto. Después, si se han logrado superar estos escollos se lucha por conseguir el equilibrio entre desvelar y sugerir, entre la obviedad y la pista. Se lucha por lograr que lo que acaba en el papel sea exactamente lo que teníamos en la cabeza cuando comenzamos, meses atrás, esta aventura.

El miedo a que tanto esfuerzo se quede en nada

Pero es que además tenemos que pelear contra los elementos que están fuera del propio proceso de escritura. La incomprensión de los demás, el miedo a que tantas horas, tanto esfuerzo no valgan de nada, la sensación de que al final, en el mejor de los casos, se conseguirá terminar la obra, pero que esta tiene muchas posibilidades de que quede para siempre metida en un cajón. Hace poco, vía facebook me llegó un vídeo de lo más explicativo sobre qué era conseguir que se realizase una película.

Vídeo Filmmaking – A Recipe For Disaster

Hace mucho tiempo, en un pub de jazz de Sevilla decidí que iba a dedicarme a escribir. Había quedado con un amigo que aseguraba tener una idea brillante para un cortometraje (si la cita fuera hoy me hablaría de un microteatro, está claro). La historia no me convenció del todo. Era un poco demasiado “de tesis”. No me movió, pero había disfrutado tratando ideas, secuenciándolas, imaginando personajes y una trama sólida.

Sonaba en el ambiente el piano de Bill Evans y entonces lo supe. Fue como una epifanía, una llamada a la aventura que no podía desoír. Yo iba a escribir historias. Puede que no la suya, pero sí otras que fueran ilusionantes, que despertaran emociones. Colgada de la pared, en un rincón del pub, una camiseta negra con una trompeta blanca era testigo de mi decisión.

– Ves esa camiseta -le dije a mi amigo -. Será lo primero que compre cuando cobre por algo de lo que escriba.

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Not mine… yet

Cuando comencé a escribir guiones leí un artículo en el que un guionista de cierto renombre declaraba que entre un 80 y un 90 por ciento de las cosas que había escrito no tenía salida. Del resto, lo que llegaban a la consideración de una productora, había otro corte y menos de la mitad llegaba a buen puerto, a la producción, al casting, a los actores, a la emisión. En resumen ¡menos de un cinco por ciento de lo que escribía! ¡Él, que era conocido, que estaba establecido en el sector!

Dicen por ahí que menos de la mitad de un diez por ciento de lo que escribe un guionista tiene salida.

La verdad es que leer ese artículo me dejó pensando, pero no tenía otra opción: yo tenía que ser guionista, tenía que escribir, tenía que conseguir “colocar” historias, hacer que se emitieran, hacer posible que aquello que comenzaba en un papel acabara en una pantalla.

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Cafe Jazz Naima, en Sevilla

De momento no he conseguido que nadie quiera coprar una serie que tengo muy avanzada, ni ninguno de los dos programas de entretenimiento que andan rulando, ni siquiera me he decidido a escribir un microteatro. Pero hace nada logré hacer algo de lo que no me creía capaz (vistos los resultados precedentes): conseguí que alguien se interesara por un sketch que había escrito. De hecho le gustó bastante y le pareció lo suficientemente interesante como para pagar por él y encargarme más. Así que dentro de nada pasaré a engrosar la lista de guionistas que, en algún momento de su carrera, han conseguido cobrar por su trabajo. Ya tengo gastado el dinero que cobraré por este encargo. Por fin compraré la camiseta que vi hace años en un pub de Sevilla y tendré la sensación de comienzo a caminar por un sendero nuevo.

Un poco de coherencia (o cómo unos tipos duros deben buscar su propia historia)

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Desde hace unas semanas estoy revisando Breaking Bad.

Que es una serie maravillosa, estupenda, que hace que te mueva por dentro, que te hace plantearte dudas acerca del desarrollo humano, de lo bueno y lo malo, de la relación Jekyll-Jekyll, Jekyll-Hyde y Hyde-unpocomenosHyde ya hablé en otras entradas del blog, como esta y esta.

Lo que ahora vengo a contar es más sencillo, más básico. Algo que entra en la lógica de cualquiera que esté haciendo una historia, que la esté tramando, que la esté desarrollando. Los personajes tienen que tener motivaciones, motores, rasgos que los hagan únicos, pero también es muy importante que tengan… matices.

Esto, que parece que cae por su propia base, es todavía más importante cuando la serie en la que se inscriben esos personajes tiene su fuerte en el propio desarrollo y la complejidad de los protagonistas.

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En el comienzo de la tercera temporada de Breaking Bad aparecen los gemelos, que son los primos de Tuco. Mr White, nuestro protagonista, se lo cargó en su momento (o ayudó a cargárselo) y ahora ellos buscan vengarlo. Hasta aquí todo bien. Se nos presentan dos tipos duros. Dos tipos muy duros. Dos tipos super, super, super duros. Hasta que te das cuenta de algo muy obvio: ¿no serán dos tipos demasiado duros? ¿No serán un poco caricatura?

Un personaje bloque, claro, sin matices está bien dependiendo de la historia en la que se inscriba. Nadie le pide a Tarantino que sus personajes sean profundos, que duden de sí mismos, que quieran explicarse el sentido de la vida. Sus personajes son básicos. Son todo acción. Son sólo acción. Uma Thurman sólo quiere hacer una cosa en Kill Bill: tachar nombres de su lista. Cargárselos a todos.

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Django no busca la libertad. Busca Venganza. Lo mismo que tantos otros personajes de Tarantino.

Walter White no tendría nada que hacer en una peli de Tarantino. Y quizás por lo mismo, los gemelos asesinos de Breaking Bad chirrían en la serie. Y ahora que lo pienso, puede que haya otros personajes que están poco desarrollados (Hank, el cuñado policía, por ejemplo), pero cantan siempre mucho menos que estos dos tipos duros que parecen estar buscando su propia película.

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Como dice el narco Gus: – Esa gente no es normal. Son animales.

El arte de no caer en la desesperación

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Esta entrada se podía haber llamado también: No te preocupes por lo que se espera de ti. Ni siquiera por lo que tú esperas de ti mismo. Si lo que quieres es escribir, escribe y déjate de tonterías. Lo que pasa es que quedaba un poco largo. También pasaba que era un título un poco demasiado “blog de autoayuda” y me daba un poco de cosa.

Pero lo cierto es que, una vez llegado de las vacaciones (sí, sigo siendo uno de esos tipos con suerte que tienen trabajo, cobran y, cada cierto tiempo, se van de vacaciones y desconectan) me ha dado un bajón cuando he afrontado de nuevo mis proyectos pendientes, mis guiones por desarrollar, las historias que quiero contar. Y cuando uno está de bajón, mal lo tiene para crear cosas interesantes. Incluso para crear, a secas. Así que empecé a pensar que esto del guión, esta historia mía de querer vivir de algo tan intangible y tan concreto a la vez como es escribir, estaba empezando a mellar la confianza en mí mismo y, de paso, mi capacidad para ser feliz.

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Qué tufillo a autoayuda tiene esta entrada, por dios

¿Qué era lo que yo quería hacer? ¿Contar historias? ¿Vivir de ello?

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¡Qué bueno! ¡Vivir de ello!

Cuando uno tiene más de treinta años y no ha conseguido empezar una carrera en la que se suelen dar los primeros pasos cuando uno acaba de licenciarse (de 26 años para abajo), puede que sea el momento de cambiar de punto de vista.

La vida es del color del cristal con que se mira, solía decir mi abuelo Florencio, que murió cuando yo era aún niño. Pero esa frase, ya sea porque mi madre me la ha ido repitiendo durante los años o porque la recuerdo de su boca (ya no lo sé) se me ha quedado marcada.

Por qué no hacer lo que uno quiere hacer y punto. Que lo que quieres es escribir. Adelante. Déjate de tonterías de querer ganarte la vida con ello. Si se da la circunstancia adecuada (es decir, si eres suficientemente sólido, tus estructuras también, si tienes recursos, si te sabes vender, si consigues que un proyecto llegue a una productora en el momento justo y ellos saben ver el potencial del mismo y además Júpiter está alineado con Venus y Mercurio) puede que consigas colocar un guión y que este se realice. Si no, simplemente escribe, que es lo que te gusta. Un escalador escala porque subir a una piedra es su pasión. Lo mismo sucede con un paracaidista. Lo mismo con un buceador. ¿Por qué ibas a ser tú distinto?

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Este es el momento en que debo mandar un proyecto a la productora de éxito

Yo quiero bucear entre palabras, personajes, situaciones.

Luego pienso seguir moviendo los proyectos que haga.

Quién sabe si se alinearán los astros correctos en el momento más insospechado.

Wilder 5. Esconde tus puntos de giro

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Hace un tiempo vi una película realmente emocionante: La escafandra y la mariposa.

Seguramente ya la habréis visto, pero os la cuento un poco por encima para poder seguir el hilo del post. Es la historia de un hombre de éxito que sufre un accidente vascular. Está al borde de la muerte y finalmente lo único con lo que se puede comunicar es guiñando un ojo. Todo lo demás está muerto. Es una especie de Ramón Sampedro a la francesa y un poco más a lo bestia (porque no puede ni sonreír, ni hablar, ni mirar con intención… nada). Lo único que puede hacer es parpadear el único ojo que le queda con vida. Al sentirse tan miserable siente ganas de morir.

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En un momento de la película, allá por la página 40 del guión (que podéis encontrar aquí) el protagonista, Jean-Do, comunica a su enfermera que va a instaurar una regla: nunca más va a sentir pena por sí mismo. Es decir, acaba de dar un cambio en su vida, a su relación con su situación actual.

A partir de ese momento la película cambia y entramos en el segundo acto de la historia: Jean-Do decide aprender a vivir y a relacionarse con su entorno desde su cama de hospital, desde su total dependencia, inicia nuevos proyectos, trata de curar antiguas heridas… decide vivir. La escafandra y la mariposa puede gustar más o menos (a mí me movió, que era lo importante) igual que me movió otra película muy parecida como es Johnny cogió su fusil (aunque esta me aburrió más).

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La cuestión es que esta película me ha venido a la cabeza al tratar de escribir esta entrada sobre cómo esconder puntos de giro. Como digo, a pesar de que la película me moviera, no puedo pasar por alto que sus puntos de giro (en especial el primero) son un poco a lo bestia.

Wilder dice que es mejor que las historias se muevan con sutileza, que desarrolles las historias sin tener que gritar al público: EH OYE, ¿TE HAS ENTERADO DE QUIÉNES SON LOS PERSONAJES PRINCIPALES? PUES ATENTO QUE AHORA ES CUANDO LA HISTORIA VA A EMPEZAR DE VERDAD.

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Y luego, una hora y pico más tarde: EH OYE, ¿TÚ CREÍAS QUE LA PALMABA EL PROTA? ESPERA Y VERÁS, QUE AHORA ACABA TODO ESTO.

En fin, sutilezas, ya sabéis.

He puesto este ejemplo de puntos de giro evidentes y poco maquillados como podía haber puesto el de Fuga de cerebros, Ocho apellidos vascos o cualquiera de Indiana Jones o el Señor de los Anillos.

Si estuviéramos hablando de puntos de giro discretos, puede que fueran buenos ejemplos Black Swan o Pi, (deliciosas, sobre todo la primera) de Darren Aranofski, también hay algún buen ejemplo en películas románticas como Mensaje en una botella.

Vamos a escribir un poco

Un millón de libros
¿Cuántos libros sobre guión se habrán escrito?

Hay muchos libros publicados que hablan sobre qué se debe hacer para escribir un guión.

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El viaje del escritor. Una guía maravillosa

En un post de Carlos López en bloguionistas (si no sigues este blog, tienes que hacerlo) se habla con ironía sobre la cantidad de métodos de escritura para guión que se pueden encontrar y cómo, en cambio, había pocos libros que trataban sobre lo que NO se debe hacer cuando se escribe un guión.

Yo he leído varios métodos de cómo escribir guiones. He leído a Linda Seager (interesante), a Syd Field (que es como un recetario de Arguiñano: útil, pero sin dejar margen para la improvisación), a Vogler (delicioso, completisimo) etc. Y sí, en todos los libros hay cosas que uno necesita saber, pero ninguno de ellos sirve de nada si no se da el primer paso y el primer paso no es otro que escribir, encontrar un hueco en el día y escribir.

Uno puede decir que no sabe qué escribir, que no tiene una historia definida, que no sabe cómo empezar a plantear su película, su biblia, su cortometraje, su programa de ficción. Bien, es normal. Pero lo más aconsejable es seguir adelante en cualquier caso y escribir lo que sea.

En el Master de Guión de la UAB que estudié hace poco incluían en la bibliografía un libro cuya única finalidad era eliminar el bloqueo artístico. Se trata de El camino del artista, de Julia Cameron. No sé si un guionista hace arte o no (no es este el post en el que voy a reflexionar sobre ello) pero estoy seguro de que este libro ayuda a todos los junta palabras/imágenes entre los cuales me gusta contarme.  Es un método que, si se sigue, promete acabar con el bloqueo del artista de la disciplina que sea. Tiene partes curiosas, como estar una semana sin leer nada ni escuchar la radio, renovar el vestuario, buscar un hueco en la semana para quedar con tu “yo artista”… como digo, es interesante. No sé si seguirlo paso a paso servirá mucho o poco a los demás pero hay una parte del libro que a mí me ha resultado muy beneficiosa: escribir todos los días tres cuartillas, tres páginas de un cuadernito en espiral. Escribir lo que sea. Cualquier cosa. Escribir por ejemplo las cosas que uno tiene que hacer a lo largo del día: “tengo recoger a los niños de la guardería y es un poco coñazo, porque después me toca lavar el coche y no sé si me da tiempo, además luego tengo que ir a la compra y no sé si será bueno que siga comprando empanadillas congeladas para la cena. Son baratas pero no me creo que tengan bonito de verdad dentro”. A mí, como digo, me ha servido mucho porque cuando uno acaba de escribir se siente más limpio y tiene ya una inercia. Yo siento que puedo seguir escribiendo varias horas. Esta vez sí, sobre el proyecto que tenga entre manos.

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El clásico bloqueo

Algo parecido a esto cuenta Scott Myers en su estupendo blog Go Into the Story (otro de esos blogs que hay que leer sí o sí) cuando dice que hay que seguir la pauta de escribir una página de guión cada día, pero también que hay que ver dos películas a la semana, que leer un guión completo a la semana y que escribir diariamente dos páginas al día de material preparatorio para un guión. Es lo que llama el método 1, 2, 7, 14.

La cuestión es empezar a escribir, arrancar. El resto, ya con el motor en marcha, es otra cuestión