La fe de escribir un guión

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Escribir un guión es un ejercicio de fe. Eso lo sabemos todos los que pasamos nuestro tiempo juntando palabras que quieren acabar convirtiéndose en una historia. El proceso es duro, muy duro. Uno tiene que batirse el cobre con elementos que se encuentran tanto dentro como fuera del propio hecho de escribir. Se lucha contra las estructuras que se le pueden atragantar, contra motivaciones burdas de personajes, contra el vacío contra el que se estrella tu historia llegado a un determinado punto. Después, si se han logrado superar estos escollos se lucha por conseguir el equilibrio entre desvelar y sugerir, entre la obviedad y la pista. Se lucha por lograr que lo que acaba en el papel sea exactamente lo que teníamos en la cabeza cuando comenzamos, meses atrás, esta aventura.

El miedo a que tanto esfuerzo se quede en nada

Pero es que además tenemos que pelear contra los elementos que están fuera del propio proceso de escritura. La incomprensión de los demás, el miedo a que tantas horas, tanto esfuerzo no valgan de nada, la sensación de que al final, en el mejor de los casos, se conseguirá terminar la obra, pero que esta tiene muchas posibilidades de que quede para siempre metida en un cajón. Hace poco, vía facebook me llegó un vídeo de lo más explicativo sobre qué era conseguir que se realizase una película.

Vídeo Filmmaking – A Recipe For Disaster

Hace mucho tiempo, en un pub de jazz de Sevilla decidí que iba a dedicarme a escribir. Había quedado con un amigo que aseguraba tener una idea brillante para un cortometraje (si la cita fuera hoy me hablaría de un microteatro, está claro). La historia no me convenció del todo. Era un poco demasiado “de tesis”. No me movió, pero había disfrutado tratando ideas, secuenciándolas, imaginando personajes y una trama sólida.

Sonaba en el ambiente el piano de Bill Evans y entonces lo supe. Fue como una epifanía, una llamada a la aventura que no podía desoír. Yo iba a escribir historias. Puede que no la suya, pero sí otras que fueran ilusionantes, que despertaran emociones. Colgada de la pared, en un rincón del pub, una camiseta negra con una trompeta blanca era testigo de mi decisión.

– Ves esa camiseta -le dije a mi amigo -. Será lo primero que compre cuando cobre por algo de lo que escriba.

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Not mine… yet

Cuando comencé a escribir guiones leí un artículo en el que un guionista de cierto renombre declaraba que entre un 80 y un 90 por ciento de las cosas que había escrito no tenía salida. Del resto, lo que llegaban a la consideración de una productora, había otro corte y menos de la mitad llegaba a buen puerto, a la producción, al casting, a los actores, a la emisión. En resumen ¡menos de un cinco por ciento de lo que escribía! ¡Él, que era conocido, que estaba establecido en el sector!

Dicen por ahí que menos de la mitad de un diez por ciento de lo que escribe un guionista tiene salida.

La verdad es que leer ese artículo me dejó pensando, pero no tenía otra opción: yo tenía que ser guionista, tenía que escribir, tenía que conseguir “colocar” historias, hacer que se emitieran, hacer posible que aquello que comenzaba en un papel acabara en una pantalla.

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Cafe Jazz Naima, en Sevilla

De momento no he conseguido que nadie quiera coprar una serie que tengo muy avanzada, ni ninguno de los dos programas de entretenimiento que andan rulando, ni siquiera me he decidido a escribir un microteatro. Pero hace nada logré hacer algo de lo que no me creía capaz (vistos los resultados precedentes): conseguí que alguien se interesara por un sketch que había escrito. De hecho le gustó bastante y le pareció lo suficientemente interesante como para pagar por él y encargarme más. Así que dentro de nada pasaré a engrosar la lista de guionistas que, en algún momento de su carrera, han conseguido cobrar por su trabajo. Ya tengo gastado el dinero que cobraré por este encargo. Por fin compraré la camiseta que vi hace años en un pub de Sevilla y tendré la sensación de comienzo a caminar por un sendero nuevo.

12 diferencias entre los clásicos Disney y los cuentos tradicionales

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Hacer una adaptación siempre es una tarea compleja. Tienes que resumir tramas, dar unidad, lograr que las motivaciones de los personajes sean claras y hacer posible que los eventos que suceden en las historias tengan su razón de ser. Repasando algunos de los cuentos originales en los que se basaron las historias de princesas de Disney nos podemos encontrar con varias diferencias interesantes. Nos hemos centrado en tres de estas adaptaciones (Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente), pero en el resto de historias de Disney encontraríamos muchas cosas más.

Cenicienta

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Cenicienta es la historia de una chica de buena familia cuya madre muere. Su padre se casa con una mujer mala, malísima que tiene dos hijas. Después, el padre muere y la madrastra se porta fatal con ella, la trata como a una criada y la despoja de cualquier estatus social. Esa es al menos la versión de Walt Disney, la que todos conocemos. Pero el cuento original cuenta otra historia ligeramente distinta.

Para empezar, la primera diferencia es que el padre de Cenicienta no muere en ningún momento en el cuento tradicional, simplemente se desentiende de ella. La madrastra le hace mil perrerías y la degrada a sirvienta-esclava y al padre le da absolutamente igual. Una cosa es que en la época las tareas del hogar y el cuidado de los hijos no estuviera repartido igual entre hombres y mujeres, pero otra cosa es que una hija coma de sobras y duerma en un establo y al padre le importe un rábano.

¿Os acordáis del hada madrina? ¿Esa mujer regordeta que andaba cantando por ahí su “shalakabula” y moviendo la varita mágica? Pues nada de eso, quien le da a Cenicienta todos sus vestidos y sus zapatos son los pájaros y un árbol mágico que ella misma había plantado.

Sangre por todas partes

Pero la diferencia más brutal tiene que ver con el gore (cosa que me apuntó Lidia Fraga en su momento). Las hermanastras, cuando tienen la oportunidad de probarse el zapato para ser la elegida, al ver que no les entra, cogen un cuchillo y se amputan (sí señores, se amputan) los dedos de los pies y el talón respectivamente. Animadas, eso sí, por su madre (“chica, córtate los dedos, que total, qué más da”, les dice a sus hijas con buen juicio la amable señora). La primera hermana logra engañar al príncipe, que la sube a la grupa de su caballo y sólo repara en que algo va mal cuando ve el chorreo de sangre que van dejando como rastro. Después es la segunda hermana la que engaña al heredero al trono (que debía ir bien bebido a su fiesta para ir confundiendo doncellas de esa manera) y desenmascara a la impostora cuando ve que el camino parece más propio de Carrie que de un cuento tradicional.

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Algo así tuvo que pasar en el salón de Cenicienta según el cuento

Finalmente Cenicienta se prueba el zapato y le viene que ni pintado (¿qué calzaba, un 32? ¿qué edad tenía esa muchacha?). En la boda, ella perdona a sus hermanastras, pero los pájaros, que eran muy amigos de cenicienta, no y les pican en los ojos a las hermanas hasta dejarlas ciegas. Todo muy constructivo y apto para todos los públicos.

Resumiendo

  • El padre de Cenicienta no muere, simplemente pasa de su hija
  • El hada madrina no existe
  • Las hermanastras se amputan los dedos y el talón para conseguir que les entre el zapato
  • Las hermanastras son atacadas por pájaros en la boda (una verdadera precuela de la peli de Hitchcock)

Blancanieves

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La madrastra de Disney encarga el asesinato de Blancanieves a un cazador. Como este le falla ella se disfraza de anciana vendedora y se la carga con la consabida manzana envenenada. Una efectividad que ni León el profesional. Ahora bien, en el cuento la madrastra es más torpona. Intenta matar a Blancanieves primero con lazo (la cree muerta, pero los enanitos la salvan), luego con un peine (sucede exactamente lo mismo) y al final con la manzana de marras (con la que finalmente logra su objetivo). Con este asesinato en tres actos da la impresión de que la madrastra era más tenaz que una opositora a la administración pública y que Blancanieves era más bien una inconsciente que buscaba que la matasen.

Ni beso ni barranco

¿Os acordáis de ese príncipe que se enamora de una muchacha muerta (lo cual es un poco WTF) que está metida en una urna y le planta un beso de amor y la muchacha se despierta? Pues nada de eso. El príncipe, al ver a Blancanieves (que tenía, ojo, unos trece o catorce años) inerte, metida en su urna de cristal, le parece “una criatura bellísima”. Le pide a los enanitos llevársela a su castillo para, así, admirarla a diario (aquí hay subtexto para dar y regalar, pero lo que les pide es exactamente esto). Cuando la están transportando, con los baches del camino, expulsa el trozo de manzana envenenada que se le había quedado atravesada en la garganta. Entonces es cuando la muchacha se despierta, suponemos que sorprendida al verse metida en un ataúd en plan Kill Bill, aunque sea de cristal.

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Concéntrate, Blancanieves

Por supuesto, hay una boda. La madrastra se entera, y al ver a Blancanieves casándose (y ver lo guapísima que está) se marcha del reino ofuscadísima y nunca más se sabe de ella. Así que no muere cayendo por un precipicio mientras es perseguida por unos enanos que buscan venganza. Sencillamente hace las maletas y se larga a algún otro sitio en el que sea la más guapa del lugar.

Resumiendo

  • Hay varios intentos de asesinato por parte de la madrastra
  • No hay resurrección por beso
  • La madrastra no muere despeñada, sino que decide emigrar

La bella durmiente

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Hay trece hadas en el reino, pero el rey no tiene un cubierto de oro para todas, así que decide, al buen tuntún, dejar a una fuera de la celebración por el nacimiento. Ésa hada maldice a la bella y dice que morirá cuando se pinche con una rueca al cumplir quince años.

En la película de Disney no hay tanta hada por allí volando. Son sólo tres las invitadas. Cuando Maléfica se presenta en la fiesta por el nacimiento de la princesa los reyes no pueden alegar nada. Es evidente que no la han invitado porque no han querido, no porque la vajilla se les haya quedado corta. Así que maldice igualmente al bebé.

Colectivización del sueño

Se da la orden de destrozar todas las ruecas del reino, pero por pura casualidad (según el cuento) había una en el propio castillo y es con ella con la que se pincha la princesa y se queda dormida. Todos se quedan dormidos durante cien años sin que medie ningún hechizo por parte de las hadas regordetas y buenas. Sencillamente se duermen. El castillo queda cubierto por unos rosales impenetrables. Hay príncipes extranjeros que, queriendo conocer más acerca de esta historia, pretenden atravesar los rosales. ¿Creéis que lo logra alguno en 99 años y 364 días? Efectivamente: no. Todos mueren enzarzados. Se quedan atrapados allí y mueren. No quiero imaginarme la agonía de esos príncipes, porque tampoco queda narrada en el cuento original, pero seguro que muy agradable no fue.

Maléfica
No, esto no tiene mucho que ver con el cuento original

Ahora bien, cuando llega el último día de la maldición, un príncipe atraviesa el rosal (tenía que estar trufadito aquello de cadáveres) y entra al castillo. Alcanza la habitación donde la princesa estaba dormida y esta se despierta. Sí, justo en ese momento. Y no, no hay besos ni nada que se le parezca. Lo que sí que hay es una boda al final, vaya a saber usted por qué.

Resumiendo

  • Trece hadas en vez de cuatro
  • No hay una lucha entre el hada malvada y ningún príncipe. Ella echó su maldición gitana y se quitó de en medio. No vuelve a aparecer.
  • El hada mala no tiene nada que ver con la rueca con la que se pincha la princesa
  • Decenas de príncipes mueren entre los espinos del castillo
  • No hay resurrección por beso

Si queréis leer versiones de los cuentos originales aquí tenéis los enlaces:

Cenicienta

Blancanieves

La bella durmiente

 

The lady from Cuenca

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Ya se ha superado una etapa en el audiovisual español. Ahora nos estamos dirigiendo a un público más adulto, más preparado. Los clichés de otra época ya no sirven. Hemos pasado por encima de un tiempo en el que el modelo estaba obsoleto. Podemos tratar al espectador de tú a tú.

Frases como estas han estado llenando las páginas (web) relacionadas con el mundo de la tele desde hace unos años a esta parte. Con la llegada de series novedosas (en España), de productos pensados para el consumo masivo que no respetaban los estándares que había hasta entonces (en España) se dio por concluido el reinado absoluto de las series pensadas para un ser aparentemente intrascendente pero de un poder casi sobrehumano: la señora de Cuenca.

La señora de Cuenca era esa mujer a la que hacían referencia los productores para indicar que los productos tenían que ser más entendibles. En una reunión con un productor aparecía siempre asomándose por el quicio de la puerta.

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Como esto, pero sin que parezca que haya nacido en Leeds y se llame Margaret

“Si yo lo entiendo perfectamente. Es un giro arriesgado, super interesante, pero tiene que entenderlo todo el mundo. Tiene que entenderlo UNA SEÑORA DE CUENCA”.

La señora de Cuenca (ya se sabe) era un poco medio lerda, tenía poco mundo, le encantaban las películas de Paco Martínez Soria, el telecinco de Raúl Sénder y Cruz y Raya (que eran muy gamberros), veía en su momento Tómbola y le gustaban las cosas que pudiera entender (así lo cuenta Alberto Rey, en el Mundo). Como no había viajado mucho, pues no le gustaban cosas raras. Nada demasiado violento, ni demasiado sexual, ni demasiado explícito, que los malos fueran malos y los buenos fueran guapos, lindos, un poco tontorrones y graciosos. Si podían tener problemas de amores, que no hubiera cuernos de por medio (porque en Cuenca, ya se sabe, no gusta lo de los cuernos ni la violencia ni el sexo).

Después han ido saliendo series y programas que parecían haber enterrado a esta señora. O ya no importaba demasiado o los directivos de las cadenas se habían dado cuenta de que la señora de Cuenca era mucho más arriesgada de lo que pensaban. Quién sabe, lo mismo había viajado y había probado nuevas cosas, nuevas comidas, nuevas experiencias. Había visto nuevos amaneceres, se había subido en un autoligero, había hecho parapente y escalada, incluso puenting (cosas que se ofrecían en Groupon, ya se sabe). La señora de Cuenca ya había empezado a ir a clases de inglés y veía cosas que llegaban de la BBC que el hijo que estudiaba en Madrid (= La Meca) se había descargado de internet. Y oye, le gustaba, (ya lo cuenta Ángela Armero en esta entrada de Bloguionistas). Quién se lo iba a decir cuando lo que más le apetecía del mundo era “Farmacia de Guardia” (para dentro, Romerales), “Médico de familia” y “Lleno por favor”.

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Ahora veía tranquilamente cómo en Velvet ese muchacho tan guapo y esa muchacha tan linda se acostaban sin tener en cuenta que él estuviera casado con otra. O veía cómo una serie transcurría íntegramente en una cárcel de mujeres que también se besaban y se querían y hacían sus cosas, o encajaba sin ningún problema que una señora muy señora se enamorara de un cura muy cura (todo muy en plan regenta).

Parecía que había dado un paso adelante, que había visto cosas nuevas y le habían gustado, pero de vez en cuando, como antes, asoma la patita por la puerta de los productores, que dicen “a ver si no se va a entender bien esta frase, o esta trama, o esta idea”… y la hacen obvia, y hacen que se mastique tanto que pierda la gracia.

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Así, por ejemplo, en una investigación un agente de la guardia civil busca en un restaurante japonés si tienen la lista de reservas. Cuando se la dan, tras revisarla, pregunta.

– ¿En este restaurante tienen sushi?

Y yo, que nací en Bilbao, me crie en Sevilla y vivo en Madrid me quedo con la boca abierta.

Y la señora de Cuenca, que hasta hace nada no había viajado ni había probado cosas nuevas, también.

Hace ya un par de años le abrieron en el barrio un japo y descubrió lo mucho que le gustaban los nigiris de salmón. Desde entonces pide que se los lleven a casa una vez al mes y los disfruta mientras descubre las intrigas de McNulty en The Wire, o lo malo que es Walter White, pero lo mucho que le gustaría que las cosas le salieran bien, o mientras disfruta de ese Miguel Ángel Silvestre tratando de hacer que triunfe el amor por encima de todo aunque no esté casado con su amante, o mientras se emociona de veras con cualquier otra serie en la que la tratan con respeto, como una persona que está en el mundo y que sabe más que lo que muchos directivos de las cadenas creen.

 

Y entonces no hay más remedio

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…y uno sigue escribiendo, o lo intenta. Al menos no lo ve como una condena. Sencillamente sigue hacia delante. Y no es por obcecación, o por falta de temor al fracaso. Sencillamente uno sigue hacia delante porque es el único camino que conoce.

Sigue adelante fraguando proyectos. Pero antes de eso, uno vuelve a leer.

 

Volver a leer

Hace poco he leído algunas cosas que tenía pendientes. Algunos guiones que habían llegado a mi poder por unos medios o por otros. El último, uno sobre el capítulo de Cuéntame sobre el que hablaba en esta entrada. El guión escrito por Jacobo Delgado y Carlos Molinero es sencillamente delicioso. Las páginas van pasando rápidas, inevitables. Uno tiene la sensación de que el guión funciona como un reloj. Al leerlo he recordado este artículo de Ana Sanz-Magallón (autora de Cuéntalo bien, link en Amazon) sobre el tema de la lectura de guiones.

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Lo próximo que voy a leer gracias al colectivo 70 Teclas

Luego he leído de nuevo el guión del capítulo piloto de Breaking Bad (si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí).

Y el guión de uno de los capítulos del Ministerio del tiempo (que Javier Olivares colgó vía twitter).

Para saber cocinar hay que probar muchos platos de comida diferentes en diferentes restaurantes. Para poder escribir, uno tiene que leer. Y si lo que quiere es escribir guiones, tiene que leer y leer y leer y releer y hacer anotaciones y analizar… guiones. No libros de Syd Field ni de McKee. Guiones. En la página de guiones en pdf tenéis un montón que a mí me han servido para ilustrar ejemplos de un montón de cosas. Leedlos si queréis. Además, en esta época de internet, todo es más sencillo. Encontrar guiones interesantes es más sencillo. Encontrar series que ver es más fácil. Buscar contenidos que analizar está tirado. Si queréis escribir, poneos en marcha y empezad a ver cosas y a leer.

Escribir otras cosas

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El nuevo blog en el que estoy escribiendo

Desde hace unos meses he empezado a escribir en un blog diferente. Es un desahogo. En él hablo de cosas pequeñas y de temas de actualidad. Yo, que vengo del periodismo y de la comunicación audiovisual, soy sensible a ciertos temas. Quedárselos dentro es lo peor que uno puede hacer. Así que he escrito sobre todos los pensamientos que se me van quedando clavados dentro en este pequeño nuevo proyecto que he llamado Coleccion De Cerillas. Si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí. Sois más que bienvenidos.

Volver a los proyectos

Otra de las cosas que he hecho últimamente es volver a leer los proyectos que estaba moviendo entre las productoras.

Sinceramente creo que sirven, que son viables, que son interesantes y que aportan cosas. Pero como todo, después de leerlos he hecho alguna modificación, les he lavado la cara, les he cambiado el tono y los tengo dispuestos una vez más en el disparadero.

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¿Cómo conseguirá batman vender su proyecto?

Ahora falta una tercera fase: el Marketing

Si quieres escribir guiones seguro que también quieres que te paguen por hacerlo. Y si quieres que te paguen por hacerlo seguro (pero seguro, seguro) que necesitas alguien que esté dispuesto a pagar por ellos. Por eso, ahora tengo que empezar con la tercera fase del proceso, que es de las más importantes: la del marketing. Tengo que buscar productores que estén buscando historias, proyectos, que quieran vender cosas nuevas en las distintas televisiones. Si sabéis de alguno, soy todo oídos. Si os suena que alguna productora está interesada y buscando nuevos materiales, decídmelo y os lo agradeceré enormemente.

Puede que sea el tiempo de hacer SPAM (o riego por goteo) para encontrar un compañero de viaje (así es como veo el papel de un productor) con el que levantar algo por lo que uno ha luchado tanto.

Así que después del 100, viene el 101, y después el 102. Así hasta no acabar nunca, hasta que el cuerpo aguante. No porque sea un cabezota. Es que sencillamente no conozco otro camino.

 

Un poco de coherencia (o cómo unos tipos duros deben buscar su propia historia)

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Desde hace unas semanas estoy revisando Breaking Bad.

Que es una serie maravillosa, estupenda, que hace que te mueva por dentro, que te hace plantearte dudas acerca del desarrollo humano, de lo bueno y lo malo, de la relación Jekyll-Jekyll, Jekyll-Hyde y Hyde-unpocomenosHyde ya hablé en otras entradas del blog, como esta y esta.

Lo que ahora vengo a contar es más sencillo, más básico. Algo que entra en la lógica de cualquiera que esté haciendo una historia, que la esté tramando, que la esté desarrollando. Los personajes tienen que tener motivaciones, motores, rasgos que los hagan únicos, pero también es muy importante que tengan… matices.

Esto, que parece que cae por su propia base, es todavía más importante cuando la serie en la que se inscriben esos personajes tiene su fuerte en el propio desarrollo y la complejidad de los protagonistas.

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En el comienzo de la tercera temporada de Breaking Bad aparecen los gemelos, que son los primos de Tuco. Mr White, nuestro protagonista, se lo cargó en su momento (o ayudó a cargárselo) y ahora ellos buscan vengarlo. Hasta aquí todo bien. Se nos presentan dos tipos duros. Dos tipos muy duros. Dos tipos super, super, super duros. Hasta que te das cuenta de algo muy obvio: ¿no serán dos tipos demasiado duros? ¿No serán un poco caricatura?

Un personaje bloque, claro, sin matices está bien dependiendo de la historia en la que se inscriba. Nadie le pide a Tarantino que sus personajes sean profundos, que duden de sí mismos, que quieran explicarse el sentido de la vida. Sus personajes son básicos. Son todo acción. Son sólo acción. Uma Thurman sólo quiere hacer una cosa en Kill Bill: tachar nombres de su lista. Cargárselos a todos.

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Django no busca la libertad. Busca Venganza. Lo mismo que tantos otros personajes de Tarantino.

Walter White no tendría nada que hacer en una peli de Tarantino. Y quizás por lo mismo, los gemelos asesinos de Breaking Bad chirrían en la serie. Y ahora que lo pienso, puede que haya otros personajes que están poco desarrollados (Hank, el cuñado policía, por ejemplo), pero cantan siempre mucho menos que estos dos tipos duros que parecen estar buscando su propia película.

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Como dice el narco Gus: – Esa gente no es normal. Son animales.

La historia es la de un tipo que…

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Si empiezas a explicar tu guión la mejor manera es centrarte en un personaje, tenerlo claro, y  a través de él, de sus ojos, contar todo lo demás.

Tu historia puede ir de una catástrofe, de una desigualdad, de un atentado, de una búsqueda, pero siempre hay que tener claro un personaje principal.

Si tu historia es coral cada “sección” de tu guión tiene que tener un protagonista claro. El ejemplo que me viene a la cabeza es el de Short Cuts, de Robert Altman (aunque tiene ya un montón de años es muy válido). Esta película, para entendernos, es como una colección de cortometrajes entrelazados. Se cuenta la historia de una madre que pierde a su hijo, la de un hombre frustrado en su vida familiar, la de un voyeur… Cada historia tiene su protagonista y cada protagonista nos lleva por su propio camino para que veamos con él cuál es su historia.

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El protagonista es el tipo con el que nos identificamos. No tiene por qué tener un objetivo noble o bueno. Simplemente es nuestro hombre, el tipo con el que vamos a pasear durante un rato. De alguna manera vamos a ser él. Vamos a vivir como él. Vamos a tener sus problemas. Vamos a sentir sus fracasos y disfrutar de sus logros.

Mientras tanto, el resto de personajes van a estar a su disposición. Lo van a putear, a querer, a hacerle la vida más fácil, a traicionar, a odiar, a hacer que se tropiece, que se levante, que se caiga… Cuanto peor lo pase nuestro tipo, mejor, más divertido va a ser sacarlo de esas situaciones, más emociones va a vivir y con ello más emociones va a vivir el espectador. De eso hemos hablado hace poco aquí.

Una situación de que el protagonista es el tío al que todos bailan el agua la vi recientemente en el último capítulo de la serie Vive Cantando, de la productora Doble Filo.

La disposición de la última escena era algo parecido a esto

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A que no sabéis quién es el prota de la historia

 

En el centro estaba el protagonista, Juanjo (José Luis García Pérez, un actorazo, por cierto) y a su alrededor estaban tooooodos los demás. Uno a uno iban cerrándose todas las cuestiones que estaban abiertas, y todas, de uno u otro modo, estaban relacionadas con él. Así quedaba claro que el personaje más importante era él y que el resto estaba allí casi como excusa para hacerle vivir su viaje particular (ponerle en dificultades, hacerle decidir, dudar, facilitarle las cosas…). Todo se construye a su alrededor.

No voy a desvelar más acerca de Vive Cantando. Vedla, que merece la pena. Tiene cosas muy bien trabajadas, muy chulas, y situaciones interesantes. Se nota la mano de sus autores (Darío Madrona, Mariano Baselga y Paula Fernández, que tienen, entre todos, siete u ocho proyectos que han sido grandes éxitos)

Si te preguntan de qué va tu historia y empiezas: “Va de un tío que…” la cosa va bien.

Si tienes claro el personaje principal tienes mucho ganado.

La vida de un guionista principiante en 24 gifs

Todo guionista novel se ha encontrado alguna vez en estas circunstancias.

Como crees que será la vida de guionista antes de empezar

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Cuando comienzas a escribir tu guión

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Cuando reescribes tu guión por primera vez

reescribiendo guion

Después de arreglar tu guión por octava vez

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Recibiendo consejos de un guionista experimentado

recibiendo consejo

A lo que todo guionista principiante dice…

respondiendo sin saber

Lo que crees que es tu guión

tu guion

Lo que parece en realidad tu guión

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Cuando llamas la primera vez a una productora

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Cuando llamas por cuarta vez a una productora

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Cuando llamas por séptima vez a una productora

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Cuando terminas de llamar a todas las productoras y no te ha contestado ninguna

lonelylostLo que dicen tus amigos de tu guión

tumblr_lt7hy3XSjQ1qe0eclo1_r26_500Lo que opinan tus padres de tu guión

tus padres guion

Lo que opina un productor cualquiera de tu guión

thedarkknightLo que el productor piensa en realidad de tu guión

tumblr_leimsh3O7U1qe0eclo1_r1_500Relación habitual entre productor y guionistas

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Cuando tratas de demostrar que eres un guionista versátil

guionista versatil

Por fin te llaman de una productora. Así te ves tú en la primera reunión con un productor

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Como te ve el productor al entrar en su despacho por primera vez

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Cuando rechazan por primera vez tu proyecto

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Cuando crees que es imposible trabajar de guionista

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Guionistas ante un contrato de trabajo estable

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Cuando finalmente te te dicen que sí a un proyecto

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