12 diferencias entre los clásicos Disney y los cuentos tradicionales

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Hacer una adaptación siempre es una tarea compleja. Tienes que resumir tramas, dar unidad, lograr que las motivaciones de los personajes sean claras y hacer posible que los eventos que suceden en las historias tengan su razón de ser. Repasando algunos de los cuentos originales en los que se basaron las historias de princesas de Disney nos podemos encontrar con varias diferencias interesantes. Nos hemos centrado en tres de estas adaptaciones (Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente), pero en el resto de historias de Disney encontraríamos muchas cosas más.

Cenicienta

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Cenicienta es la historia de una chica de buena familia cuya madre muere. Su padre se casa con una mujer mala, malísima que tiene dos hijas. Después, el padre muere y la madrastra se porta fatal con ella, la trata como a una criada y la despoja de cualquier estatus social. Esa es al menos la versión de Walt Disney, la que todos conocemos. Pero el cuento original cuenta otra historia ligeramente distinta.

Para empezar, la primera diferencia es que el padre de Cenicienta no muere en ningún momento en el cuento tradicional, simplemente se desentiende de ella. La madrastra le hace mil perrerías y la degrada a sirvienta-esclava y al padre le da absolutamente igual. Una cosa es que en la época las tareas del hogar y el cuidado de los hijos no estuviera repartido igual entre hombres y mujeres, pero otra cosa es que una hija coma de sobras y duerma en un establo y al padre le importe un rábano.

¿Os acordáis del hada madrina? ¿Esa mujer regordeta que andaba cantando por ahí su “shalakabula” y moviendo la varita mágica? Pues nada de eso, quien le da a Cenicienta todos sus vestidos y sus zapatos son los pájaros y un árbol mágico que ella misma había plantado.

Sangre por todas partes

Pero la diferencia más brutal tiene que ver con el gore (cosa que me apuntó Lidia Fraga en su momento). Las hermanastras, cuando tienen la oportunidad de probarse el zapato para ser la elegida, al ver que no les entra, cogen un cuchillo y se amputan (sí señores, se amputan) los dedos de los pies y el talón respectivamente. Animadas, eso sí, por su madre (“chica, córtate los dedos, que total, qué más da”, les dice a sus hijas con buen juicio la amable señora). La primera hermana logra engañar al príncipe, que la sube a la grupa de su caballo y sólo repara en que algo va mal cuando ve el chorreo de sangre que van dejando como rastro. Después es la segunda hermana la que engaña al heredero al trono (que debía ir bien bebido a su fiesta para ir confundiendo doncellas de esa manera) y desenmascara a la impostora cuando ve que el camino parece más propio de Carrie que de un cuento tradicional.

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Algo así tuvo que pasar en el salón de Cenicienta según el cuento

Finalmente Cenicienta se prueba el zapato y le viene que ni pintado (¿qué calzaba, un 32? ¿qué edad tenía esa muchacha?). En la boda, ella perdona a sus hermanastras, pero los pájaros, que eran muy amigos de cenicienta, no y les pican en los ojos a las hermanas hasta dejarlas ciegas. Todo muy constructivo y apto para todos los públicos.

Resumiendo

  • El padre de Cenicienta no muere, simplemente pasa de su hija
  • El hada madrina no existe
  • Las hermanastras se amputan los dedos y el talón para conseguir que les entre el zapato
  • Las hermanastras son atacadas por pájaros en la boda (una verdadera precuela de la peli de Hitchcock)

Blancanieves

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La madrastra de Disney encarga el asesinato de Blancanieves a un cazador. Como este le falla ella se disfraza de anciana vendedora y se la carga con la consabida manzana envenenada. Una efectividad que ni León el profesional. Ahora bien, en el cuento la madrastra es más torpona. Intenta matar a Blancanieves primero con lazo (la cree muerta, pero los enanitos la salvan), luego con un peine (sucede exactamente lo mismo) y al final con la manzana de marras (con la que finalmente logra su objetivo). Con este asesinato en tres actos da la impresión de que la madrastra era más tenaz que una opositora a la administración pública y que Blancanieves era más bien una inconsciente que buscaba que la matasen.

Ni beso ni barranco

¿Os acordáis de ese príncipe que se enamora de una muchacha muerta (lo cual es un poco WTF) que está metida en una urna y le planta un beso de amor y la muchacha se despierta? Pues nada de eso. El príncipe, al ver a Blancanieves (que tenía, ojo, unos trece o catorce años) inerte, metida en su urna de cristal, le parece “una criatura bellísima”. Le pide a los enanitos llevársela a su castillo para, así, admirarla a diario (aquí hay subtexto para dar y regalar, pero lo que les pide es exactamente esto). Cuando la están transportando, con los baches del camino, expulsa el trozo de manzana envenenada que se le había quedado atravesada en la garganta. Entonces es cuando la muchacha se despierta, suponemos que sorprendida al verse metida en un ataúd en plan Kill Bill, aunque sea de cristal.

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Concéntrate, Blancanieves

Por supuesto, hay una boda. La madrastra se entera, y al ver a Blancanieves casándose (y ver lo guapísima que está) se marcha del reino ofuscadísima y nunca más se sabe de ella. Así que no muere cayendo por un precipicio mientras es perseguida por unos enanos que buscan venganza. Sencillamente hace las maletas y se larga a algún otro sitio en el que sea la más guapa del lugar.

Resumiendo

  • Hay varios intentos de asesinato por parte de la madrastra
  • No hay resurrección por beso
  • La madrastra no muere despeñada, sino que decide emigrar

La bella durmiente

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Hay trece hadas en el reino, pero el rey no tiene un cubierto de oro para todas, así que decide, al buen tuntún, dejar a una fuera de la celebración por el nacimiento. Ésa hada maldice a la bella y dice que morirá cuando se pinche con una rueca al cumplir quince años.

En la película de Disney no hay tanta hada por allí volando. Son sólo tres las invitadas. Cuando Maléfica se presenta en la fiesta por el nacimiento de la princesa los reyes no pueden alegar nada. Es evidente que no la han invitado porque no han querido, no porque la vajilla se les haya quedado corta. Así que maldice igualmente al bebé.

Colectivización del sueño

Se da la orden de destrozar todas las ruecas del reino, pero por pura casualidad (según el cuento) había una en el propio castillo y es con ella con la que se pincha la princesa y se queda dormida. Todos se quedan dormidos durante cien años sin que medie ningún hechizo por parte de las hadas regordetas y buenas. Sencillamente se duermen. El castillo queda cubierto por unos rosales impenetrables. Hay príncipes extranjeros que, queriendo conocer más acerca de esta historia, pretenden atravesar los rosales. ¿Creéis que lo logra alguno en 99 años y 364 días? Efectivamente: no. Todos mueren enzarzados. Se quedan atrapados allí y mueren. No quiero imaginarme la agonía de esos príncipes, porque tampoco queda narrada en el cuento original, pero seguro que muy agradable no fue.

Maléfica
No, esto no tiene mucho que ver con el cuento original

Ahora bien, cuando llega el último día de la maldición, un príncipe atraviesa el rosal (tenía que estar trufadito aquello de cadáveres) y entra al castillo. Alcanza la habitación donde la princesa estaba dormida y esta se despierta. Sí, justo en ese momento. Y no, no hay besos ni nada que se le parezca. Lo que sí que hay es una boda al final, vaya a saber usted por qué.

Resumiendo

  • Trece hadas en vez de cuatro
  • No hay una lucha entre el hada malvada y ningún príncipe. Ella echó su maldición gitana y se quitó de en medio. No vuelve a aparecer.
  • El hada mala no tiene nada que ver con la rueca con la que se pincha la princesa
  • Decenas de príncipes mueren entre los espinos del castillo
  • No hay resurrección por beso

Si queréis leer versiones de los cuentos originales aquí tenéis los enlaces:

Cenicienta

Blancanieves

La bella durmiente

 

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The lady from Cuenca

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Ya se ha superado una etapa en el audiovisual español. Ahora nos estamos dirigiendo a un público más adulto, más preparado. Los clichés de otra época ya no sirven. Hemos pasado por encima de un tiempo en el que el modelo estaba obsoleto. Podemos tratar al espectador de tú a tú.

Frases como estas han estado llenando las páginas (web) relacionadas con el mundo de la tele desde hace unos años a esta parte. Con la llegada de series novedosas (en España), de productos pensados para el consumo masivo que no respetaban los estándares que había hasta entonces (en España) se dio por concluido el reinado absoluto de las series pensadas para un ser aparentemente intrascendente pero de un poder casi sobrehumano: la señora de Cuenca.

La señora de Cuenca era esa mujer a la que hacían referencia los productores para indicar que los productos tenían que ser más entendibles. En una reunión con un productor aparecía siempre asomándose por el quicio de la puerta.

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Como esto, pero sin que parezca que haya nacido en Leeds y se llame Margaret

“Si yo lo entiendo perfectamente. Es un giro arriesgado, super interesante, pero tiene que entenderlo todo el mundo. Tiene que entenderlo UNA SEÑORA DE CUENCA”.

La señora de Cuenca (ya se sabe) era un poco medio lerda, tenía poco mundo, le encantaban las películas de Paco Martínez Soria, el telecinco de Raúl Sénder y Cruz y Raya (que eran muy gamberros), veía en su momento Tómbola y le gustaban las cosas que pudiera entender (así lo cuenta Alberto Rey, en el Mundo). Como no había viajado mucho, pues no le gustaban cosas raras. Nada demasiado violento, ni demasiado sexual, ni demasiado explícito, que los malos fueran malos y los buenos fueran guapos, lindos, un poco tontorrones y graciosos. Si podían tener problemas de amores, que no hubiera cuernos de por medio (porque en Cuenca, ya se sabe, no gusta lo de los cuernos ni la violencia ni el sexo).

Después han ido saliendo series y programas que parecían haber enterrado a esta señora. O ya no importaba demasiado o los directivos de las cadenas se habían dado cuenta de que la señora de Cuenca era mucho más arriesgada de lo que pensaban. Quién sabe, lo mismo había viajado y había probado nuevas cosas, nuevas comidas, nuevas experiencias. Había visto nuevos amaneceres, se había subido en un autoligero, había hecho parapente y escalada, incluso puenting (cosas que se ofrecían en Groupon, ya se sabe). La señora de Cuenca ya había empezado a ir a clases de inglés y veía cosas que llegaban de la BBC que el hijo que estudiaba en Madrid (= La Meca) se había descargado de internet. Y oye, le gustaba, (ya lo cuenta Ángela Armero en esta entrada de Bloguionistas). Quién se lo iba a decir cuando lo que más le apetecía del mundo era “Farmacia de Guardia” (para dentro, Romerales), “Médico de familia” y “Lleno por favor”.

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Ahora veía tranquilamente cómo en Velvet ese muchacho tan guapo y esa muchacha tan linda se acostaban sin tener en cuenta que él estuviera casado con otra. O veía cómo una serie transcurría íntegramente en una cárcel de mujeres que también se besaban y se querían y hacían sus cosas, o encajaba sin ningún problema que una señora muy señora se enamorara de un cura muy cura (todo muy en plan regenta).

Parecía que había dado un paso adelante, que había visto cosas nuevas y le habían gustado, pero de vez en cuando, como antes, asoma la patita por la puerta de los productores, que dicen “a ver si no se va a entender bien esta frase, o esta trama, o esta idea”… y la hacen obvia, y hacen que se mastique tanto que pierda la gracia.

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Así, por ejemplo, en una investigación un agente de la guardia civil busca en un restaurante japonés si tienen la lista de reservas. Cuando se la dan, tras revisarla, pregunta.

– ¿En este restaurante tienen sushi?

Y yo, que nací en Bilbao, me crie en Sevilla y vivo en Madrid me quedo con la boca abierta.

Y la señora de Cuenca, que hasta hace nada no había viajado ni había probado cosas nuevas, también.

Hace ya un par de años le abrieron en el barrio un japo y descubrió lo mucho que le gustaban los nigiris de salmón. Desde entonces pide que se los lleven a casa una vez al mes y los disfruta mientras descubre las intrigas de McNulty en The Wire, o lo malo que es Walter White, pero lo mucho que le gustaría que las cosas le salieran bien, o mientras disfruta de ese Miguel Ángel Silvestre tratando de hacer que triunfe el amor por encima de todo aunque no esté casado con su amante, o mientras se emociona de veras con cualquier otra serie en la que la tratan con respeto, como una persona que está en el mundo y que sabe más que lo que muchos directivos de las cadenas creen.

 

y 100

100

Llevo mucho sin escribir por aquí.

La razón es que, después de haber publicado la última entrada me di cuenta de que la siguiente sería la número 100 y sentí la responsabilidad de querer hacer algo especial para esta ocasión.

La número 100 no podía ser una entrada cualquiera que hablase de Breaking Bad o de los guiones de Cuéntame o de cualquier serie que estuviese teniendo un éxito notable.

No podía escribir, por mucho que me apeteciera, de las nuevas series que me parecían excelentes, como por ejemplo Refugiados, ni de las nuevas tendencias de la tele en España ni en el extranjero. Era la entrada número 100. No podía gastar esa bala con cualquier cosa.

Por supuesto escribiré sobre nuevas series de aquí y de allí. A casi todo lo nuevo le debo una pensada y ponerme escribir. Se están haciendo cosas demasiado buenas como para ignorarlas. Ángela Armero (@armero00 en twitter), entre otros, habla de una nueva tendencia gracias a El Príncipe, a Sin Identidad y a tantas nueva producciones que están haciendo posible que cada nueva serie se espere con ilusión, no como una nueva versión de lo mismo de siempre.

Pero esta vez tenía que escribir sobre otra cosa. Tenía que hacer algo especial.

La guardia real británica saluda la entrada nº 100 de Una Página Un Minuto

 

Lo que ha sucedido es que me ha resultado difícil encontrar ese “algo especial”. Porque, entre otras cosas, me ha venido lo que David Muñoz (en twitter @DMPguionista) definió atinadísimamente en esta entrada de bloguionistas: la bajona.

¿Qué hace alguien que quiere dedicarse a escribir? Sencillo: escribe

La suya tenía que ver con una serie de circunstancias que se le juntaron: había escrito una serie que le había gustado mucho y había sido un sonado fracaso, no sentía ilusión a la hora de emprender un nuevo trabajo… bueno, a mí me ha pasado algo así, con la diferencia de que no me dedico profesionalmente al tema de guión, pero quiero.

¿Y qué es lo que hace alguien que quiere dedicarse a escribir guiones para ser pagado a cambio? Pues escribir guiones, hacer proyectos, tramar historias y lanzarlo al aire, es decir, a las productoras.

Quien sigue el blog sabe que tengo trabajo, niños, familia y una vida ajetreada en general. Sobre las dificultades que tengo para escribir ya conté algo por aquí. Pero con todo y con eso uno hace todo lo posible para lograr que el mundo se detenga, encuentra su hueco y escribe con toda la ilusión del mundo. No tienes tiempo, pero te levantas a las seis de la mañana. No tienes fuerzas, pero a la hora de comer empleas 30 minutos en pulir detalles. No sabes maquetar, pero te haces un curso de InDesign para hacer la presentación más espectacular posible de tu proyecto. Así, al cabo de varios meses de trabajo (intermitente pero muy duro), quitándote de cosas que te gustan, dejando de lado el ocio para trabajar y trabajar y trabajar, tienes por fin un proyecto.

La realidad es una mezcla de palabras bonitas y puertas cerradas

Entonces lo lanzas. Escribes a un sitio y a otro. Y te encuentras de bruces con la realidad.

Y la realidad está llena de bellas palabras y puertas cerradas. Las bellas palabras te dicen que está muy bien escrito, que tiene muy buena pinta, que merece un montón la pena. Las puertas cerradas niegan todo lo anterior. Dicen: es una serie muy de nicho, no es el proyecto que estamos buscando, estaría genial para una productora de otro tipo, pero no para la nuestra.

Dos certezas y una duda

No es que haya escrito a todas las productoras del mundo. Lo que he hecho ha sido remitirme a productoras de referencia. Han sido tres o cuatro, pero en todas ellas la respuesta ha sido la misma, y eso me ha desanimado.

Levantar un proyecto. Definición gráfica

 

A estas alturas tengo dos cosas claras y una duda enorme. Las dos cosas que tengo claras son: 1) sé que puedo trabajar de esto, que valgo para ello y 2) que es muy complicado. La duda es si tendré la perseverancia necesaria para seguir intentándolo, para no abandonar, para luchar una y otra vez, para no desanimarme con cada puerta que se cierra, para seguir, para seguir, para seguir hasta que alguien, una productora, una cadena o quien sea, me diga que le interesa lo que he escrito (o que no le interesa exactamente eso, pero que le intereso yo como colaborador).

Sinceramente no sé si llegaré a trabajar alguna vez de lo que escriba, pero tengo la certeza de que siempre seré guionista. Es una manera de ver el mundo. Es mi manera de enfrentarme al mundo. Y eso no se puede cambiar aunque intentes negártelo con todas tus ganas.

No renuncies a la magia

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NOTA: Esta entrada contiene espoilers emocionales de Birdman, si no la has visto, ve a verla y luego regresa por aquí 😉

Un guión es una sucesión de escenas que te llevan de un punto A a un punto B.

Nos cuenta qué es lo que le sucede a un personaje, cuál es su viaje, cómo renuncia a unas cosas, cómo se aventura hacia otras. Siempre hay un reto. Siempre hay un objetivo.

En esencia, un guión es la historia sobre si un personaje consigue o no consigue ese objetivo (la chica, la joya escondida en mitad de la selva, salvar su matrimonio, conseguir el título universitario de baloncesto, salvar un edificio del desahucio, destapar una trama de corrupción, entregar el microfilm, evitar que el meteorito impacte en la tierra, volver a vivir el amor, completar la vuelta al mundo en barco, evitar que sus padres se divorcien, matar al monstruo, descubrir al asesino). Casi cualquier historia es posible. Sólo tiene que tener un buen gancho, que nos interese, que nos llame la atención, y que nos mantenga pegados a la pantalla. Hay una cuenta de twitter que se llama PELB (Pegamento En La Butaca). Pues eso, el objetivo es hacer que el espectador se mantenga así, pegado a la butaca, al sillón o donde sea que esté viendo algo que hemos escrito nosotros.

En el transcurso de este viaje no podemos permitirnos ni un momento de aburrimiento. No estoy hablado de que no haya escenas de transición. Tiene que haberlas para servir de puente entre unas escenas y otras y también para que entendamos la importancia de lo que está por venir.

Cualquier escena tiene que tener un sentido, tiene que significar algo, y ese algo tiene que tener que ver de alguna manera con la trama.

Una cosa es no aburrir y otra cosa es renunciar a la magia que rodea nuestra historia

Pero cometeríamos un error (y de los grandes) si para conseguir este ritmo renunciáramos a contar otras cosas, ese “algo más” que, como diría aquel, se esconde en los detalles.

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Mercè Clasca, una de las mejores profesoras de guión que conozco, me solía decir: “el cine ama los detalles”. Da en el clavo.

Nuestra historia puede contar cómo un personaje hace el viaje desde el punto A al punto B, pero si no cuenta matices, si no nos hace querer a los personajes, si no nos involucra a través de los detalles, estaremos ante una película zafia.

Muchas veces los detalles se desvelan al despistarse un poco del camino que hacen los personajes para lograr su objetivo. Ahí es donde podemos encontrar escenas que, aunque no tengan que ver directamente con la búsqueda en sí, pueden ser las que más recordemos al cabo de un tiempo, las que más nos nombren en esas películas.

Un ejemplo: Birdman

Cada uno recordará Birdman por alguna cosa (además de por la pirueta técnica del plano secuencia infinito). Unos por la escena de Michael Keaton en calzoncillos en pleno Times Square, otros por su capacidad por mover objetos sin tocarlos, por las elipsis maravillosas, por la relación entre los personajes principales…

Yo recordaré Birdman (escrita por Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo) por dos escenas (las transcribo).

Un poco de Background

Riggan es un actor de películas de gran éxito de público. Ha interpretado a un superhéroe hace años y ahora ha decidido hacer una obra de teatro para demostrarse a sí mismo que no es un actor de medio pelo, sino un artista de verdad. Contrata a Mike, un actor de raza (un poco loco) para un papel importante en la representación. Discuten a menudo mientras preparan la obra.

INT. PASILLOS DEL TEATRO – NOCHE

Riggan y Mike discuten. El pasillo se convierte en un laberinto de luces bajas, de tuberías. Los seguimos. Suena música de batería, desnuda, sin adornos. De pronto, al asomarnos a uno de los camerinos, vemos, de hecho, un baterista negro tocando su batería. Ni Mike ni Riggan hacen caso. Continúan discutiendo como si tal cosa.

Por qué esta escena me parece flipante

  • Porque muestra y no muestra.
  • Porque muestra cosas que están dentro del personaje.
  • Porque me sacude por dentro.
  • Porque es un recurso fantástico para conocer mejor a Riggan, sus miedos, sus angustias son como un solo de batería constante.
  • Porque hace que esté más atento a todos los detalles durante el resto de la película. ¿Será realidad lo que vivo, lo que veo? ¿Será ficción? ¿Será una invención de Riggan?

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La otra escena es un diálogo.

Un poco de Background

Sam es la hija de Riggan. Acaba de salir de un centro de rehabilitación. Fuma en la azotea del teatro junto con Mike, el actor medio loco. Mike y Sam han conseguido tener una relación especial, diferente, directa, franca. Ella es un ave herida que quiere volar de nuevo (pero sin llamar la atención). Él se siente solo, débil, sin poder lejos de un escenario.

En una escena anterior, jugando a “atrevimiento o verdad” (“truth or dare”) Mike le ha confesado que tiene disfunción eréctil.

EXT. AZOTEA DEL TEATRO – DÍA

Vienen retomando la conversación que han tenido anteriormente. Están los dos a gusto. Después de un rato corto…

MIKE

¿Que es lo peor que te ha hecho tu padre?

Sam se sorprende por la pregunta. Piensa un momento.

SAM

Nunca estaba cerca.

MIKE

¿Eso es lo…?

SAM

No. A quién le importa… Era la manera que tenía de intentar
disculparse después intentando convencerme de que yo era
realmente especial (silencio) ¿Y a ti?

MIKE

¿Mi padre?

SAM

Sí.

MIKE

Hacía como que era mi padre.

Sam se queda mirando al cielo. Silencio.

SAM

¿Y ahora qué?

MIKE

Ni idea.

Silencio

MIKE

Supongo que tenía razón

SAM

¿Sobre qué?

MIKE

Sobre lo de que eres especial. Andas por ahí intentando hacerte
la invisible bajo esa absurda y estúpida rutina de mierda que tienes.
Pero no puedes. Eres de todo menos invisible. Eres una barbaridad,
como un fuego que no para de arder y no hay ni pastillas ni alcohol que
puedan esconder eso.

Sam coge el cigarrillo de Mike y lo tira por el balcón. Lo besa. Mike la besa también.

VOZ DE HOMBRE
(desde abajo)

¡Joder!

Sam se retira de golpe.

SAM
Menos mal que eres actor y no escritor, porque lo que acabas de decir
era algo como… Oprah… Hallmark…
Lo besa levemente una vez más. Se dirige hacia la puerta de entrada al teatro. Antes de salir se detiene.
SAM (CONT.)
¿Atrevimiento o verdad?
MIKE
Verdad.
SAM
No.
MIKE
Verdad.
SAM
No. ¿Atrevimiento o verdad?
Sonríe muy poquito al salir por la puerta. Después de una pausa corta… Mike la sigue
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Truth or dare?
Truth
No
Truth
No. Truth or dare?
Es un momento mágico. Y a la magia no podemos renunciar nunca.

Personajes que pueden ser héroes y villanos

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Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

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En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

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Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

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En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.

La historia es la de un tipo que…

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Si empiezas a explicar tu guión la mejor manera es centrarte en un personaje, tenerlo claro, y  a través de él, de sus ojos, contar todo lo demás.

Tu historia puede ir de una catástrofe, de una desigualdad, de un atentado, de una búsqueda, pero siempre hay que tener claro un personaje principal.

Si tu historia es coral cada “sección” de tu guión tiene que tener un protagonista claro. El ejemplo que me viene a la cabeza es el de Short Cuts, de Robert Altman (aunque tiene ya un montón de años es muy válido). Esta película, para entendernos, es como una colección de cortometrajes entrelazados. Se cuenta la historia de una madre que pierde a su hijo, la de un hombre frustrado en su vida familiar, la de un voyeur… Cada historia tiene su protagonista y cada protagonista nos lleva por su propio camino para que veamos con él cuál es su historia.

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El protagonista es el tipo con el que nos identificamos. No tiene por qué tener un objetivo noble o bueno. Simplemente es nuestro hombre, el tipo con el que vamos a pasear durante un rato. De alguna manera vamos a ser él. Vamos a vivir como él. Vamos a tener sus problemas. Vamos a sentir sus fracasos y disfrutar de sus logros.

Mientras tanto, el resto de personajes van a estar a su disposición. Lo van a putear, a querer, a hacerle la vida más fácil, a traicionar, a odiar, a hacer que se tropiece, que se levante, que se caiga… Cuanto peor lo pase nuestro tipo, mejor, más divertido va a ser sacarlo de esas situaciones, más emociones va a vivir y con ello más emociones va a vivir el espectador. De eso hemos hablado hace poco aquí.

Una situación de que el protagonista es el tío al que todos bailan el agua la vi recientemente en el último capítulo de la serie Vive Cantando, de la productora Doble Filo.

La disposición de la última escena era algo parecido a esto

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A que no sabéis quién es el prota de la historia

 

En el centro estaba el protagonista, Juanjo (José Luis García Pérez, un actorazo, por cierto) y a su alrededor estaban tooooodos los demás. Uno a uno iban cerrándose todas las cuestiones que estaban abiertas, y todas, de uno u otro modo, estaban relacionadas con él. Así quedaba claro que el personaje más importante era él y que el resto estaba allí casi como excusa para hacerle vivir su viaje particular (ponerle en dificultades, hacerle decidir, dudar, facilitarle las cosas…). Todo se construye a su alrededor.

No voy a desvelar más acerca de Vive Cantando. Vedla, que merece la pena. Tiene cosas muy bien trabajadas, muy chulas, y situaciones interesantes. Se nota la mano de sus autores (Darío Madrona, Mariano Baselga y Paula Fernández, que tienen, entre todos, siete u ocho proyectos que han sido grandes éxitos)

Si te preguntan de qué va tu historia y empiezas: “Va de un tío que…” la cosa va bien.

Si tienes claro el personaje principal tienes mucho ganado.

Todo lo que empieza bien… tiene que acabar mal (y viceversa)

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Si una escena empieza muy bien, con dos personajes que son muy amigos de subidón, en mitad de una fiesta y en un momento de esos de exaltación de la amistad, no te extrañe que acabe todo a tiros, o que uno de ellos le confiese que se ha acostado con la novia del otro o que pase cualquier otra cosa y todo cambie. Su amistad puede que no, pero el momento de alegría se habrá acabado para siempre.

Sencillamente, la gran mayoría de las películas siguen la máxima de la variación emocional para provocar avances en la historia, o simplemente para mover al espectador mientras la acción sigue hacia adelante.

Es muy habitual, por ejemplo, que den una mala noticia cuando están todos en un baile, cuando se vaya a celebrar un cumpleaños o cuando el chico y la chica por fin parece que van a besarse.

Ejemplos claros de este tema hay en casi todas las películas, en casi todas las series. Si nos fijamos, casi todas las escenas de las historias que vemos siguen algunas de estas estructuras:

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normal cambio

 

Si la escena pasa de ‘Bueno, aquí estamos’ a… ‘Bueno, aquí estamos’ no conseguiremos mover emocionalmente nada. Logrando de nuevo el famoso momento…

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¿qué me estás contando?

En la serie Gomorra hay un caso estupendo de evolución de bien a mal.

SECUENCIA 1. El contable de un mafioso decide ‘tomar prestado’ dinero de su jefe para una operación propia. Tiene una mujer que le quiere con un hijo en camino y una hijastra que le adora. Nadan en la abundancia y ahora quiere tener una inversión que le beneficie a él (pero empezada con dinero de otro).

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El mafioso en cuestión, el señor Savastano

 

SECUENCIA 2. La mujer del mafioso se da cuenta de que hay movimientos de dinero que no ha autorizado y le pide explicaciones al contable.

SECUENCIA 3. El contable intenta recuperar la inversión y que no se note nada, pero la inversión ha salido mal. No va a tener dinero para hacer frente. Además, un inspector de hacienda está investigando esas cuentas.

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El contable que ha intentado el timo

 

SECUENCIA 4. El contable intenta ganar tiempo con la mujer del mafioso, pero ella se da cuenta del engaño.

SECUENCIA 5. Asediado, el contable intenta, a la desesperada, sobornar al inspector de hacienda que lo denuncia. El cerco se estrecha y se acerca al dinero del mafioso.

SECUENCIA 6. La mujer del mafioso le ordena ‘por el bien de su familia’ (ole ahí la amenaza) que se suicide. Así, el caso con hacienda se archivará, el dinero pasará a su mujer y la familia del mafioso recuperará el dinero.

Immacolata-Savastano
La mujer del mafioso

 

SECUENCIA 7. El contable se tira por la ventana.

Hemos pasado de estar estupendamente, felices y con unas perspectivas de futuro preciosas (familia, éxito, dinero, todo muy limpio, todo muy primaveral) a tirarse de un octavo piso y morir.