Decir qué somos y qué queremos

Poner en boca de un personaje quién es y qué quiere es una buena manera de poner un colofón a una serie.

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Ya lo hemos oído un buen puñado de veces: es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice (podéis encontrar una entrada al respecto aquí), pero muchas veces hacer es decir, y en gran cantidad de veces, lo que se dice y lo que se hace entran en conflicto y posibilitan que se enriquezca lo que queremos contar.

Es un poco como el marciano de Mars Attack cuando iba caminando por un campo de batalla diciendo “venimos en son de paz, somos amigos” y mientras tanto iba cargándose a gente con su pistola de rayos láser.

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Un guión es un conjunto de acciones puestas en orden y muchas veces, para hacer que avance una trama, los personajes hablan.

los personajes se tiran hablando y haciendo cosas durante temporadas enteras de una serie. Y siempre, siempre, siempre, sus acciones los llevan hacia un determinado punto que, visto con perspectiva, resulta ser inevitable. Es algo así como la conversación final entre Walter White y su mujer.

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INT. COCINA CASA DE SKYLER – DÍA

Skyler, sentada, acaba de colgar el teléfono a su hermana, que le avisaba de que Walter podía estar en la ciudad. Los dos se miran. Es la última vez que hablarán, que se verán. Los dos lo saben.

WALTER: Lo que hice, lo hice…

SKYLER: Como vuelvas a decir una vez más que lo hiciste por la familia

WALTER: Lo hice por mí. Me gustaba. Era bueno haciéndolo. Me daba poder. Disfrutaba.

Después de cinco temporadas, ese profesor de química, ese genio venido a menos que se mete a traficante de drogas admite y asume sus motivos, sus intenciones, sus razones para actuar así. En medio ha matado, traicionado, manipulado, destrozado la vida de su familia y de la gente a la que quiere… todo porque necesitaba hacer algo en lo que fuera bueno y sentirse respetado y con poder (I’m the one who knocks, you now, baby).

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El caso de Sex and the city

Este caso es claro, pero todavía más claro es el de Sex and the city. Estábamos viendo hace poco en casa la última temporada de la serie y en mitad de uno de los capítulos mi mujer me dijo:

– Pobrecita, si Carrie lo único que quiere es que la quieran. Nada más.

Pues bien, después de un novio, y de otro novio, y de un desamor, y de otro, y de mudarse de país (o de planeta), y de renunciar a toda su vida y luego echarla de menos… Después de un sinfín de paseos por Madison Avenue, de los inviernos en Central Park, de aconsejar a sus amigas, de recibir consejos de ellas en las aproximadamente 104.632 ocasiones en las que se reúnen para comer, cenar, salir de copas, tomar un café o lo que sea… Después de 6 temporadas en las que busca y se busca, en las que describe su gusto por los zapatos Manolo Blahnik y aparece con los modelos más extravagantes… después de todo eso Carrie Bradshaw, en una de las últimas secuencias de la serie se marca un speech en el que cuenta quién es y qué quiere.

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Es casi como si estuviéramos oyendo hablar al creador de la serie, Darren Star, en una sesión de pitch antes de que Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda fueran algo más que garabatos en un papel.

INT. SUITE DE HOTEL PARÍS – NOCHE

Carrie y Alexander frente a frente. Discutiendo. Ella se siente sola y triste después de haber sido “abandonada” esa noche por su novio.

CARRIE: Quizá sea el momento para dejar claro quién soy yo. Soy alguien que está buscando el amor. El amor de verdad. Un amor que pueda parecer ridículo, que consuma, que asfixie… un amor sin el que sea imposible vivir. Y no creo que ese amor que yo busco esté aquí, en esta suite tan cara de este hotel precioso en París

Os dejo la escena por aquí https://www.youtube.com/watch?v=q0bgy7T_Scs

Si queréis saber más de Carrie alguien se ha tomado la molestia de hacer una entrada sobre ella en la Wikipedia, pero la versión en inglés es mucho más extensa, con un listado completo de relaciones de pareja.

12 diferencias entre los clásicos Disney y los cuentos tradicionales

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Hacer una adaptación siempre es una tarea compleja. Tienes que resumir tramas, dar unidad, lograr que las motivaciones de los personajes sean claras y hacer posible que los eventos que suceden en las historias tengan su razón de ser. Repasando algunos de los cuentos originales en los que se basaron las historias de princesas de Disney nos podemos encontrar con varias diferencias interesantes. Nos hemos centrado en tres de estas adaptaciones (Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente), pero en el resto de historias de Disney encontraríamos muchas cosas más.

Cenicienta

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Cenicienta es la historia de una chica de buena familia cuya madre muere. Su padre se casa con una mujer mala, malísima que tiene dos hijas. Después, el padre muere y la madrastra se porta fatal con ella, la trata como a una criada y la despoja de cualquier estatus social. Esa es al menos la versión de Walt Disney, la que todos conocemos. Pero el cuento original cuenta otra historia ligeramente distinta.

Para empezar, la primera diferencia es que el padre de Cenicienta no muere en ningún momento en el cuento tradicional, simplemente se desentiende de ella. La madrastra le hace mil perrerías y la degrada a sirvienta-esclava y al padre le da absolutamente igual. Una cosa es que en la época las tareas del hogar y el cuidado de los hijos no estuviera repartido igual entre hombres y mujeres, pero otra cosa es que una hija coma de sobras y duerma en un establo y al padre le importe un rábano.

¿Os acordáis del hada madrina? ¿Esa mujer regordeta que andaba cantando por ahí su “shalakabula” y moviendo la varita mágica? Pues nada de eso, quien le da a Cenicienta todos sus vestidos y sus zapatos son los pájaros y un árbol mágico que ella misma había plantado.

Sangre por todas partes

Pero la diferencia más brutal tiene que ver con el gore (cosa que me apuntó Lidia Fraga en su momento). Las hermanastras, cuando tienen la oportunidad de probarse el zapato para ser la elegida, al ver que no les entra, cogen un cuchillo y se amputan (sí señores, se amputan) los dedos de los pies y el talón respectivamente. Animadas, eso sí, por su madre (“chica, córtate los dedos, que total, qué más da”, les dice a sus hijas con buen juicio la amable señora). La primera hermana logra engañar al príncipe, que la sube a la grupa de su caballo y sólo repara en que algo va mal cuando ve el chorreo de sangre que van dejando como rastro. Después es la segunda hermana la que engaña al heredero al trono (que debía ir bien bebido a su fiesta para ir confundiendo doncellas de esa manera) y desenmascara a la impostora cuando ve que el camino parece más propio de Carrie que de un cuento tradicional.

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Algo así tuvo que pasar en el salón de Cenicienta según el cuento

Finalmente Cenicienta se prueba el zapato y le viene que ni pintado (¿qué calzaba, un 32? ¿qué edad tenía esa muchacha?). En la boda, ella perdona a sus hermanastras, pero los pájaros, que eran muy amigos de cenicienta, no y les pican en los ojos a las hermanas hasta dejarlas ciegas. Todo muy constructivo y apto para todos los públicos.

Resumiendo

  • El padre de Cenicienta no muere, simplemente pasa de su hija
  • El hada madrina no existe
  • Las hermanastras se amputan los dedos y el talón para conseguir que les entre el zapato
  • Las hermanastras son atacadas por pájaros en la boda (una verdadera precuela de la peli de Hitchcock)

Blancanieves

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La madrastra de Disney encarga el asesinato de Blancanieves a un cazador. Como este le falla ella se disfraza de anciana vendedora y se la carga con la consabida manzana envenenada. Una efectividad que ni León el profesional. Ahora bien, en el cuento la madrastra es más torpona. Intenta matar a Blancanieves primero con lazo (la cree muerta, pero los enanitos la salvan), luego con un peine (sucede exactamente lo mismo) y al final con la manzana de marras (con la que finalmente logra su objetivo). Con este asesinato en tres actos da la impresión de que la madrastra era más tenaz que una opositora a la administración pública y que Blancanieves era más bien una inconsciente que buscaba que la matasen.

Ni beso ni barranco

¿Os acordáis de ese príncipe que se enamora de una muchacha muerta (lo cual es un poco WTF) que está metida en una urna y le planta un beso de amor y la muchacha se despierta? Pues nada de eso. El príncipe, al ver a Blancanieves (que tenía, ojo, unos trece o catorce años) inerte, metida en su urna de cristal, le parece “una criatura bellísima”. Le pide a los enanitos llevársela a su castillo para, así, admirarla a diario (aquí hay subtexto para dar y regalar, pero lo que les pide es exactamente esto). Cuando la están transportando, con los baches del camino, expulsa el trozo de manzana envenenada que se le había quedado atravesada en la garganta. Entonces es cuando la muchacha se despierta, suponemos que sorprendida al verse metida en un ataúd en plan Kill Bill, aunque sea de cristal.

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Concéntrate, Blancanieves

Por supuesto, hay una boda. La madrastra se entera, y al ver a Blancanieves casándose (y ver lo guapísima que está) se marcha del reino ofuscadísima y nunca más se sabe de ella. Así que no muere cayendo por un precipicio mientras es perseguida por unos enanos que buscan venganza. Sencillamente hace las maletas y se larga a algún otro sitio en el que sea la más guapa del lugar.

Resumiendo

  • Hay varios intentos de asesinato por parte de la madrastra
  • No hay resurrección por beso
  • La madrastra no muere despeñada, sino que decide emigrar

La bella durmiente

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Hay trece hadas en el reino, pero el rey no tiene un cubierto de oro para todas, así que decide, al buen tuntún, dejar a una fuera de la celebración por el nacimiento. Ésa hada maldice a la bella y dice que morirá cuando se pinche con una rueca al cumplir quince años.

En la película de Disney no hay tanta hada por allí volando. Son sólo tres las invitadas. Cuando Maléfica se presenta en la fiesta por el nacimiento de la princesa los reyes no pueden alegar nada. Es evidente que no la han invitado porque no han querido, no porque la vajilla se les haya quedado corta. Así que maldice igualmente al bebé.

Colectivización del sueño

Se da la orden de destrozar todas las ruecas del reino, pero por pura casualidad (según el cuento) había una en el propio castillo y es con ella con la que se pincha la princesa y se queda dormida. Todos se quedan dormidos durante cien años sin que medie ningún hechizo por parte de las hadas regordetas y buenas. Sencillamente se duermen. El castillo queda cubierto por unos rosales impenetrables. Hay príncipes extranjeros que, queriendo conocer más acerca de esta historia, pretenden atravesar los rosales. ¿Creéis que lo logra alguno en 99 años y 364 días? Efectivamente: no. Todos mueren enzarzados. Se quedan atrapados allí y mueren. No quiero imaginarme la agonía de esos príncipes, porque tampoco queda narrada en el cuento original, pero seguro que muy agradable no fue.

Maléfica
No, esto no tiene mucho que ver con el cuento original

Ahora bien, cuando llega el último día de la maldición, un príncipe atraviesa el rosal (tenía que estar trufadito aquello de cadáveres) y entra al castillo. Alcanza la habitación donde la princesa estaba dormida y esta se despierta. Sí, justo en ese momento. Y no, no hay besos ni nada que se le parezca. Lo que sí que hay es una boda al final, vaya a saber usted por qué.

Resumiendo

  • Trece hadas en vez de cuatro
  • No hay una lucha entre el hada malvada y ningún príncipe. Ella echó su maldición gitana y se quitó de en medio. No vuelve a aparecer.
  • El hada mala no tiene nada que ver con la rueca con la que se pincha la princesa
  • Decenas de príncipes mueren entre los espinos del castillo
  • No hay resurrección por beso

Si queréis leer versiones de los cuentos originales aquí tenéis los enlaces:

Cenicienta

Blancanieves

La bella durmiente

 

The lady from Cuenca

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Ya se ha superado una etapa en el audiovisual español. Ahora nos estamos dirigiendo a un público más adulto, más preparado. Los clichés de otra época ya no sirven. Hemos pasado por encima de un tiempo en el que el modelo estaba obsoleto. Podemos tratar al espectador de tú a tú.

Frases como estas han estado llenando las páginas (web) relacionadas con el mundo de la tele desde hace unos años a esta parte. Con la llegada de series novedosas (en España), de productos pensados para el consumo masivo que no respetaban los estándares que había hasta entonces (en España) se dio por concluido el reinado absoluto de las series pensadas para un ser aparentemente intrascendente pero de un poder casi sobrehumano: la señora de Cuenca.

La señora de Cuenca era esa mujer a la que hacían referencia los productores para indicar que los productos tenían que ser más entendibles. En una reunión con un productor aparecía siempre asomándose por el quicio de la puerta.

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Como esto, pero sin que parezca que haya nacido en Leeds y se llame Margaret

“Si yo lo entiendo perfectamente. Es un giro arriesgado, super interesante, pero tiene que entenderlo todo el mundo. Tiene que entenderlo UNA SEÑORA DE CUENCA”.

La señora de Cuenca (ya se sabe) era un poco medio lerda, tenía poco mundo, le encantaban las películas de Paco Martínez Soria, el telecinco de Raúl Sénder y Cruz y Raya (que eran muy gamberros), veía en su momento Tómbola y le gustaban las cosas que pudiera entender (así lo cuenta Alberto Rey, en el Mundo). Como no había viajado mucho, pues no le gustaban cosas raras. Nada demasiado violento, ni demasiado sexual, ni demasiado explícito, que los malos fueran malos y los buenos fueran guapos, lindos, un poco tontorrones y graciosos. Si podían tener problemas de amores, que no hubiera cuernos de por medio (porque en Cuenca, ya se sabe, no gusta lo de los cuernos ni la violencia ni el sexo).

Después han ido saliendo series y programas que parecían haber enterrado a esta señora. O ya no importaba demasiado o los directivos de las cadenas se habían dado cuenta de que la señora de Cuenca era mucho más arriesgada de lo que pensaban. Quién sabe, lo mismo había viajado y había probado nuevas cosas, nuevas comidas, nuevas experiencias. Había visto nuevos amaneceres, se había subido en un autoligero, había hecho parapente y escalada, incluso puenting (cosas que se ofrecían en Groupon, ya se sabe). La señora de Cuenca ya había empezado a ir a clases de inglés y veía cosas que llegaban de la BBC que el hijo que estudiaba en Madrid (= La Meca) se había descargado de internet. Y oye, le gustaba, (ya lo cuenta Ángela Armero en esta entrada de Bloguionistas). Quién se lo iba a decir cuando lo que más le apetecía del mundo era “Farmacia de Guardia” (para dentro, Romerales), “Médico de familia” y “Lleno por favor”.

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Ahora veía tranquilamente cómo en Velvet ese muchacho tan guapo y esa muchacha tan linda se acostaban sin tener en cuenta que él estuviera casado con otra. O veía cómo una serie transcurría íntegramente en una cárcel de mujeres que también se besaban y se querían y hacían sus cosas, o encajaba sin ningún problema que una señora muy señora se enamorara de un cura muy cura (todo muy en plan regenta).

Parecía que había dado un paso adelante, que había visto cosas nuevas y le habían gustado, pero de vez en cuando, como antes, asoma la patita por la puerta de los productores, que dicen “a ver si no se va a entender bien esta frase, o esta trama, o esta idea”… y la hacen obvia, y hacen que se mastique tanto que pierda la gracia.

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Así, por ejemplo, en una investigación un agente de la guardia civil busca en un restaurante japonés si tienen la lista de reservas. Cuando se la dan, tras revisarla, pregunta.

– ¿En este restaurante tienen sushi?

Y yo, que nací en Bilbao, me crie en Sevilla y vivo en Madrid me quedo con la boca abierta.

Y la señora de Cuenca, que hasta hace nada no había viajado ni había probado cosas nuevas, también.

Hace ya un par de años le abrieron en el barrio un japo y descubrió lo mucho que le gustaban los nigiris de salmón. Desde entonces pide que se los lleven a casa una vez al mes y los disfruta mientras descubre las intrigas de McNulty en The Wire, o lo malo que es Walter White, pero lo mucho que le gustaría que las cosas le salieran bien, o mientras disfruta de ese Miguel Ángel Silvestre tratando de hacer que triunfe el amor por encima de todo aunque no esté casado con su amante, o mientras se emociona de veras con cualquier otra serie en la que la tratan con respeto, como una persona que está en el mundo y que sabe más que lo que muchos directivos de las cadenas creen.

 

Los detalles

El verano pasado en el diario El País, decidieron darle voz a los guionistas de series de éxito de España. El objetivo era que, ya que estos tipos habían parido historias que millones de personas seguían por televisión cada semana, por qué no pedirles que escribieran un relato por entregas. Seguro que serían capaces de enganchar al público. Por las páginas de esta sección de cuentos por fascículos se han asomado Carlos López (El Príncipe), Ladrón de Guevara (Cuéntame) Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo, Isabel…) y seguro que alguno más.

Javier Olivares

Siempre está bien leer a los maestros (todos ellos lo son) del guión de otra manera. O mejor dicho, leerlos a secas, porque antes de este verano ya había conseguido leer cosas de la mayoría de ellos. Lo hago por las razones por las que lo hace cualquier advenedizo: porque quiero llegar a escribir cosas que acaben en una pantalla. Si ese es tu objetivo, la mejor manera es aprender de los que ya están dedicándose al tema. Sin embargo, lo que había leído de ellos nunca era un producto final. Al cabo, un guión no deja de ser una herramienta para que todos los equipos de trabajo que hay detrás de una producción se pongan en marcha. Estos relatos, sin embargo, eran una versión definitiva. Eran producto final.

Un guión es un medio, una herramienta para todos los equipos que componen un rodaje

El de Carlos López (Arrepentimiento, aquí podéis leerlo) me ha interesado particularmente porque crece en los detalles. Se trata de un asesinato por encargo sucedido en un hospital. De ese punto de partida salen los personajes implicados: el asesino, la víctima, el instigador y el testigo. Parece que la historia podría funcionar a palo seco con estos elementos. Bien, vale. Un personaje A encarga a un personaje B que se cargue a un personaje C. Bien. Es en un hospital. ¿Los cogerán al final? ¿Se saldrán con la suya? ¿habrá algún otro muerto? Estas podrían ser las preguntas que uno se formulase, pero la cosa va de otro tema.

Carlos López

Una profesora de guión me lo dijo una vez: “el cine ama los detalles”. También la literatura. Los detalles. Ese vuelo de una mosca descrito. Ese matiz de fijarse en los tonos de un atardecer… En el relato de Carlos López los detalles son lo más importante. Detalles son el fuet que compra el asesino para avituallarse mientras planea una celebración a base de polvos con su pareja. Detalles son que la víctima roncase. Detalles son que los disparos sonaran como si fueran grapas. Detalles son las cucharadas de gazpacho que estaba tomando el sicario antes de morir.
Detalles son describir un infarto con. Mu. Chos pun. Tos. Leer más “Los detalles”

La realidad se cuela en las series

Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas
Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas

Piensa en un problema de actualidad que te preocupe. Digamos la corrupción, o el clientelismo político, o la inmigración ilegal, o la falta de ayudas sociales, o los desahucios, o el paro. Bien. Ahora piensa en una serie en la que parezca imposible que estas cuestiones aparezcan reflejadas. Y ahora imagina lo imposible: que en estas series se habla justamente de esos temas.

Cuando una serie es capaz de hablar de cosas que están al cabo de la calle, de temas que preocupan a las personas en su día a día, consigue ser más importante, más grande, más cercana y despertar más sentimientos en su audiencia.

El drama de los desahucios

Amador, el personaje de La que se avecina (aquí tenéis el enlace a la serie) comienza la serie siendo un tipo gris que trabaja en un banco. Tiene mujer y varios hijos. No tiene muchas luces. Al continuar la serie, Amador pierde su trabajo. Intenta desesperadamente que no se entere nadie y mantiene su tren de vida. Cuando se descubre el pastel intenta encontrar otro empleo. Cada vez más desesperado, no es capaz de mantener ninguno y finalmente es desahuciado y termina viviendo en la plaza de garaje con su mujer y sus hijos.

Yo creía que esto era una comedia
Yo creía que esto era una comedia

¿Es una crítica social? ¿No estábamos en una comedia? Sí… y sí. Es una comedia, pero el hecho de estar en una serie que trate temas de actualidad da más empaque al producto, hace que el espectador es una muestra de respeto hacia los espectadores.

Si le quitas los chistes, “La que se avecina” sería una serie de los hermanos Dardenne

La que se avecina es una comedia muy loca en la que sus personajes viven situaciones rocambolescas, pero a la vez muy, muy dramáticas. Si le quitamos los chistes La que se avecina sería una serie perfecta para que la firmaran los hermanos Dardenne. Desahucios, soledad, crisis vitales, falta de amor, desempleo, un empresario que vive en un mundo paralelo, casi fuera de su época (por mucho que sea mayorista y que no limpie pescado), incomunicación dentro de la pareja, problemas intergeneracionales… un catálogo de lo más variopinto para hacer un dramón que ver semanalmente bien pertrechado con pañuelitos de papel y dispuestos a llorar. Solo que decidieron hacer una comedia.

Clientelismo político

Ye he hablado mil veces de Cuéntame en el blog. En una de las temporadas de la serie, Antonio Alcántara, después de las primeras elecciones democráticas tras la transición, consigue un puesto como Director General en un ministerio. Merche, su mujer, le habla de que tienen que ahorrar, de que tienen que pensar en que las cosas pueden torcerse. Entonces Antonio le contesta:

Esto va a ir siempre a mejor, Milano
Esto va a ir siempre a mejor, Milano

ANTONIO

Pero por qué van a irnos las cosas mal, ¿mujer? Si esto es siempre a mejor.
Ahora estoy de Director General. Pues luego, cuando se acabe, me darán
otro puesto. Y luego otro. Así siempre. Y siempre a mejor.

En una conversación de menos de un minuto ambientada en 1981 se tratan temas que se pueden leer a diario en periódicos de 2015. ¿Por qué? Para hacer que los espectadores no perciban las series como algo ajeno, sino actual, que habla de su día a día aunque se trate de una historia de época.

Inmigración ilegal

Refugiados, la serie de Ramón Campos para Bambú y coproducida por la BBC, quiere ser una serie de ciencia ficción pero a la vez tratando temas de hoy mismo. El pistoletazo de salida de la misma, la premisa, es de lo más interesante: en un pueblo normal y corriente, con su gente normal y corriente, que lleva a diario su vida normal y corriente con total tranquilidad comienza a venir gente desconocida. No son inmigrantes, pero no son de allí. Se trata de gente que viene del futuro. Si fueran subsaharianos, o marroquíes, o gitanos rumanos estaríamos hablando de una serie sobre inmigración pura y dura. Pero sin que los personajes sean de países diferentes o de razas distintas es una serie sobre este tema. Refugiados, sin mencionarlo, habla sobre Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur, Libia…  Habla sobre el derecho al asilo político, sobre lo egoísta que se vuelve la gente cuando tiene miedo ante lo desconocido. “Los recursos son limitados”, dicen. “No podemos ayudar a todos. Nos hacemos cargo de que lo están pasando mal, pero no podemos hacer nada”. Tratan de defender “lo que es suyo”, su bienestar social, sus casas, su abastecimiento, su electricidad…

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Tocamos resortes que tienen que ver con el miedo y la solidaridad, con ese choque íntimo entre querer ayudar a los que lo pasan mal y defender lo que creemos que podemos perder. Por supuesto la serie va de otra cosa, hay asesinatos, tramas entrecruzadas en las que no sabemos quién es el bueno y quién el malo, en la que no sabemos si debemos o no fiarnos de los que vienen del futuro… si no, estaríamos hablando de una serie documental sobre los campos de refugiados, y no es lo que se busca. Se busca siempre entretener, mantener el interés del espectador, despertar en él emociones, pero si además hablamos de esos mismos temas de los que el propio espectador huye al sumergirse en las series, el resultado puede ser de nota.

Y entonces no hay más remedio

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…y uno sigue escribiendo, o lo intenta. Al menos no lo ve como una condena. Sencillamente sigue hacia delante. Y no es por obcecación, o por falta de temor al fracaso. Sencillamente uno sigue hacia delante porque es el único camino que conoce.

Sigue adelante fraguando proyectos. Pero antes de eso, uno vuelve a leer.

 

Volver a leer

Hace poco he leído algunas cosas que tenía pendientes. Algunos guiones que habían llegado a mi poder por unos medios o por otros. El último, uno sobre el capítulo de Cuéntame sobre el que hablaba en esta entrada. El guión escrito por Jacobo Delgado y Carlos Molinero es sencillamente delicioso. Las páginas van pasando rápidas, inevitables. Uno tiene la sensación de que el guión funciona como un reloj. Al leerlo he recordado este artículo de Ana Sanz-Magallón (autora de Cuéntalo bien, link en Amazon) sobre el tema de la lectura de guiones.

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Lo próximo que voy a leer gracias al colectivo 70 Teclas

Luego he leído de nuevo el guión del capítulo piloto de Breaking Bad (si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí).

Y el guión de uno de los capítulos del Ministerio del tiempo (que Javier Olivares colgó vía twitter).

Para saber cocinar hay que probar muchos platos de comida diferentes en diferentes restaurantes. Para poder escribir, uno tiene que leer. Y si lo que quiere es escribir guiones, tiene que leer y leer y leer y releer y hacer anotaciones y analizar… guiones. No libros de Syd Field ni de McKee. Guiones. En la página de guiones en pdf tenéis un montón que a mí me han servido para ilustrar ejemplos de un montón de cosas. Leedlos si queréis. Además, en esta época de internet, todo es más sencillo. Encontrar guiones interesantes es más sencillo. Encontrar series que ver es más fácil. Buscar contenidos que analizar está tirado. Si queréis escribir, poneos en marcha y empezad a ver cosas y a leer.

Escribir otras cosas

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El nuevo blog en el que estoy escribiendo

Desde hace unos meses he empezado a escribir en un blog diferente. Es un desahogo. En él hablo de cosas pequeñas y de temas de actualidad. Yo, que vengo del periodismo y de la comunicación audiovisual, soy sensible a ciertos temas. Quedárselos dentro es lo peor que uno puede hacer. Así que he escrito sobre todos los pensamientos que se me van quedando clavados dentro en este pequeño nuevo proyecto que he llamado Coleccion De Cerillas. Si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí. Sois más que bienvenidos.

Volver a los proyectos

Otra de las cosas que he hecho últimamente es volver a leer los proyectos que estaba moviendo entre las productoras.

Sinceramente creo que sirven, que son viables, que son interesantes y que aportan cosas. Pero como todo, después de leerlos he hecho alguna modificación, les he lavado la cara, les he cambiado el tono y los tengo dispuestos una vez más en el disparadero.

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¿Cómo conseguirá batman vender su proyecto?

Ahora falta una tercera fase: el Marketing

Si quieres escribir guiones seguro que también quieres que te paguen por hacerlo. Y si quieres que te paguen por hacerlo seguro (pero seguro, seguro) que necesitas alguien que esté dispuesto a pagar por ellos. Por eso, ahora tengo que empezar con la tercera fase del proceso, que es de las más importantes: la del marketing. Tengo que buscar productores que estén buscando historias, proyectos, que quieran vender cosas nuevas en las distintas televisiones. Si sabéis de alguno, soy todo oídos. Si os suena que alguna productora está interesada y buscando nuevos materiales, decídmelo y os lo agradeceré enormemente.

Puede que sea el tiempo de hacer SPAM (o riego por goteo) para encontrar un compañero de viaje (así es como veo el papel de un productor) con el que levantar algo por lo que uno ha luchado tanto.

Así que después del 100, viene el 101, y después el 102. Así hasta no acabar nunca, hasta que el cuerpo aguante. No porque sea un cabezota. Es que sencillamente no conozco otro camino.

 

y 100

100

Llevo mucho sin escribir por aquí.

La razón es que, después de haber publicado la última entrada me di cuenta de que la siguiente sería la número 100 y sentí la responsabilidad de querer hacer algo especial para esta ocasión.

La número 100 no podía ser una entrada cualquiera que hablase de Breaking Bad o de los guiones de Cuéntame o de cualquier serie que estuviese teniendo un éxito notable.

No podía escribir, por mucho que me apeteciera, de las nuevas series que me parecían excelentes, como por ejemplo Refugiados, ni de las nuevas tendencias de la tele en España ni en el extranjero. Era la entrada número 100. No podía gastar esa bala con cualquier cosa.

Por supuesto escribiré sobre nuevas series de aquí y de allí. A casi todo lo nuevo le debo una pensada y ponerme escribir. Se están haciendo cosas demasiado buenas como para ignorarlas. Ángela Armero (@armero00 en twitter), entre otros, habla de una nueva tendencia gracias a El Príncipe, a Sin Identidad y a tantas nueva producciones que están haciendo posible que cada nueva serie se espere con ilusión, no como una nueva versión de lo mismo de siempre.

Pero esta vez tenía que escribir sobre otra cosa. Tenía que hacer algo especial.

La guardia real británica saluda la entrada nº 100 de Una Página Un Minuto

 

Lo que ha sucedido es que me ha resultado difícil encontrar ese “algo especial”. Porque, entre otras cosas, me ha venido lo que David Muñoz (en twitter @DMPguionista) definió atinadísimamente en esta entrada de bloguionistas: la bajona.

¿Qué hace alguien que quiere dedicarse a escribir? Sencillo: escribe

La suya tenía que ver con una serie de circunstancias que se le juntaron: había escrito una serie que le había gustado mucho y había sido un sonado fracaso, no sentía ilusión a la hora de emprender un nuevo trabajo… bueno, a mí me ha pasado algo así, con la diferencia de que no me dedico profesionalmente al tema de guión, pero quiero.

¿Y qué es lo que hace alguien que quiere dedicarse a escribir guiones para ser pagado a cambio? Pues escribir guiones, hacer proyectos, tramar historias y lanzarlo al aire, es decir, a las productoras.

Quien sigue el blog sabe que tengo trabajo, niños, familia y una vida ajetreada en general. Sobre las dificultades que tengo para escribir ya conté algo por aquí. Pero con todo y con eso uno hace todo lo posible para lograr que el mundo se detenga, encuentra su hueco y escribe con toda la ilusión del mundo. No tienes tiempo, pero te levantas a las seis de la mañana. No tienes fuerzas, pero a la hora de comer empleas 30 minutos en pulir detalles. No sabes maquetar, pero te haces un curso de InDesign para hacer la presentación más espectacular posible de tu proyecto. Así, al cabo de varios meses de trabajo (intermitente pero muy duro), quitándote de cosas que te gustan, dejando de lado el ocio para trabajar y trabajar y trabajar, tienes por fin un proyecto.

La realidad es una mezcla de palabras bonitas y puertas cerradas

Entonces lo lanzas. Escribes a un sitio y a otro. Y te encuentras de bruces con la realidad.

Y la realidad está llena de bellas palabras y puertas cerradas. Las bellas palabras te dicen que está muy bien escrito, que tiene muy buena pinta, que merece un montón la pena. Las puertas cerradas niegan todo lo anterior. Dicen: es una serie muy de nicho, no es el proyecto que estamos buscando, estaría genial para una productora de otro tipo, pero no para la nuestra.

Dos certezas y una duda

No es que haya escrito a todas las productoras del mundo. Lo que he hecho ha sido remitirme a productoras de referencia. Han sido tres o cuatro, pero en todas ellas la respuesta ha sido la misma, y eso me ha desanimado.

Levantar un proyecto. Definición gráfica

 

A estas alturas tengo dos cosas claras y una duda enorme. Las dos cosas que tengo claras son: 1) sé que puedo trabajar de esto, que valgo para ello y 2) que es muy complicado. La duda es si tendré la perseverancia necesaria para seguir intentándolo, para no abandonar, para luchar una y otra vez, para no desanimarme con cada puerta que se cierra, para seguir, para seguir, para seguir hasta que alguien, una productora, una cadena o quien sea, me diga que le interesa lo que he escrito (o que no le interesa exactamente eso, pero que le intereso yo como colaborador).

Sinceramente no sé si llegaré a trabajar alguna vez de lo que escriba, pero tengo la certeza de que siempre seré guionista. Es una manera de ver el mundo. Es mi manera de enfrentarme al mundo. Y eso no se puede cambiar aunque intentes negártelo con todas tus ganas.