Dos gays cualquiera en dos series cualquiera

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Las series, las películas, los programas de televisión que se hacen son el reflejo de lo que vivimos, de lo que somos, de la sociedad en la que nos movemos. No hablo sólo de la calidad de las series. También hablo de los subtextos, de los ambientes, de los personajes que deambulan por ellas.

En el origen de todo estaba Médico de familia (Génesis I, 14) y allí la chacha era andaluza, forzaba el acento, el mindundi de su novio era un patán, el abuelo veía los toros (y era fan de Enrique Ponce, que lo recuerdo) y no se apreciaba por ninguna parte personajes disonantes, diferentes, especiales, que no fueran de clase media-alta, que vivieran en un chaletazo imponente en uno de los barrios más caros de Madrid, que no se hicieran demasiadas preguntas, no tuvieran demasiados problemas y que tuvieran una visión de la vida, digamos, sencilla.

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¿Esto implica que Médico de Familia fuera una mala serie? Para nada. Puede que no fuera la mejor serie del mundo, puede que no fuera la serie que me mantuviera al borde del sillón, enganchado a más no poder, pero era una serie más que digna que se mantuvo muy bien en pantalla durante mucho tiempo.

Médico de familia no era la mejor serie del mundo, pero marcó una época.

¿Pero qué pasa? Que la sociedad avanza, y con ella sus series y sus películas y todas las obras que genera. Es verdad que hay un poco de todo, que a veces personajes y tramas están metidos con calzador, que no siempre el resultado es el más brillante (no todo lo que se estrena puede ser Los Soprano o A dos metros bajo tierra). Ahí está por ejemplo la trama gay de Los hombres de Paco, por ejemplo, que por muchos años que pasen no podré arrancarme de la cabeza.

A pesar de que no siempre se hace de la mejor manera posible el avance social siempre se ve reflejado en las series.

Volvamos a Emilio Aragón. Veinte años después de que finalizara Médico de Familia, y con un sueño de Resines de por medio, cuando ya había finalizado también Al salir de clase, Física o Química y tantas otras series que marcaron una época, Emilio Aragón levantó el proyecto de Pulsaciones.

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Como Médico de Familia, Pulsaciones tampoco era mi serie, pero había cosas en ella que me hicieron pensar justo en esto del avance, de que la evolución social y ficcional van de la mano. Uno de los personajes principales de Pulsaciones, una chica periodista, vivía con su novia azafata. Y todo era normal. Y no se hacía hincapié. Y no se gritaba ni había morbo. Y no se buscaban escenas tórridas porque sí, porque (eh, ¿os habéis dado cuenta?) sean dos chicas que se querían, se apoyaban, se compenetraban y hacían planes de futuro juntas.

giraltCasi a la vez se estrenaba en Telecinco Sé quién eres, una serie con toques muy chulos de thriller psicológico con una adolescente desaparecida y su tío como principal sospechoso. La serie, sobre todo en los primeros capítulos, funciona de maravilla, pero tampoco voy a extenderme sobre ello. No quiero hablar de sus giros, sus secretos, su protagonista frío, sus idas ni sus venidas. Lo que me interesa ahora es hablar de Giralt, uno de los personajes secundarios. Se trata de un inspector de policía de mediana edad. Serio, profesional, cabal, metódico, brillante… que tiene un trauma ¿cuál? Que un día su pareja se suicidó. De pronto, sin dar señales de que algo no funcionara bien. ¿Y sabéis qué? Su pareja era otro hombre. Y, oiga, no pasa nada. Sus compañeros de trabajo lo saben y lo respetan. O mejor: lo saben y les da un poco igual que Giralt sea o no sea homosexual. Lo que quieren es que sea un buen policía y que resuelva el caso. Nada más.

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Porque la sociedad en la que vivimos no está sólo compuesta de hombres fuertes heterosexuales tremendamente atractivos que, para añadir, están rodeados de mujeres atractivas débiles que necesitan ser protegidas. Porque en esta sociedad hay de todo y estamos todos y, por mucho que haya autobuses por ahí diciendo lo contrario, existe la homosexualidad y la transexualidad y la bisexualidad y, de verdad, no pasa nada de nada. No somos todos iguales y esa diversidad es un verdadero patrimonio que deberíamos defender con piedras, uñas y dientes.

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¿Qué pasa hoy? (El caso de la Embajada)

Si quieres hablar conmigo cuéntame lo que sucede en la calle, lo que preocupa a la gente, lo que le quita el sueño a tu vecino, lo que provoca ansiedad.
Si quieres hablar conmigo háblame de lo que sucede hoy. En tu calle, en tu casa, en tu vida. No me vengas con tonterías. El sol siempre sale por el este y se pone por el oeste. Si vas a venir a hablarme de obviedades cállate, márchate a tu casa y no vuelvas hasta que no tengas una historia con algo de verdad en sus entrañas.


Personaje mosqueado que me acabo de inventar.
España.
2016

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Hace un tiempo publiqué una entrada en el blog titulada La realidad se cuela en las series” y he querido recuperar el tema porque la tendencia parece que se fortalece. Esto, de entrada, es una buena noticia. Hay productos televisivos para todos los gustos, por supuesto, y no hay que olvidar que la televisión tiene más de un uso. Hay quien sólo se acerca a la tele para entretenerse y olvidar el día a día, pero también hay quien se engancha a series y a programas para entender mejor el día a día, para posicionarse en el mundo.

Hay programas que sirven sólo para entretener.
No son los únicos.

Programas que no van a nada más (y a nada menos) que a entretener hay una buena cantidad cada día y en cada cadena. La ruleta de la fortuna es un ejemplo (no sé si sabéis en qué consiste). En cualquier caso, esta entrada va de otra cosa, de esos productos audiovisuales que aspiran a nada menos (y a nada más) que a retratar el mundo en que vivimos.

La embajada (un caso de estudio)

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La productora Bambú es especialista en retratar aspectos de la actualidad en los productos que consigue colocar en las diferentes cadenas (#HireMePlease). Lo consiguió, por ejemplo, hablando de las dificultades laborales a las que se enfrentan las mujeres (Velvet, enlace aquí). También lo consiguió hablando del fenómeno de la acogida y de la huida de personas de lugares en conflicto (Refugees) y ha incluido elementos interesantes y de actualidad en casi todas sus creaciones.

Sobre la corrupción podría haber muchas series,
y más en España, pero hasta La Embajada
no había casi ninguna que tocara este tema.

En La Embajada encontramos la historia de una trama de corrupción política a gran escala generada en una embajada española en Tailandia. Dicho así, uno puede decir “muy bien, pues vale, de esas puede haber muchas”. Sí… y no. Existe la posibilidad de que haya muchas series que hablen de la corrupción, pero lo cierto es que no las hay. En nuestro país ha habido casos contados en los que hemos tratado este tema. Crematorio  es un ejemplo. Como también lo es Sin Identidad o El Príncipe, pero se trata, sin duda, de excepciones a la regla. Fuera, por supuesto, es otro cantar, pero hablamos de España, no del resto de Europa ni de Estados Unidos.

Aquí parece que tratar temas de actualidad nos cuesta un poco, pero que hablar de la corrupción o del clientelismo político directamente es una utopía. Pues bien, La embajada se lo ha saltado, ha dado un paso más y ha entrado en harina en este tema.

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El tren del tito Paco tiene la culpa de todo

Pero además lo ha hecho con gracia. La serie está trufada de guiños a la actualidad política, a las noticias que uno lee en los periódicos.

Si un empresario hace un regalo a la mujer de un diplomático corrupto ella dice: “Te has pasado tres pueblos”. Y el mismo empresario llama continuamente “Amiguito del alma” al diplomático que tiene en nómina (no sé si os suena el paralelismo).

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Te has pasado tres pueblos, amiguito del alma

Si hay un juicio y le preguntan a un responsable político sobre un acusado de corrupción el político no dice el nombre, dice: “Esa persona de la que usted me habla”. En esta piedra ha tropezado también algún que otro dirigente.

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¿Se pueden incluir en una serie elementos que hagan referencia a las escuchas del caso Gürtel? Pues mira, sí.

¿Se puede poner de manifiesto lo ridículo que queda un político al negarse siquiera a mencionar un nombre? Pues anda, también.

No sé si la culpa de esto la tendrá Carlos López, Ramón Campos, Gema Neira o quién, pero desde aquí mi enhorabuena y mi agradecimiento por incluir esta dosis de inteligencia en una serie nacional.

Aparte, por supuesto, están otros elementos, el thriller, la tensión, las tramas amorosas, las intrigas políticas, la trama legal… todo se va entrelazando con elegancia. Es verdad que tiene elementos que pueden mejorarse y situaciones algo forzadas, pero es un verdadero must en la televisión de hoy en nuestro país.

 

 

El viaje de la heroína en Velvet

El personaje de Ana en la serie Galerías Velvet nos da una lección sobre en qué consiste el viaje del héroe y cómo se aplica a un guión para una serie.

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(Disclaimer: Si estás buscando un artículo sobre drogas siento decepcionarte. Cuando hablo de heroína no hablo de la sustancia con la que se trafica, que se inyecta -o se fuma- y provoca dramas humanos, familiares y sociales; de lo que hablo es de la forma femenina del nombre común “héroe”. Sorry si no cumplo expectativas)

Hace ya bastante tiempo que Galerías Velvet está fuera de la parrilla, pero no está de más repasar esta serie de Bambú creada por Ramón Campos para que podamos ver cosas interesantes en lo que corresponde a su guión.

Muchos ven Velvet por el vestuario o la dirección de arte, pero sin un buen guión nada de eso serviría de nada

A uno la serie le puede gustar más o le puede gustar menos. Puede que mucha gente la vea porque se trata de una producción muy cuidada en la que la ambientación tiene un peso enorme, en la que los vestuarios y los decorados nos transportan a otra época… pero como lo que queremos aquí es hablar de guión, tenemos que decir que Galerías Velvet es una serie bien escrita, bien tramada y bien justificada.

El ejemplo del viaje del héroe

En la última temporada (ya viniendo de la anterior) el personaje de Ana, protagonizado por Paula Echevarría, nos da una clase magistral acerca del viaje del héroe (en este caso el viaje de la heroína -again, no es un opiáceo-).

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Situación de partida

Es una modista que quiere ser diseñadora

Evolución

Por una serie de circunstancias evoluciona, se forma, crece y consigue considerarse a sí misma alguien capaz de ser diseñadora.

Trabajo

Da el salto y consigue de hecho trabajar como diseñadora gracias al apoyo de un diseñador amigo suyo que trabaja para las galerías.

Secreto

Para que la colección sea un éxito deciden, entre los dos, ocultar al público que ella es la diseñadora. Trata de quedar en el anonimato firmando la colección bajo un seudónimo masculino.

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Una de las malas de la película descubre el secreto a las clientas de las galerías y trata de mellar la imagen pública de Ana.

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Más mala que la tiña

La prueba y el resultado

Presenta su colección (culmen, clímax, momento de gran expectación), pero el resultado es un fracaso estrepitoso. Se aisla del mundo. Se da cuenta de que ha fracasado. Cree que no podrá nunca ser diseñadora de moda.

Volver a empezar

Intenta volver a ser una modista.

STOP

Justo en ese momento, Doña Blanca, la estricta jefa de taller interpretada por Aitana Sanchez Gijón le da una de esas charlas que definen totalmente el viaje que ha vivido el personaje principal (en realidad cualquier personaje). Le dice:

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DOÑA BLANCA

Da igual que te pongas esa bata. Ya nunca serás la modista que eras antes. Es imposible. Has vivido demasiadas cosas.

Y voilà (léase vualá), acabamos de escuchar la definición del viaje del héroe en todo su esplendor. Esto habría que ponerlo en un cuadro de punto de cruz para tenerlo siempre presente.

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something like that

Cuando el personaje vuelve de su periplo al lugar de origen (en este caso al taller de modista), no importa que intente que todas las cosas sigan como antes. Es imposible porque él, el personaje, es el que ha cambiado y todo a su alrededor será diferente sencillamente porque él lo ve todo distinto.

Nadie, ni un personaje de ficción ni una persona de carne y hueso puede volver de un viaje sin haber cambiado, sin ser diferente

Lo mismo sucede con cualquiera de nosotros. Hay una serie de vivencias que nos cambian y tras las cuales no volvemos a ser los mismos. Un viaje a la India, una estancia de ERASMUS, colaborar en un centro de acogida, cambiar de trabajo, vivir una enfermedad, sufrir una pérdida, quedarse en el paro… Todas estas experiencias (cualquiera de ellas, o incluso algunas que no sean traumáticas o que no impliquen una gran aventura) nos pueden cambiar para siempre. No importa que lo que haya a nuestro alrededor permanezca igual. No somos los mismos. No volveremos a ser los de antes.

Lo mismo le sucede a Ana en Velvet o a nuestro amigo de toda la vida que volvió tan cambiado de su año estudiando en Londres. Es la evolución, es la vida.

 

El amor y las series

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Me impresionó mucho una frase de Steve Jobs en su famosa conferencia en la universidad de Stanford en 2005. El resumen de la idea es “Si no has encontrado el trabajo que te haga feliz, sigue buscando. Lo encontrarás y sabrás que es ese. Es igual que el amor”. Aquí os dejo una presentación en la que se muestra la idea principal. Me gusta cómo juega con los elementos gráficos (está en inglés, por cierto).

Encontrar tu trabajo es como encontrar el amor. ¿No es bonito eso?

Pues algo así es lo que sucede también con las series y con las películas. Hay veces en que no sabes por qué, pero la serie que tienes delante tiene algo que escapa a cualquier análisis y te fascina. Sientes que acabas de entrar en un lugar que es tan tuyo como tu casa y más mágico que un bosque. Esa serie te dice algo, te llama, mueve determinados resortes que estaban ahí, esperando a que alguien los tocara. Y poco importa si hay fallos, si la iluminación es deficiente, si hay alguna trama que se queda medio descolgada… Simplemente te fascina, te atrapa. Lo único que queda por hacer es dejarse llevar y disfrutar al máximo.

Lo normal es volverse insensible a los fallos de una serie que te enamora

Algo parecido a eso me ha pasado en series como El Ministerio del tiempo (para mí lo mejor que hay ahora mismo en ficción en España), o con películas como Coherence (una verdadera pequeña maravilla de ciencia ficción) o En la casa, de François Ozon.

¿Que estas obras tienen errores? Claro. Coherence ganaría con alguna trama secundaria y el Ministerio tiene algunas escenas a las que les falta algo de ritmo. Todo es mejorable, pero a mí, sencillamente, me llegan al corazón. Punto. No hay discusión posible, porque no se puede discutir sobre emociones. Si en una relación alguien deja de querer a la otra persona no hay nada que hacer, ni que discutir, ni que porfiar. Se acabará. Puede que no haya una explicación. Sencillamente el amor se habrá acabado.

Hay relaciones en las que el amor se acaba sin que nadie sepa por qué

También sucede en el caso opuesto. Hay películas que parecen tenerlo todo, y series bien estructuradas, con actuaciones estelares y con tramas interesantes que nos dejan más fríos que la sonrisa de un verdugo.

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Ayer vi la premiere de El Caso y me sucedió algo por el estilo. La trama estaba bien, las actuaciones eran más que correctas, los secundarios llenaban las escenas notablemente, la ambientación era muy interesante… pero mi corazón no reaccionaba. Al acabar el capítulo estaba a punto de irme a la cama cuando vi que reponían el primer capítulo de Desaparecida. De pronto todo cambió. Sentí como si algo despertara dentro de mí. En la pantalla se notaba el artificio, había alguna actuación digna de mejor causa, pero me interesaba, me atrapaba, me empujaba dentro de esa historia.

Si alguien me pregunta cuál es la diferencia no sabría qué responderle. Puede que sea una cuestión de química con una historia. Puede que sea sólo una cuestión de amor.

Decir qué somos y qué queremos

Poner en boca de un personaje quién es y qué quiere es una buena manera de poner un colofón a una serie.

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Ya lo hemos oído un buen puñado de veces: es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice (podéis encontrar una entrada al respecto aquí), pero muchas veces hacer es decir, y en gran cantidad de veces, lo que se dice y lo que se hace entran en conflicto y posibilitan que se enriquezca lo que queremos contar.

Es un poco como el marciano de Mars Attack cuando iba caminando por un campo de batalla diciendo “venimos en son de paz, somos amigos” y mientras tanto iba cargándose a gente con su pistola de rayos láser.

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Un guión es un conjunto de acciones puestas en orden y muchas veces, para hacer que avance una trama, los personajes hablan.

los personajes se tiran hablando y haciendo cosas durante temporadas enteras de una serie. Y siempre, siempre, siempre, sus acciones los llevan hacia un determinado punto que, visto con perspectiva, resulta ser inevitable. Es algo así como la conversación final entre Walter White y su mujer.

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Skyler, sentada, acaba de colgar el teléfono a su hermana, que le avisaba de que Walter podía estar en la ciudad. Los dos se miran. Es la última vez que hablarán, que se verán. Los dos lo saben.

WALTER: Lo que hice, lo hice…

SKYLER: Como vuelvas a decir una vez más que lo hiciste por la familia

WALTER: Lo hice por mí. Me gustaba. Era bueno haciéndolo. Me daba poder. Disfrutaba.

Después de cinco temporadas, ese profesor de química, ese genio venido a menos que se mete a traficante de drogas admite y asume sus motivos, sus intenciones, sus razones para actuar así. En medio ha matado, traicionado, manipulado, destrozado la vida de su familia y de la gente a la que quiere… todo porque necesitaba hacer algo en lo que fuera bueno y sentirse respetado y con poder (I’m the one who knocks, you now, baby).

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El caso de Sex and the city

Este caso es claro, pero todavía más claro es el de Sex and the city. Estábamos viendo hace poco en casa la última temporada de la serie y en mitad de uno de los capítulos mi mujer me dijo:

– Pobrecita, si Carrie lo único que quiere es que la quieran. Nada más.

Pues bien, después de un novio, y de otro novio, y de un desamor, y de otro, y de mudarse de país (o de planeta), y de renunciar a toda su vida y luego echarla de menos… Después de un sinfín de paseos por Madison Avenue, de los inviernos en Central Park, de aconsejar a sus amigas, de recibir consejos de ellas en las aproximadamente 104.632 ocasiones en las que se reúnen para comer, cenar, salir de copas, tomar un café o lo que sea… Después de 6 temporadas en las que busca y se busca, en las que describe su gusto por los zapatos Manolo Blahnik y aparece con los modelos más extravagantes… después de todo eso Carrie Bradshaw, en una de las últimas secuencias de la serie se marca un speech en el que cuenta quién es y qué quiere.

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Es casi como si estuviéramos oyendo hablar al creador de la serie, Darren Star, en una sesión de pitch antes de que Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda fueran algo más que garabatos en un papel.

INT. SUITE DE HOTEL PARÍS – NOCHE

Carrie y Alexander frente a frente. Discutiendo. Ella se siente sola y triste después de haber sido “abandonada” esa noche por su novio.

CARRIE: Quizá sea el momento para dejar claro quién soy yo. Soy alguien que está buscando el amor. El amor de verdad. Un amor que pueda parecer ridículo, que consuma, que asfixie… un amor sin el que sea imposible vivir. Y no creo que ese amor que yo busco esté aquí, en esta suite tan cara de este hotel precioso en París

Os dejo la escena por aquí https://www.youtube.com/watch?v=q0bgy7T_Scs

Si queréis saber más de Carrie alguien se ha tomado la molestia de hacer una entrada sobre ella en la Wikipedia, pero la versión en inglés es mucho más extensa, con un listado completo de relaciones de pareja.

La realidad se cuela en las series

Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas
Embarcación repleta de inmigrantes que intentan llegar a las costas europeas

Piensa en un problema de actualidad que te preocupe. Digamos la corrupción, o el clientelismo político, o la inmigración ilegal, o la falta de ayudas sociales, o los desahucios, o el paro. Bien. Ahora piensa en una serie en la que parezca imposible que estas cuestiones aparezcan reflejadas. Y ahora imagina lo imposible: que en estas series se habla justamente de esos temas.

Cuando una serie es capaz de hablar de cosas que están al cabo de la calle, de temas que preocupan a las personas en su día a día, consigue ser más importante, más grande, más cercana y despertar más sentimientos en su audiencia.

El drama de los desahucios

Amador, el personaje de La que se avecina (aquí tenéis el enlace a la serie) comienza la serie siendo un tipo gris que trabaja en un banco. Tiene mujer y varios hijos. No tiene muchas luces. Al continuar la serie, Amador pierde su trabajo. Intenta desesperadamente que no se entere nadie y mantiene su tren de vida. Cuando se descubre el pastel intenta encontrar otro empleo. Cada vez más desesperado, no es capaz de mantener ninguno y finalmente es desahuciado y termina viviendo en la plaza de garaje con su mujer y sus hijos.

Yo creía que esto era una comedia
Yo creía que esto era una comedia

¿Es una crítica social? ¿No estábamos en una comedia? Sí… y sí. Es una comedia, pero el hecho de estar en una serie que trate temas de actualidad da más empaque al producto, hace que el espectador es una muestra de respeto hacia los espectadores.

Si le quitas los chistes, “La que se avecina” sería una serie de los hermanos Dardenne

La que se avecina es una comedia muy loca en la que sus personajes viven situaciones rocambolescas, pero a la vez muy, muy dramáticas. Si le quitamos los chistes La que se avecina sería una serie perfecta para que la firmaran los hermanos Dardenne. Desahucios, soledad, crisis vitales, falta de amor, desempleo, un empresario que vive en un mundo paralelo, casi fuera de su época (por mucho que sea mayorista y que no limpie pescado), incomunicación dentro de la pareja, problemas intergeneracionales… un catálogo de lo más variopinto para hacer un dramón que ver semanalmente bien pertrechado con pañuelitos de papel y dispuestos a llorar. Solo que decidieron hacer una comedia.

Clientelismo político

Ye he hablado mil veces de Cuéntame en el blog. En una de las temporadas de la serie, Antonio Alcántara, después de las primeras elecciones democráticas tras la transición, consigue un puesto como Director General en un ministerio. Merche, su mujer, le habla de que tienen que ahorrar, de que tienen que pensar en que las cosas pueden torcerse. Entonces Antonio le contesta:

Esto va a ir siempre a mejor, Milano
Esto va a ir siempre a mejor, Milano

ANTONIO

Pero por qué van a irnos las cosas mal, ¿mujer? Si esto es siempre a mejor.
Ahora estoy de Director General. Pues luego, cuando se acabe, me darán
otro puesto. Y luego otro. Así siempre. Y siempre a mejor.

En una conversación de menos de un minuto ambientada en 1981 se tratan temas que se pueden leer a diario en periódicos de 2015. ¿Por qué? Para hacer que los espectadores no perciban las series como algo ajeno, sino actual, que habla de su día a día aunque se trate de una historia de época.

Inmigración ilegal

Refugiados, la serie de Ramón Campos para Bambú y coproducida por la BBC, quiere ser una serie de ciencia ficción pero a la vez tratando temas de hoy mismo. El pistoletazo de salida de la misma, la premisa, es de lo más interesante: en un pueblo normal y corriente, con su gente normal y corriente, que lleva a diario su vida normal y corriente con total tranquilidad comienza a venir gente desconocida. No son inmigrantes, pero no son de allí. Se trata de gente que viene del futuro. Si fueran subsaharianos, o marroquíes, o gitanos rumanos estaríamos hablando de una serie sobre inmigración pura y dura. Pero sin que los personajes sean de países diferentes o de razas distintas es una serie sobre este tema. Refugiados, sin mencionarlo, habla sobre Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur, Libia…  Habla sobre el derecho al asilo político, sobre lo egoísta que se vuelve la gente cuando tiene miedo ante lo desconocido. “Los recursos son limitados”, dicen. “No podemos ayudar a todos. Nos hacemos cargo de que lo están pasando mal, pero no podemos hacer nada”. Tratan de defender “lo que es suyo”, su bienestar social, sus casas, su abastecimiento, su electricidad…

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Tocamos resortes que tienen que ver con el miedo y la solidaridad, con ese choque íntimo entre querer ayudar a los que lo pasan mal y defender lo que creemos que podemos perder. Por supuesto la serie va de otra cosa, hay asesinatos, tramas entrecruzadas en las que no sabemos quién es el bueno y quién el malo, en la que no sabemos si debemos o no fiarnos de los que vienen del futuro… si no, estaríamos hablando de una serie documental sobre los campos de refugiados, y no es lo que se busca. Se busca siempre entretener, mantener el interés del espectador, despertar en él emociones, pero si además hablamos de esos mismos temas de los que el propio espectador huye al sumergirse en las series, el resultado puede ser de nota.

Cuando no va a pasar nada

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Hace poco escribía sobre la manera de balancear una escena. Ya sabemos que todas las escenas tienen que tener su conflicto. Alguien quiere una cosa, pero no lo consigue, lucha por ello, pero hay algo que se opone (los peros, tan importantes siempre en esto de escribir). Dos personajes se enfrentan. Una situación parece que no se va a resolver y finalmente parece que hay una escapatoria…

Emocionalmente las escenas tienen también un balanceo, es una manera de despertar, de mantener alerta a nuestros espectadores, y de hacer avanzar la historia, claro. Si dos personajes empiezan una escena riendo, lo más probable es que acaben a mamporros. Si en el comienzo de una escena él va a pedirle que se case con ella, la cosa puede acabar regular. Algo así como esto:

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Lo mismo pasa cuando una escena comienza y parece que no va a suceder nada de nada. Al final de esas escena puede que toda la historia vaya a cambiar por completo. Un ejemplo (uno más): Breaking Bad (espoiler a la vista, como siempre; si no has visto Breaking Bad corre a verla y luego vuelves a leer esta entrada).

Si tu personaje va al baño, que tenga una buena razón

Walter y familia están sentados en el patio comiendo. Están los chicos, Skyler, Walter, Marie y Hank. Se lo están pasando muy bien. Hace un día soleado, estupendo. La comida está riquísima y están echando unas risas. Entonces Hank va al baño. Se sienta en el váter. Va a cagar. Ahora es cuando nos relajamos. No puede suceder nada. Si un hombre va a cagar, pues no puede haber ningún ataque, ningún punto de giro importante. Nada.

Nada, ¿verdad? Pues sucede justo lo contrario.

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voy a leer algo mientras la cosa baja

 

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Uy, una dedicatoria. Voy a leerla

 

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Wait a second, esa letra me suena

 

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¡… YA SÉ! con toda su p…a mad…e

 

Esta escena cambia por completo la relación de Hank con Walter. Cambia la dirección de las investigaciones de Hank y desencadena el final de la serie. La sensación que tienes al entrar en la escena es como el que sube a un vagón de tren. Estás seguro, tranquilo, nada malo puede pasar. Pero después el tren puede descarrilar, como en este caso.

Así que ya sabéis, si un personaje va al cuarto de baño en un guión, que lo haga por una buena razón.