La fe de escribir un guión

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Escribir un guión es un ejercicio de fe. Eso lo sabemos todos los que pasamos nuestro tiempo juntando palabras que quieren acabar convirtiéndose en una historia. El proceso es duro, muy duro. Uno tiene que batirse el cobre con elementos que se encuentran tanto dentro como fuera del propio hecho de escribir. Se lucha contra las estructuras que se le pueden atragantar, contra motivaciones burdas de personajes, contra el vacío contra el que se estrella tu historia llegado a un determinado punto. Después, si se han logrado superar estos escollos se lucha por conseguir el equilibrio entre desvelar y sugerir, entre la obviedad y la pista. Se lucha por lograr que lo que acaba en el papel sea exactamente lo que teníamos en la cabeza cuando comenzamos, meses atrás, esta aventura.

El miedo a que tanto esfuerzo se quede en nada

Pero es que además tenemos que pelear contra los elementos que están fuera del propio proceso de escritura. La incomprensión de los demás, el miedo a que tantas horas, tanto esfuerzo no valgan de nada, la sensación de que al final, en el mejor de los casos, se conseguirá terminar la obra, pero que esta tiene muchas posibilidades de que quede para siempre metida en un cajón. Hace poco, vía facebook me llegó un vídeo de lo más explicativo sobre qué era conseguir que se realizase una película.

Vídeo Filmmaking – A Recipe For Disaster

Hace mucho tiempo, en un pub de jazz de Sevilla decidí que iba a dedicarme a escribir. Había quedado con un amigo que aseguraba tener una idea brillante para un cortometraje (si la cita fuera hoy me hablaría de un microteatro, está claro). La historia no me convenció del todo. Era un poco demasiado “de tesis”. No me movió, pero había disfrutado tratando ideas, secuenciándolas, imaginando personajes y una trama sólida.

Sonaba en el ambiente el piano de Bill Evans y entonces lo supe. Fue como una epifanía, una llamada a la aventura que no podía desoír. Yo iba a escribir historias. Puede que no la suya, pero sí otras que fueran ilusionantes, que despertaran emociones. Colgada de la pared, en un rincón del pub, una camiseta negra con una trompeta blanca era testigo de mi decisión.

– Ves esa camiseta -le dije a mi amigo -. Será lo primero que compre cuando cobre por algo de lo que escriba.

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Not mine… yet

Cuando comencé a escribir guiones leí un artículo en el que un guionista de cierto renombre declaraba que entre un 80 y un 90 por ciento de las cosas que había escrito no tenía salida. Del resto, lo que llegaban a la consideración de una productora, había otro corte y menos de la mitad llegaba a buen puerto, a la producción, al casting, a los actores, a la emisión. En resumen ¡menos de un cinco por ciento de lo que escribía! ¡Él, que era conocido, que estaba establecido en el sector!

Dicen por ahí que menos de la mitad de un diez por ciento de lo que escribe un guionista tiene salida.

La verdad es que leer ese artículo me dejó pensando, pero no tenía otra opción: yo tenía que ser guionista, tenía que escribir, tenía que conseguir “colocar” historias, hacer que se emitieran, hacer posible que aquello que comenzaba en un papel acabara en una pantalla.

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Cafe Jazz Naima, en Sevilla

De momento no he conseguido que nadie quiera coprar una serie que tengo muy avanzada, ni ninguno de los dos programas de entretenimiento que andan rulando, ni siquiera me he decidido a escribir un microteatro. Pero hace nada logré hacer algo de lo que no me creía capaz (vistos los resultados precedentes): conseguí que alguien se interesara por un sketch que había escrito. De hecho le gustó bastante y le pareció lo suficientemente interesante como para pagar por él y encargarme más. Así que dentro de nada pasaré a engrosar la lista de guionistas que, en algún momento de su carrera, han conseguido cobrar por su trabajo. Ya tengo gastado el dinero que cobraré por este encargo. Por fin compraré la camiseta que vi hace años en un pub de Sevilla y tendré la sensación de comienzo a caminar por un sendero nuevo.

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Y entonces no hay más remedio

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…y uno sigue escribiendo, o lo intenta. Al menos no lo ve como una condena. Sencillamente sigue hacia delante. Y no es por obcecación, o por falta de temor al fracaso. Sencillamente uno sigue hacia delante porque es el único camino que conoce.

Sigue adelante fraguando proyectos. Pero antes de eso, uno vuelve a leer.

 

Volver a leer

Hace poco he leído algunas cosas que tenía pendientes. Algunos guiones que habían llegado a mi poder por unos medios o por otros. El último, uno sobre el capítulo de Cuéntame sobre el que hablaba en esta entrada. El guión escrito por Jacobo Delgado y Carlos Molinero es sencillamente delicioso. Las páginas van pasando rápidas, inevitables. Uno tiene la sensación de que el guión funciona como un reloj. Al leerlo he recordado este artículo de Ana Sanz-Magallón (autora de Cuéntalo bien, link en Amazon) sobre el tema de la lectura de guiones.

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Lo próximo que voy a leer gracias al colectivo 70 Teclas

Luego he leído de nuevo el guión del capítulo piloto de Breaking Bad (si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí).

Y el guión de uno de los capítulos del Ministerio del tiempo (que Javier Olivares colgó vía twitter).

Para saber cocinar hay que probar muchos platos de comida diferentes en diferentes restaurantes. Para poder escribir, uno tiene que leer. Y si lo que quiere es escribir guiones, tiene que leer y leer y leer y releer y hacer anotaciones y analizar… guiones. No libros de Syd Field ni de McKee. Guiones. En la página de guiones en pdf tenéis un montón que a mí me han servido para ilustrar ejemplos de un montón de cosas. Leedlos si queréis. Además, en esta época de internet, todo es más sencillo. Encontrar guiones interesantes es más sencillo. Encontrar series que ver es más fácil. Buscar contenidos que analizar está tirado. Si queréis escribir, poneos en marcha y empezad a ver cosas y a leer.

Escribir otras cosas

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El nuevo blog en el que estoy escribiendo

Desde hace unos meses he empezado a escribir en un blog diferente. Es un desahogo. En él hablo de cosas pequeñas y de temas de actualidad. Yo, que vengo del periodismo y de la comunicación audiovisual, soy sensible a ciertos temas. Quedárselos dentro es lo peor que uno puede hacer. Así que he escrito sobre todos los pensamientos que se me van quedando clavados dentro en este pequeño nuevo proyecto que he llamado Coleccion De Cerillas. Si queréis echarle un vistazo lo tenéis por aquí. Sois más que bienvenidos.

Volver a los proyectos

Otra de las cosas que he hecho últimamente es volver a leer los proyectos que estaba moviendo entre las productoras.

Sinceramente creo que sirven, que son viables, que son interesantes y que aportan cosas. Pero como todo, después de leerlos he hecho alguna modificación, les he lavado la cara, les he cambiado el tono y los tengo dispuestos una vez más en el disparadero.

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¿Cómo conseguirá batman vender su proyecto?

Ahora falta una tercera fase: el Marketing

Si quieres escribir guiones seguro que también quieres que te paguen por hacerlo. Y si quieres que te paguen por hacerlo seguro (pero seguro, seguro) que necesitas alguien que esté dispuesto a pagar por ellos. Por eso, ahora tengo que empezar con la tercera fase del proceso, que es de las más importantes: la del marketing. Tengo que buscar productores que estén buscando historias, proyectos, que quieran vender cosas nuevas en las distintas televisiones. Si sabéis de alguno, soy todo oídos. Si os suena que alguna productora está interesada y buscando nuevos materiales, decídmelo y os lo agradeceré enormemente.

Puede que sea el tiempo de hacer SPAM (o riego por goteo) para encontrar un compañero de viaje (así es como veo el papel de un productor) con el que levantar algo por lo que uno ha luchado tanto.

Así que después del 100, viene el 101, y después el 102. Así hasta no acabar nunca, hasta que el cuerpo aguante. No porque sea un cabezota. Es que sencillamente no conozco otro camino.

 

y 100

100

Llevo mucho sin escribir por aquí.

La razón es que, después de haber publicado la última entrada me di cuenta de que la siguiente sería la número 100 y sentí la responsabilidad de querer hacer algo especial para esta ocasión.

La número 100 no podía ser una entrada cualquiera que hablase de Breaking Bad o de los guiones de Cuéntame o de cualquier serie que estuviese teniendo un éxito notable.

No podía escribir, por mucho que me apeteciera, de las nuevas series que me parecían excelentes, como por ejemplo Refugiados, ni de las nuevas tendencias de la tele en España ni en el extranjero. Era la entrada número 100. No podía gastar esa bala con cualquier cosa.

Por supuesto escribiré sobre nuevas series de aquí y de allí. A casi todo lo nuevo le debo una pensada y ponerme escribir. Se están haciendo cosas demasiado buenas como para ignorarlas. Ángela Armero (@armero00 en twitter), entre otros, habla de una nueva tendencia gracias a El Príncipe, a Sin Identidad y a tantas nueva producciones que están haciendo posible que cada nueva serie se espere con ilusión, no como una nueva versión de lo mismo de siempre.

Pero esta vez tenía que escribir sobre otra cosa. Tenía que hacer algo especial.

La guardia real británica saluda la entrada nº 100 de Una Página Un Minuto

 

Lo que ha sucedido es que me ha resultado difícil encontrar ese “algo especial”. Porque, entre otras cosas, me ha venido lo que David Muñoz (en twitter @DMPguionista) definió atinadísimamente en esta entrada de bloguionistas: la bajona.

¿Qué hace alguien que quiere dedicarse a escribir? Sencillo: escribe

La suya tenía que ver con una serie de circunstancias que se le juntaron: había escrito una serie que le había gustado mucho y había sido un sonado fracaso, no sentía ilusión a la hora de emprender un nuevo trabajo… bueno, a mí me ha pasado algo así, con la diferencia de que no me dedico profesionalmente al tema de guión, pero quiero.

¿Y qué es lo que hace alguien que quiere dedicarse a escribir guiones para ser pagado a cambio? Pues escribir guiones, hacer proyectos, tramar historias y lanzarlo al aire, es decir, a las productoras.

Quien sigue el blog sabe que tengo trabajo, niños, familia y una vida ajetreada en general. Sobre las dificultades que tengo para escribir ya conté algo por aquí. Pero con todo y con eso uno hace todo lo posible para lograr que el mundo se detenga, encuentra su hueco y escribe con toda la ilusión del mundo. No tienes tiempo, pero te levantas a las seis de la mañana. No tienes fuerzas, pero a la hora de comer empleas 30 minutos en pulir detalles. No sabes maquetar, pero te haces un curso de InDesign para hacer la presentación más espectacular posible de tu proyecto. Así, al cabo de varios meses de trabajo (intermitente pero muy duro), quitándote de cosas que te gustan, dejando de lado el ocio para trabajar y trabajar y trabajar, tienes por fin un proyecto.

La realidad es una mezcla de palabras bonitas y puertas cerradas

Entonces lo lanzas. Escribes a un sitio y a otro. Y te encuentras de bruces con la realidad.

Y la realidad está llena de bellas palabras y puertas cerradas. Las bellas palabras te dicen que está muy bien escrito, que tiene muy buena pinta, que merece un montón la pena. Las puertas cerradas niegan todo lo anterior. Dicen: es una serie muy de nicho, no es el proyecto que estamos buscando, estaría genial para una productora de otro tipo, pero no para la nuestra.

Dos certezas y una duda

No es que haya escrito a todas las productoras del mundo. Lo que he hecho ha sido remitirme a productoras de referencia. Han sido tres o cuatro, pero en todas ellas la respuesta ha sido la misma, y eso me ha desanimado.

Levantar un proyecto. Definición gráfica

 

A estas alturas tengo dos cosas claras y una duda enorme. Las dos cosas que tengo claras son: 1) sé que puedo trabajar de esto, que valgo para ello y 2) que es muy complicado. La duda es si tendré la perseverancia necesaria para seguir intentándolo, para no abandonar, para luchar una y otra vez, para no desanimarme con cada puerta que se cierra, para seguir, para seguir, para seguir hasta que alguien, una productora, una cadena o quien sea, me diga que le interesa lo que he escrito (o que no le interesa exactamente eso, pero que le intereso yo como colaborador).

Sinceramente no sé si llegaré a trabajar alguna vez de lo que escriba, pero tengo la certeza de que siempre seré guionista. Es una manera de ver el mundo. Es mi manera de enfrentarme al mundo. Y eso no se puede cambiar aunque intentes negártelo con todas tus ganas.

Una carrera de fondo

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“Ellos, que juraron comerse la vida y fue la vida y se los merendó”

Es un verso de una canción (de las más horribles) de Joaquín Sabina. Se llama “El rap del optimista” y un poco me da la sensación de que habla mucho de la aspiraciones de una generación.

Cuando uno empieza quiere comerse la vida, quiere comerse el mundo de un bocado, sin que le haga falta ni siquiera un trozo de pan para ir empujando. Se ve en su carrera de audiovisual como si fuera el futuro Kubrick (Buñuel se conoce más tarde). Después llegan las rebajas. Después se da uno cuenta que estudiar una carrera te pone en la casilla de salida junto con un buen puñado de compañeros que el mercado laboral (sencillamente) no puede absorber. No hay mercado laboral en el audiovisual para 100 licenciados al año cada año por cada una de las (qué sé yo) veinte universidades en la que se estudia comunicación audiovisual. Eso son 2000 licenciados al año. Y me juego algo a que la mayoría querían ser Kubrick, o Spielberg, o al menos Almodóvar. Y no, el mercado no da para tanto.

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Después, cuando uno se da cuenta de eso, decide especializarse. Lo que más le interesa, lo que más le gusta, lo que más le llama, desde siempre, es contar historias. Ha escrito relatos. Ha terminado una novela que le ha dado tanta vergüenza que ha acabado tirando a la basura. Cosas de la adolescencia, se dice. La próxima saldrá mejor. El problema es que puede que no haya próxima. Pero sigue adelante. Porque intuye, porque cree, porque tiene la creencia de que tiene la certeza (toma ya la frase) que lo suyo es contar historias. Entonces hace un master (aquí está el enlace de dónde estudiar un master de guión) porque un amigo suyo estudió un master en el momento adecuado y se colocó. Y desde entonces no ha dejado de currar haciendo lo que él quiere hacer. Pero resulta que el amigo eligió bien el momento y él no. O puede que, sencillamente no tenga el talento, o la tenacidad, o las historias que contar. Él, cuando termina el master, se siente también en la casilla de salida junto con el resto de compañeros de master. Siente que no va a conseguir escribir nada que llegue a publicarse, que llegue a rodarse, que llegue a emitirse.

Pero entonces se pone a hacer lo único que sabe hacer de verdad. Lo único que cree que es capaz de hacer: escribe. Prepara un proyecto. Luego prepara otro. Luego se pone a escribir en un blog sobre guión. Antes de enterarse de todo aquello de los “contenidos de calidad” de la “generación de una comunidad” del “valor añadido” él ya está escribiendo siguendo unas pautas que intuye.

Después se da cuenta de que los artículos del blog se han leído en miles de ocasiones. Eso es estupendo. Que se han leído en España, en Perú, en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, y se dice: “Vaya. Me han leído en medio mundo. Han leído sobre mis historias de guión en todas partes”. Y es una satisfacción. Pero sucede que de sus historias, de sus proyectos… no ha tenido respuesta. Porque sí, porque los proyectos los ha movido (puede que poco, es cierto) pero ahí está. Ha llamado a puertas. Ha escrito a Globomedia, a Mandarina, a Bambú, a Boomerang TV… y no ha recibido respuestas. O las respuestas (pocas) no han sido positivas. Aún así cree (de verdad lo cree) que es capaz, que puede, que sabe, que tiene la sensibilidad para contar historias.

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Y entonces escribe en un blog un poco más pequeñito, un poco más personal. Habla sobre sus hijos, sobre la actualidad, sobre las cosas que le hacen daño, sobre las injusticias. Cuenta historias. Pequeñas. Sencillas. Le gusta lo que hace, pero sabe que es como la metadona del drogodependiente. Sabe que lo que le gustaría de verdad es tener la posibilidad de colaborar en una gran serie, de escribir una película y venderla, de escribir un comic (existe el proyecto) y venderlo. Sabe que quiere contar historias todos los días porque esa es su vocación.

Entonces entiende que no tiene escapatoria, que va a seguir intentándolo toda la vida, que va a seguir luchando, que va a seguir escribiendo en un blog, o en otro, o creando proyectos de serie o de concursos o de programas de televisión porque no tiene alternativa. Porque pasarse un día sin contar historias no es una alternativa. Porque, a fin de cuentas, siente que tiene que seguir avanzando, que tiene que seguir corriendo, que tiene que seguir aportando lo que sea, como sea, cuando sea. Porque escribir es un poco como la vida, una carrera de fondo. No existe el éxito inmediato. Una maratón no se completa en diez minutos. Tienes que darte tu tiempo, pero lo que no puedes hacer nunca es detenerte.

Por eso sigue escribiendo. Con esta van 99 entradas en el blog. Puede que esta sea de las más oscuras, pero al final, allá a lo lejos, está la meta, y hay que seguir corriendo.

10 razones en GIF por las que tienes que quedar con guionistas

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Si eres guionista ya te habrás dado cuenta de que eres un poco un bicho raro. Tranquilo, hay una buena noticia: no eres el único. Hay un montón de tipo ahí fuera que son tan “raros” o incluso más “raros” que tú. Creo que es importante que, si eres guionista, quedes con otros guionistas como tú. Aquí puedes encontrar 10 razones para ello.

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1. Se te pasará la sensación de ser un bicho raro.

Admitámoslo, somos diferentes. Hacemos chistes sobre cosas diferentes. Vemos películas (y programas, y series y cualquier cosa) con otros ojos. No hacemos chistes sobre Gran Hermano Vip (o puede que sí), los hacemos sobre secuencias de True Detective. No comentamos el editorial de El País, hablamos sobre la última entrada de Bloguionistas.

Compartir todas nuestras impresiones con alguien parecido es buenísimo.

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guionista ayudando a otro guionista

 

2. Compartirás tus historias, tus agobios y tus bloqueos, y puede que lo que tus compañeros guionistas te digan sirva para seguir adelante

Compartir las historias en las que uno está trabajando, verbalizarlas, ayuda muchísimo. Sobre todo porque al explicarlas uno descubre cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles.

Si además estamos en mitad de un bloqueo, que haya alguien que aporte el “thinking outside the box” es estupendo para acabar con todas estas dificultades.

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3. Ayudarás a otros compañeros

Aportarás tu punto de vista a las historias de los demas. No todo consiste en beneficiarse uno.

Hacer que se disipe el bloqueo de los demás y ver cómo tus ideas aportan algo importante a las historias de los demás es una gran satisfacción.

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4. Conocerás la sensación sanadora del “mal de muchos”

Un guionista se enfrenta cotidianamente a una serie de dificultades. Es bueno compartir con los demás estas experiencias, sobre todo porque todos nos enfrentamos a las mismas. Si no es que un productor no quiere reunirse con nosotros es que después de reunirse no ha vuelto a llamarnos. Si no es que los guiones están mal pagados es que las cuotas para ser autónomo son elevadísimas. Si no es que no hay pruebas de guión a la vista es que hemos hecho una prueba de guión y tenemos la sensación de que está metida en un cajón.

Hablar de este tipo de cosas (que nos precupan tanto) con gente que se enfrenta a ellas a diario es muy sano.

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guionista de éxito

 

 

5. Descubrirás que no todo está tan negro

Te dará alegría ver que no todo está tan negro, que hay, de hecho, compañeros currando en series, películas, que tienen proyectos que salen adelante. Y eso hará que tengas un extra de motivación y que continúes adelante con tus propios proyectos.

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Haciendo contactos

 

6. Puede que te ayuden a crear contactos

Uno no queda con alguien para que le facilite una red de contactos, eso está claro. Pero también está claro que en un mundo como el nuestro todos intentamos ayudarnos. Si conozco alguien que está en una productora que está buscando un proyecto y creo que le encaja el tuyo… te pienso dar su número y ponerte en contacto con esta persona.

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Somos una enciclopedia viviente de pelis y series raras

 

7. Ampliarás tu conocimiento cinematográfico y televisivo

Gracias a compañeros he visto series y películas que no se me habrían cruzado por delante de no haber sido por ellos.

Como ejemplos, Black Mirror (antes de que llegara a España), White Heat (gracias, Javier Olivares), House of Cards (la original, no confundamos), Dans la maison (En la casa, peliculón), The extraordinary tales… y un millón más. Todas estas películas y series merecen la pena. Es cierto que hay muchas que aún no he visto. Algerino Marronceli es una fuente infinita de conocimiento, pero aún no me he puesto por delante muchas de las cosas que me ha aconsejado (Il Capitale Umano, Italy in a day, Hollands Hoop…).

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Ya sé cómo te sientes. Ven aquí

 

 

8. Tendrás la sensación de que hablas con alguien que te entiende

Es un paso más del punto 1. Es un poco como una reunión de alcohólicos anónimos. Alguien con el que tienes muchos puntos en común y con el que te comunicas, y con el que compartes cosas que son importantes para ti. Sólo la sensación de saber que alguien se siente como tú habitualmente ante tal o cual cosa es reconfortante.

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Poca gente más interesante en el mundo

 

9. Somos interesantes

Cada uno tiene un tipo de historia dentro, unas inquietudes que le marcan. Los hay que están obsesionados por episodios concretos de la historia de España, pero también los que no dejan de pensar en los problemas de adaptación del colectivo LGBT, los hay que piensan en el poder, los hay que tienen dentro la inquietud sobre la búsqueda de la propia personalidad, de la propia meta vital.

Hay guionistas a los que les gusta escribir sobre más de uno y más de dos y más de tres temas.

Cuando los guionistas quedamos, nos contamos los unos a los otros nuestras “películas” y nuestras inquietudes y eso no es “dar la chapa”. Lo sería si el que estuviera enfrente no fuera un guionista, pero siéndolo, el que escucha se queda con la sensación de “qué interesante es esto que me acaban de contar”.

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10. Somos gente guay con la que se pasa siempre un rato muy divertido

Sí, es verdad que tenemos un punto un poco extravagante, y algunos de nosotros estamos locos de atar, pero somos gente a la que le gusta compartir, hablar y reírse. Yo cada vez que me he visto con un guionista (Mercè Clasca, Juanjo Ramirez, Elena Cobos, Miguel Angel Lamata, Fernando Hugo Rodriguez, Salva Rubio…) siempre me lo he pasado bomba. Y por muy raros que seamos no somos sociópatas, también nos gusta la gente normal.

Si tienes más razones que se te ocurra añadir, adelante.

 

 

2015

INT. DESPACHO DE GUIONISTA – DÍA

La pantalla de un ordenador en blanco. La barra de un cursor parpadea expectante. Con cada parpadeo, primero levemente, luego más alto, se oyen los latidos de un corazón. De pronto silencio. Frente a la pantalla está el guionista. Barba entrecana. Mirada perdida. 33 años. Se escuchan a lo lejos, tras la puerta, dos niños jugando.

GUIONISTA (V.O.)

Desde siempre había querido escribir. Es dar forma a un pensamiento. Es pensar en imágenes. Lo que no sabía era que escribir era esto.

El guionista, inspirado de pronto, comienza a escribir compulsivamente. Una música sube. Se siente completamente inspirado. Una página tras otra salen del teclado. Sonríe. Es feliz. Giramos a su alrededor. Es una verdadera epifanía. Parece que una luz sobrenatural lo ilumina todo. Pero de pronto todo se para. Volvemos a la mirada del guionista, vacía. El cursor sigue parpadeando sobre la página en blanco. Un golpe en la puerta. Los niños están llamando a la puerta.

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Papá, queremos cenar.

El guionista mira a la pantalla en blanco.

GUIONISTA

¡Os lo he dicho mil veces! ¿Queréis dejarme en paz cuando estoy trabajando?

Silencio. El guionista espera. Los niños se alejan. Vuelve a mirar hacia la pantalla en blanco. El cursor sigue parpadeando. Finalmente parece que el guionista se decide. Mueve el cursor hacia la barra del navegador. Teclea algo. En la pantalla aparece el facebook.

GUIONISTA (V.O.)

Escribir no es pensar en imágenes. No es dar forma a un pensamiento. No sólo eso al menos. Escribir es apagar el rúter y teclear sin parar. Escribir, sobre todo, es luchar contra el impulso de entrar en facebook (o en algo peor). Escribir es pensar que realmente puedes escribir algo que merezca la pena y hacer que llegue a las manos adecuadas, que lo valoren, que sea el momento justo, que te den una oportunidad. ¿Pero se puede tener una oportunidad con 33 años y sin haber “publicado” nada? ¿Será 2015 mi año, el año de esa oportunidad? Desde luego con parlamentos tan largos no va a haber manera, así que vas a tener que inventarte una acción para este corto introspectivo de bajo presupuesto

El guionista se levanta de la silla. Lo vemos de cuerpo entero. Va en pijama. Atormentado, da una vuelta por la habitación. Vuelve a la silla. Cierra el navegador y comienza a escribir en el procesador de texto

GUIONISTA (V.O. CONT.)

Sólo hay una forma de saber si voy a ser capaz de conseguirlo… y la respuesta no está precisamente en facebook sino en intentarlo todos los días.

 

La vida de un guionista principiante en 24 gifs

Todo guionista novel se ha encontrado alguna vez en estas circunstancias.

Como crees que será la vida de guionista antes de empezar

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Cuando comienzas a escribir tu guión

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Cuando reescribes tu guión por primera vez

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Después de arreglar tu guión por octava vez

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Recibiendo consejos de un guionista experimentado

recibiendo consejo

A lo que todo guionista principiante dice…

respondiendo sin saber

Lo que crees que es tu guión

tu guion

Lo que parece en realidad tu guión

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Cuando llamas la primera vez a una productora

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Cuando llamas por cuarta vez a una productora

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Cuando llamas por séptima vez a una productora

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Cuando terminas de llamar a todas las productoras y no te ha contestado ninguna

lonelylostLo que dicen tus amigos de tu guión

tumblr_lt7hy3XSjQ1qe0eclo1_r26_500Lo que opinan tus padres de tu guión

tus padres guion

Lo que opina un productor cualquiera de tu guión

thedarkknightLo que el productor piensa en realidad de tu guión

tumblr_leimsh3O7U1qe0eclo1_r1_500Relación habitual entre productor y guionistas

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Cuando tratas de demostrar que eres un guionista versátil

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Por fin te llaman de una productora. Así te ves tú en la primera reunión con un productor

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Como te ve el productor al entrar en su despacho por primera vez

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Cuando rechazan por primera vez tu proyecto

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Cuando crees que es imposible trabajar de guionista

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Guionistas ante un contrato de trabajo estable

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Cuando finalmente te te dicen que sí a un proyecto

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