Una carrera de fondo

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“Ellos, que juraron comerse la vida y fue la vida y se los merendó”

Es un verso de una canción (de las más horribles) de Joaquín Sabina. Se llama “El rap del optimista” y un poco me da la sensación de que habla mucho de la aspiraciones de una generación.

Cuando uno empieza quiere comerse la vida, quiere comerse el mundo de un bocado, sin que le haga falta ni siquiera un trozo de pan para ir empujando. Se ve en su carrera de audiovisual como si fuera el futuro Kubrick (Buñuel se conoce más tarde). Después llegan las rebajas. Después se da uno cuenta que estudiar una carrera te pone en la casilla de salida junto con un buen puñado de compañeros que el mercado laboral (sencillamente) no puede absorber. No hay mercado laboral en el audiovisual para 100 licenciados al año cada año por cada una de las (qué sé yo) veinte universidades en la que se estudia comunicación audiovisual. Eso son 2000 licenciados al año. Y me juego algo a que la mayoría querían ser Kubrick, o Spielberg, o al menos Almodóvar. Y no, el mercado no da para tanto.

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Después, cuando uno se da cuenta de eso, decide especializarse. Lo que más le interesa, lo que más le gusta, lo que más le llama, desde siempre, es contar historias. Ha escrito relatos. Ha terminado una novela que le ha dado tanta vergüenza que ha acabado tirando a la basura. Cosas de la adolescencia, se dice. La próxima saldrá mejor. El problema es que puede que no haya próxima. Pero sigue adelante. Porque intuye, porque cree, porque tiene la creencia de que tiene la certeza (toma ya la frase) que lo suyo es contar historias. Entonces hace un master (aquí está el enlace de dónde estudiar un master de guión) porque un amigo suyo estudió un master en el momento adecuado y se colocó. Y desde entonces no ha dejado de currar haciendo lo que él quiere hacer. Pero resulta que el amigo eligió bien el momento y él no. O puede que, sencillamente no tenga el talento, o la tenacidad, o las historias que contar. Él, cuando termina el master, se siente también en la casilla de salida junto con el resto de compañeros de master. Siente que no va a conseguir escribir nada que llegue a publicarse, que llegue a rodarse, que llegue a emitirse.

Pero entonces se pone a hacer lo único que sabe hacer de verdad. Lo único que cree que es capaz de hacer: escribe. Prepara un proyecto. Luego prepara otro. Luego se pone a escribir en un blog sobre guión. Antes de enterarse de todo aquello de los “contenidos de calidad” de la “generación de una comunidad” del “valor añadido” él ya está escribiendo siguendo unas pautas que intuye.

Después se da cuenta de que los artículos del blog se han leído en miles de ocasiones. Eso es estupendo. Que se han leído en España, en Perú, en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, y se dice: “Vaya. Me han leído en medio mundo. Han leído sobre mis historias de guión en todas partes”. Y es una satisfacción. Pero sucede que de sus historias, de sus proyectos… no ha tenido respuesta. Porque sí, porque los proyectos los ha movido (puede que poco, es cierto) pero ahí está. Ha llamado a puertas. Ha escrito a Globomedia, a Mandarina, a Bambú, a Boomerang TV… y no ha recibido respuestas. O las respuestas (pocas) no han sido positivas. Aún así cree (de verdad lo cree) que es capaz, que puede, que sabe, que tiene la sensibilidad para contar historias.

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Y entonces escribe en un blog un poco más pequeñito, un poco más personal. Habla sobre sus hijos, sobre la actualidad, sobre las cosas que le hacen daño, sobre las injusticias. Cuenta historias. Pequeñas. Sencillas. Le gusta lo que hace, pero sabe que es como la metadona del drogodependiente. Sabe que lo que le gustaría de verdad es tener la posibilidad de colaborar en una gran serie, de escribir una película y venderla, de escribir un comic (existe el proyecto) y venderlo. Sabe que quiere contar historias todos los días porque esa es su vocación.

Entonces entiende que no tiene escapatoria, que va a seguir intentándolo toda la vida, que va a seguir luchando, que va a seguir escribiendo en un blog, o en otro, o creando proyectos de serie o de concursos o de programas de televisión porque no tiene alternativa. Porque pasarse un día sin contar historias no es una alternativa. Porque, a fin de cuentas, siente que tiene que seguir avanzando, que tiene que seguir corriendo, que tiene que seguir aportando lo que sea, como sea, cuando sea. Porque escribir es un poco como la vida, una carrera de fondo. No existe el éxito inmediato. Una maratón no se completa en diez minutos. Tienes que darte tu tiempo, pero lo que no puedes hacer nunca es detenerte.

Por eso sigue escribiendo. Con esta van 99 entradas en el blog. Puede que esta sea de las más oscuras, pero al final, allá a lo lejos, está la meta, y hay que seguir corriendo.

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Autor: Jorge Bartolome

Escribo cosas. Me quedé atrapado en las historias, sus giros, sus vueltas, desde que un amigo puso en mis manos un ejemplar de "Elige tu propia aventura". Supongo que desde pequeño no he parado de imaginar. A veces con palabras. A veces sin ellas, buscando sólo imágenes que a su vez cuenten historias. Escribo cosas en coleccióndecerillas.wordpress.com También en unapaginaunminuto.wordpress.com

1 comentario en “Una carrera de fondo”

  1. Excelente, muy motivador … recien tuve mi primer semana de guion, tu pagina me resulto extremadamente util, clara de entender y entretenida … saludos!!

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