Una carrera de fondo

1332796770

“Ellos, que juraron comerse la vida y fue la vida y se los merendó”

Es un verso de una canción (de las más horribles) de Joaquín Sabina. Se llama “El rap del optimista” y un poco me da la sensación de que habla mucho de la aspiraciones de una generación.

Cuando uno empieza quiere comerse la vida, quiere comerse el mundo de un bocado, sin que le haga falta ni siquiera un trozo de pan para ir empujando. Se ve en su carrera de audiovisual como si fuera el futuro Kubrick (Buñuel se conoce más tarde). Después llegan las rebajas. Después se da uno cuenta que estudiar una carrera te pone en la casilla de salida junto con un buen puñado de compañeros que el mercado laboral (sencillamente) no puede absorber. No hay mercado laboral en el audiovisual para 100 licenciados al año cada año por cada una de las (qué sé yo) veinte universidades en la que se estudia comunicación audiovisual. Eso son 2000 licenciados al año. Y me juego algo a que la mayoría querían ser Kubrick, o Spielberg, o al menos Almodóvar. Y no, el mercado no da para tanto.

553615192cc2d

Después, cuando uno se da cuenta de eso, decide especializarse. Lo que más le interesa, lo que más le gusta, lo que más le llama, desde siempre, es contar historias. Ha escrito relatos. Ha terminado una novela que le ha dado tanta vergüenza que ha acabado tirando a la basura. Cosas de la adolescencia, se dice. La próxima saldrá mejor. El problema es que puede que no haya próxima. Pero sigue adelante. Porque intuye, porque cree, porque tiene la creencia de que tiene la certeza (toma ya la frase) que lo suyo es contar historias. Entonces hace un master (aquí está el enlace de dónde estudiar un master de guión) porque un amigo suyo estudió un master en el momento adecuado y se colocó. Y desde entonces no ha dejado de currar haciendo lo que él quiere hacer. Pero resulta que el amigo eligió bien el momento y él no. O puede que, sencillamente no tenga el talento, o la tenacidad, o las historias que contar. Él, cuando termina el master, se siente también en la casilla de salida junto con el resto de compañeros de master. Siente que no va a conseguir escribir nada que llegue a publicarse, que llegue a rodarse, que llegue a emitirse.

Pero entonces se pone a hacer lo único que sabe hacer de verdad. Lo único que cree que es capaz de hacer: escribe. Prepara un proyecto. Luego prepara otro. Luego se pone a escribir en un blog sobre guión. Antes de enterarse de todo aquello de los “contenidos de calidad” de la “generación de una comunidad” del “valor añadido” él ya está escribiendo siguendo unas pautas que intuye.

Después se da cuenta de que los artículos del blog se han leído en miles de ocasiones. Eso es estupendo. Que se han leído en España, en Perú, en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, y se dice: “Vaya. Me han leído en medio mundo. Han leído sobre mis historias de guión en todas partes”. Y es una satisfacción. Pero sucede que de sus historias, de sus proyectos… no ha tenido respuesta. Porque sí, porque los proyectos los ha movido (puede que poco, es cierto) pero ahí está. Ha llamado a puertas. Ha escrito a Globomedia, a Mandarina, a Bambú, a Boomerang TV… y no ha recibido respuestas. O las respuestas (pocas) no han sido positivas. Aún así cree (de verdad lo cree) que es capaz, que puede, que sabe, que tiene la sensibilidad para contar historias.

storytelling

Y entonces escribe en un blog un poco más pequeñito, un poco más personal. Habla sobre sus hijos, sobre la actualidad, sobre las cosas que le hacen daño, sobre las injusticias. Cuenta historias. Pequeñas. Sencillas. Le gusta lo que hace, pero sabe que es como la metadona del drogodependiente. Sabe que lo que le gustaría de verdad es tener la posibilidad de colaborar en una gran serie, de escribir una película y venderla, de escribir un comic (existe el proyecto) y venderlo. Sabe que quiere contar historias todos los días porque esa es su vocación.

Entonces entiende que no tiene escapatoria, que va a seguir intentándolo toda la vida, que va a seguir luchando, que va a seguir escribiendo en un blog, o en otro, o creando proyectos de serie o de concursos o de programas de televisión porque no tiene alternativa. Porque pasarse un día sin contar historias no es una alternativa. Porque, a fin de cuentas, siente que tiene que seguir avanzando, que tiene que seguir corriendo, que tiene que seguir aportando lo que sea, como sea, cuando sea. Porque escribir es un poco como la vida, una carrera de fondo. No existe el éxito inmediato. Una maratón no se completa en diez minutos. Tienes que darte tu tiempo, pero lo que no puedes hacer nunca es detenerte.

Por eso sigue escribiendo. Con esta van 99 entradas en el blog. Puede que esta sea de las más oscuras, pero al final, allá a lo lejos, está la meta, y hay que seguir corriendo.

Unos anuncios y volvemos

001054

Desde siempre he sido un enamorado de la publicidad. Recuerdo campañas, identifico actores, descubro copias aproximadas y plagios sonrojantes.

Yo soy el típico tío que tiene esas “conversaciones de cuñado” sobre si la campaña de Kía de Rafa Nadal es más impactante o menos que la de Antonio Resines (sí, hizo una campaña para Kía en la época de Los Serrano), el que recuerda que la única diferencia entre un zapato nuevo y uno usado durante años es esta (y le dan la vuelta a los dos zapatos y una de las suelas está desgastadísima y la otra está perfecta), y al final, un sello, un maletero que se cierra dejando ver la marca que ocupa toda la pantalla, un eslogan impactante que recuerdas de por vida (busque, compare…).

manuel-luque--478x360
y si encuentra algo mejor…

 

Sabría decir cuáles han sido las últimas campañas de Volkswagen (soy un fan incondicional, lo reconozco, gracias DDB) y doy la chapa recordando el anuncio de los niños en la piscina.

Supongo que lo que me fascina más de los anuncios es que necesitan muy poco tiempo para contar una historia entera, para contarte que un personaje viene de un punto A, que quiere algo, que lo consigue (o se frustra), que su objeto del deseo se aleja y él sufre… y que finalmente llega a un punto B que, según sea el caso, le llevará a la felicidad absoluta o lo pondrá en camino de ella (comprando el producto en cuestión).

Los anuncios cuentan historias complejas y sencillas al mismo tiempo y utilizan una variedad increíble de recursos. Son obras complejísimas que despiertan, sacuden, reclaman atención, hacen reír, emocionan. Alguna incluso da un poco de miedo (Montserrat Caballé sabe de lo que hablo).

20131114_montserratcaballe
lo dicho

 

Decía Don Draper que a la gente no le interesa la publicidad. Lo que la gente busca es algo que le seduzca, algo que le vaya a ser de utilidad. Lo mágico es conseguir captar esa atención con esas pequeñas historias.

donald draper
Con ese porte cómo no va a tener razón

 

Cuatro casos

El suspense

Te prometo que algo va a suceder…

pero al final no sucede nada.

Este es uno de mis anuncios preferidos. Parece que algo va a pasar y que lo que va a pasar es muy chungo. Un niño rompiéndose la cabeza contra el borde de una piscina. Sangre. Gritos de una madre desconsolada… pero un momento, ¿qué era lo que se anunciaba? aún no nos lo han dicho y tampoco nos importa demasiado. Estamos atrapados porque queremos saber más. Puede pasar algo ¿qué será lo siguiente? ¿qué niño se abrirá la crisma?

Ninguno.

La seguridad.

Volkswagen.

La verdad es que el anuncio me recuerda a escenas de películas de suspense. Alguna de Hitckcok en los pájaros, por ejemplo.

La elipsis falsa

Un niño juega al fútbol. Luego el niño crece y juega con sus amigos. Luego resulta…

…que el niño no había crecido ni jugaba al fútbol con los amigos de mayor ni nada de eso. Se trata de una elipsis falsa, de un montaje en paralelo encubierto. Y sí, pone los pelos de punta, pero sobre todo porque no te lo esperas, porque te coge con la guardia baja.

Tuve una conversación por twitter con Pepo Jiménez (@kurioso, síganlo si todavía no lo hacen) sobre este y sobre otros anuncios de campañas de tráfico. Competíamos por ver cuál era el más brillante y cuál el más gore. A los dos nos encantaban las campañas de tráfico irlandesas. Nos parecían sorprendentes y muy muy bien llevadas.

Ciencia ficción

Cuando todo parece inevitable el tiempo se detiene

Esta era una de las propuestas de Pepo Jiménez. Es fascinante cómo puedes conseguir enganchar con una idea sencilla, impactante, directa, imposible.

La propina

Una en la que no va a suceder nada… y al final

Este vídeo se ha difundido más. Cuando más plácido parece el tema…

… muy para dar el susto al cuñado que le gustan los anuncios.

Los anuncios son obras audiovisuales de primer nivel que tienen millones de visionados. Hasta aquí no se descubre nada. De ellos se puede aprender muchísimo para escribir un buen guión.