Para qué vale un personaje

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Si un personaje no es el protagonista tiene que estar al servicio del protagonista o de la historia. Si no, sobra. Quítalo. Bórralo de tu guión, ya verás como coge aire y funciona mejor.

No sé si volver a poner un ejemplo de Breaking Bad o hacerlo con películas clásicas. Como he visto que en el blog hablo mucho de Breaking Bad (hay unas 10 ó 15 entradas en las que hablo de la serie), y por variar, casi mejor hablamos de otras películas.

Personajes que sólo valen para desatascar la trama

El resplandor

Si no la has visto todavía no sé qué haces leyendo este blog. Corre y ve a verla, búscala, pídesela a un amigo, alquílala, haz lo que sea para verla es un “must”.

El Resplandor es la historia de un hombre que va a cuidar de un hotel enorme con su familia (una mujer – Verónica Forqué en el horrendo doblaje en español- y un niño). El hotel se queda aislado por los temporales de nieve. El niño tiene poderes. El prota se vuelve loco y decide cargarse a su familia. Entonces, llega el negro.

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Así que tú también tienes poderes…

 

El negro de El Resplandor es un tipo que también tiene poderes, como el niño, y que ha intuido que la familia corría peligro. Entonces se planta con un vehículo especial para la nieve en el hotel. Entra y Jack Nicholson se lo cepilla de un hachazo en el pecho. Pero ya ha cumplido su cometido. ¿Cuál? Llevar allí un vehículo para la nieve, para que la mujer, o el hijo (o los dos) puedan escapar si les apetece.

Personajes que valen para desarrollar facetas del protagonista

El Golpe

Robert Redford es guapo y está a punto de dar un golpe maestro junto con Paul Newman (que es todavía más guapo y tiene más carisma y además dirige una banda de estafadores simpáticos). Robert Redford, a un paso de jugárselo todo. Se siente como esos soldados a punto de afrontar una batalla: muy solo, muy trascendental.

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Cuando le cuente a mis amigas que me he ligado a Robert Redford van a flipar

 

Entra en un bar y se liga a la camarera (que, las cosas como son, es fea de verdad). Da la sensación de que lo que quiere es sentirse acompañado. Se acuesta con ella. A la mañana siguiente, cuando se la encuentra por la calle, ella intenta matarle. Se trata de una de las asesinas a sueldo más eficaces de la mafia de New York, pero eso no es lo importante (que también). Lo importante es que nos ayuda a conocer mejor qué es lo que pasa por dentro de Robert Redford en esos momentos cruciales.

Personajes que sirven para dar ambiente

La isla mínima

Dos adolescentes han desaparecido en un pueblo perdido de la provincia de Sevilla.

Dos policías de Madrid son enviados a investigar. Ellos hablan con los guardias civiles, con la familia de las adolescentes, con las compañeras de clase.

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Todos estos personajes nos sirven para conocer el ambiente del pueblo, un ambiente pegajoso, de mosquitos y de lluvia, de humedad. Un ambiente, un lugar, del que todo el mundo quiere huir. La gente que vive allí, sobre todo las jóvenes, están deseando largarse.

Personajes que sirven de catalizadores

También de La Isla mínima, por no variar de película. El cazador furtivo que hace de guía. Sin él, que me expliquen cómo continúa la historia, cómo conocen la casa en mitad de ninguna parte. Todos los guías. Todos los que ayudan puntualmente a nuestro protagonista, todos los que nos dan una llave, una pista, una luz que seguir entran dentro de esta categoría.

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No son los únicos

Por supuesto, están antagonistas (Darth Vader), ayudantes (todos los amigos de Indiana Jones, el niño chino incluido), ayudantes del antagonista (el que se carga Steven Seagal cuando quedan quince minutos de peli) y muchos otros más. Pero eso puede que sea carne de otra entrada.

 

 

Personajes que pueden ser héroes y villanos

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Hay veces que un personaje nos puede despertar, según sea la situación, una emoción u otra. A veces incluso pueden darse circunstancias en que deseemos que un mismo personaje gane y, luego nos aterroriza el sólo hecho de verlo en pantalla.

Unas veces héroe. Otras, Lucifer.

Esa es la emoción que suscita, por ejemplo, el personaje de Ciro di Marzio en la serie Gomorra. Ya hemos hablado sobre la evolución de sus secuencias y sobre los personajes de esta serie, que me parece un ejemplo de producto interesante que merece la pena seguir. Aporta cosas nuevas y apunta direcciones que yo desconocía dentro de la producción europea de televisión.

Pero a lo que íbamos, a Ciro di Marzio y las distintas sensaciones que despierta.

Antes de que sigas leyendo, que sepas que la entrada, a partir de ahora, está repleta de spoilers.

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En los primeros capítulos de Gomorra Ciro es un mafioso de tercer nivel, pero cuya ambición es muy grande. Es un tipo al que le encargan asuntos sucios. Mata por orden de sus jefes. Lo vemos. Nos repele, pero, de alguna manera, queremos que las cosas le salgan bien. ¿Por qué? Porque empatizamos con él. Ciro es nuestro hombre. Siempre va a serlo (o eso creemos). Estamos convencidos de que vamos a asistir al encumbramiento de un tipo que ha empezado casi desde lo más bajo de la camorra. Poco a poco se gana la confianza del capo, don Pietro Savastano y recibe encargos cada vez más importantes.

¿Qué pasa? Que no es cierto.

Una serie sobre el poder

Gomorra no es una serie que narre el ascenso al poder de Ciro di Marzio. Es una serie que retrata, en varios frescos, los detalles de la Camorra y (eso sí) las luchas por el poder tanto dentro de una misma familia como entre los diferentes clanes (Conte vs Savastano). Por eso, en los primeros capítulos seguimos a Ciro di Marzio, pero luego le perdemos la pista. Nos fijamos en Immacolata Savastano. Otras veces la historia que seguimos es la del contable de la mafia. Otra, la de un joven que quiere ser mafioso y al que utilizan. Otras veces Genny, el hijo del capo, que quiere demostrar su poder…

En el capítulo 3 Ciro di Marzio recibe el encargo de sellar la paz con el jefe mafioso del clan rival. Él mismo ha intentado matarlo y ha incendiado la casa de su madre, así que está muerto de miedo (gracias a su miedo empatizamos). Cree que se lo van a cargar. Pasa un montón de visicitudes. Lo mantienen vigilado, lo arrojan al mar, lo envían a negociar con unos rusos todavía más peligrosos que los napolitanos, hacen que juegue a la ruleta rusa… y todo el tiempo queremos que se salga con la suya, que no lo maten, que sobreviva y que logre cada uno de sus objetivos.

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Ya lo hemos visto matar a gente pero nos da igual. Este tipo calvo, de mente fría, es nuestro hombre y seguiremos con él hasta el final.

Pero luego… le perdemos la pista.

Pasan los capítulos y se convierte en el apestado de la cúpula de los Savastano. Le encargan cosas que no le agradan, no le invitan a reuniones importantes… y mueve ficha. Se convierte en un traidor. En un momento dado engaña a un chico para que haga un trabajo sucio. Tiene que asesinar a un personaje importante del clan rival. El muchacho lo hace y luego Ciro quiere cargárselo, pero no lo encuentra. Lo busca por todas partes y no es capaz de dar con él. Así que rapta a su novia, la tortura y la mata… y le hace una visita a la madre del muchacho.

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En ese momento deseamos con todas nuestras fuerzas que descubran a Ciro, que cualquiera de los implicados en el asuntos dé con él y que ahí mismo se lo carguen. Ha dejado de ser nuestro hombre. Ahora es todo lo contrario. Si el capítulo “pertenece” a otro personaje (en este caso el capítulo pertenece al chico que asesina por encargo) cualquiera de los demás puede ser Lucifer, incluido cualquiera que antes nos caía estupendamente.