La lucha y el inconformismo

La idea la tuvo el osito rojo
La idea la tuvo el osito rojo

En twitter me he creado una lista con un montón de gente que se dedica a hablar del guión y de cosas que tienen que ver con él. Lo llamé “guión y otros desastres”. Es una de las primeras cosas que compruebo cada vez que abro esta red social.

Hoy he visto un tuit que me ha llamado mucho la atención. “Si os encanta una idea y alguien os dice que para que salga un buen guión tienes que quitar esa idea NO HAGÁIS NI PUTO CASO.” Lo escribe @furiaguionista y creo que hay muchas cosas detrás de esta línea.

imagen del avatar de @furiaguionista
imagen del avatar de @furiaguionista
¿estás seguro?
¿estás seguro?

Me refiero a que detrás está la lucha por las ideas. La lucha por lo que uno cree, por lo que uno siente. Detrás de esa idea está la lucha por uno mismo contra todo lo que hay fuera y que puede ser hostil.

Es una cuestión de respeto. Pero también de tener las cosas claras. Uno tiene que saber qué es lo que quiere y defenderlo. No callárselo. No pensar que los que opinan en contra de una idea tienen la razón. No importa quién sea. No importa si supones que sabe más que tú.  Si crees en algo de verdad tienes que cuidarlo, respetarlo y defenderlo, porque es cuidarte, respetarte y defenderte a ti mismo. Siempre va a haber alguien que opine en contra de tu idea, de tu proyecto, de tu planteamiento (ya sea dentro de un guión o en cualquier campo de la vida). Y ahí es donde uno tiene que permanecer firme, respetarse a sí mismo y luchar por su idea. Luego puede que la idea no valga para nada, o no se pueda llevar a cabo. O puede que haya que realizar algún cambio para que pueda realizarse. Pero si se cambia algo tienes que tener claro que no puede cambiar la esencia, el espíritu, lo que uno deja de sí mismo en su proyecto. Porque si cambias la esencia de tu idea es como si dieras un paso a un lado, como si desaparecieras, como si te dejaras avasallar. Antes estabas ahí dentro. Ya no.

Y no me refiero a que uno tenga que imponerse a los demás cueste lo que cueste. Para formar un equipo hay que estar dispuesto a ceder y a aportar. El objetivo es que el proyecto sea de todos, que todo el que trabaje en él lo sienta como propio. Pero también hay que tener en cuenta qué es negociable y qué no. Tu proyecto es tuyo y sería maravilloso que más gente estuviera implicada. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es dejarse borrar, perderse uno mismo.

Peleando contra el tiempo

Un reloj desde dentro

Todos los días intento bucear en internet y busco páginas de guión. Hay blogs interesantísimos que sigo con mucha atención, como la solución elegante, guionistas valencia, gointothestory o (mis) ficciones, de Fernando Hugo Rodríguez (@fernanhugo en twitter)… y por supuesto bloguionistas, para mí la página básica que hay que leer siempre. Hay también guionistas que colaboran en varias de ellas, como Javier Olivares (@olivares_javier), que es un verdadero maestro en estos temas. De cualquiera de sus entradas un servidor aprende mucho (y le da rabia no tener más tiempo de ver todas las series que aconseja).

Hace pocos días, Carlos López escribió una entrada en bloguionistas sobre la organización del tiempo a la hora de escribir.  Me pareció formidable, sobre todo porque hablaba de cómo un guionista como él  se organizaba el tiempo a la hora de escribir.

para escribir un guion

Decía, entre otras cosas, que se sentaba frente al ordenador siempre con tres horas por delante. Y me pareció maravilloso que tuviera esa posibilidad. Yo tengo trabajo (por lo tanto soy un afortunado), pero no tiene nada que ver con el guión (todo se andará). Para más INRI tengo dos peques (por lo tanto, una vez más, tengo mucha suerte), y les quiero dedicar tiempo. No es que “tenga que” dedicarles tiempo, es que es lo que quiero hacer, lo que las tripas me dictan que haga.

parque infantil
En un porque así paso más tiempo que escribiendo

Así pues queda poco, muy poco tiempo para desarrollar mis historias. Pero como es mi proyecto, no quiero dejarlo atrás. No quiero olvidarlo. No quiero relajarme y esperar a tener más tiempo (¿paro? ¿vacaciones?) para trabajar los guiones que tengo en la cabeza.

Por eso cada vez que me levanto a las 6 de la mañana para escribir tres cuartos de hora, apurando hasta el último minuto antes de salir del trabajo, me siento bien conmigo mismo. Por eso almuerzo en quince minutos y trato de escribir otra media hora en el portátil en un parque que hay junto a mi trabajo. Porque sé que luego no voy a tener oportunidad de seguir escribiendo el resto del día, porque tengo otras responsabilidades que no quiero abandonar (mi mujer, mis niños, la otra vida que está ahí fuera).

Luego me encuentro con los mismos problemas que el resto, que si una escena no está totalmente matizada, que si no he conseguido imprimir el carácter de mi personaje en este diálogo, que si a la escaleta le falta algo (pero ¿qué?) que si esta secuencia hay que reescribirla, que repensarla, que si nadie va a querer producir algo con tantos exteriores…

Según un informe hecho público en la segunda conferencia mundial de guionistas solo el 29% de los guionistas profesionales se dedica en exclusiva (noticia y datos aquí). Yo me encuentro fuera incluso del 71% restante y ese 29% lo tengo muy lejos, pero todos los días, cuando suena el despertador tan temprano me levanto teniendo claro mi objetivo, lunchado por él contra el tiempo.