Hacer una buena presentación

Una de las frases más manidas que he escuchado es esa de que la primera impresión es la que cuenta.

Bien, uno puede estar más o menos de acuerdo con eso en la vida real. En cine y en televisión, por lo menos en lo que a ficción televisiva se refiere, no puede ser más cierto.

Para enganchar bien al espectador a tu historia hay que hacer una presentación de verdad, una presentación que no deje alternativas y que obligue a seguir viendo.

Una buena presentación nos da el tono de la película, nos da las pistas para adivinar si nos vamos a reír, si vamos a llorar, si vamos a pasar miedo o, sencillamente nos indica de qué va a ir la frecuencia de sensaciones de la historia.

Como en todo, hay casos de grandísimos errores y grandísimos aciertos a la hora de realizar presentaciones.

Sherlock.

Primer episodio, primera secuencia. Una escena de guerra con una fotografía muy luminosa y colores vivos.

Segunda escena: Un tipo se despierta en su casa, sudando. Tenía una pesadilla (la escena de guerra, claro). Inmediatamente nos preguntamos si ese tipo será Sherlock Holmes.

Tercera escena: el tipo en la consulta del psicólogo. Sostiene que no tiene ningún trauma. El psicólogo lo llama por su nombre: John Watson.

Pero luego, uno ve la serie y se da cuenta de que la presentación no tiene nada que ver con el resto del contenido. No tiene nada que ver con el tono, ni con el personaje principal ni nada. Confunde más que guía.

Otro ejemplo, la películka The Way, el camino.

Empezamos la película viendo diferentes carreteras de alguna gran ciudad de un país rico. Asumimos rápidamente que se trata de Estados Unidos.

Pasamos a la consulta de nuestro médico. Luego una conversación con su secretaria. Le dice que ha llamado su hijo. Él se interesa por saber si ha dejado un teléfono de contacto, pero no es así. Siempre pasa lo mismo. Ni siquiera sabe en qué parte del mundo se encuentra ahora mismo.

Tercera escena: Martin Sheen jugando al golf. Le dan la noticia de que su hijo está muerto, en Francia, mientras hacía “el camino de Santiago” (se lo dice un gendarme francés y lo hace en español) y él no pregunta qué ha pasado, cómo ha sido, qué ha sucedido realmente, no se muestra en estado de shock. Dice que no sabe dónde está el camino de Santiago. Se monta en el coche eléctrico del campo de golf y se va.

A mí estas soluciones no me convencen. Me parecen flojitas y no dan el tono necesario para que quiera seguir viendo la película, la serie o lo que sea.

Me gusta más cuando la presentación es como la de El día de la bestia (escrita por Jorge Guerricoechevarría y Alex de la Iglesia)

Ficha imdb

El sacerdote al que interpreta Alex Angulo llega a una iglesia donde hay otro cura. Al fondo, una cruz gigante.

ALEX ANGULO: He descifrado la clave

El Cura se sorprende.

CURA: No sé si seremos capaces de soportar esta cruz.

A ALEX ANGULO se le caen los papeles y se hace a un lado para recogerlos. En ese momento la cruz gigantesca aplasta al cura.

A mí me parece una presentación sobresaliente.

Y no contentos con eso, cuando Alex Angulo llega a la capital y empieza a hacer putadas a todo el mundo también estamos en la presentación del personaje y de sus intenciones. Roba a un mendigo, provoca el accidente de un mimo, etcétera.

Es a la vez cómico y oscuro, lleno de humor negro. Sabemos lo que vamos a ver: una peli en la que nos vamos a reír y que va a tener violencia. De hecho, que una cruz gigante le caiga encima a un cura y lo mate nos hace hasta gracia.

Otro ejemplo: El club de los suicidas (escrita por Juan Vicente Pozuelo, Curro Royo y Roberto Santiago)

Ficha imdb

Primera escena: El rostro de uno de los protagonistas. La mirada hacia el horizonte. Ruido de coches. Se abre el plano y vemos que está en mitad de una carretera, intentando ser atropellado (!). Le suena el móvil y lo coge (!). Es un corredor de apuestas. Provoca el accidente de un coche de policía. Huye por un descampado… mientras sigue hablando por el móvil (!)