Encender la mecha

Hace unos días estuve viendo de nuevo algún capítulo de Anatomía de Grey. No es que sea mi serie favorita, pero, como diría un profesor que tuve, se pueden aprender cosas hasta de “Kárate a muerte en Torremolinos”. Así que me pertreché en el sofá dispuesto a que algo despertara mi interés.

Y lo encontré.

No me pareció la solución más elegante, ni tampoco la más sorprendente, pero me pareció eficaz y creo que la televisión y el cine necesitan de giros eficaces, de herramientas que nos ayuden a hacer avanzar la historia o de ahondar en ella. Yo lo encontré precisamente aquí.

En una de las líneas argumentales se nos plantea una situación: la Dra. Torres planea hacer un viaje de tres años a África con su novia, pero ella no parece estar convencida.

Una vez más tenemos un “pero” y los “peros” son los que nos dan impulso para contar una historia. ¿Qué va a suceder? ¿Irá a África para estar con su novia? ¿Seguirá en el hospital y dejará que su novia se vaya? ¿Qué riesgo hay en cada una de estas dos decisiones?

Sin embargo lo que tenemos que hacer es realizar un buen planteamiento, encender la mecha. En este caso, ¿cómo vamos a descubrir que en realidad la Dra. Torres tiene dudas sobre si ir o no ir a África? Sencillo, utilizamos otros personajes que le planteen obstáculos. Así nos ayudan a saber de qué vamos a hablar en este capítulo y, de paso, nos dan pistas para matizar al personaje y comprender sus motivaciones.

En este caso se ha elegido al doctor Webber, el chief, que le dice que es una lástima que se vaya porque tenía “grandes planes para ella”.

A la Dra. Torres le saltan las alarmas. ¿Qué planes? ¿qué me estoy perdiendo realmente al irme a África? y en el fondo se repite la pregunta: ¿realmente quiero irme a África?

Luego todo el guión se debate en si/no, si/no, me voy/¿me quiero ir? Participan varios personajes, pero lo que más pesa es esa promesa velada que le hizo en Chief. Y todo conduce a un enfrentamiento con su antagonista  (que no es otra que su novia). Nosotros ya sabemos de antemano lo que corre por dentro de Torres, la conocemos, sabemos qué piensa sobre la situación. Confiesa que si quiere ir es por estar con ella, pero que realmente quiere quedarse. Su novia, finalmente, se marcha y le dice que no quiere que ella viaje a África y, además, que su relación está rota (esta parte sí que es más artificiosa y está metida con calzador, entre otras cosas porque no está desarrollada, porque la novia de Torres no es nuestra protagonista y no se desarrollan sus dudas y sus planes).

La trama de Torres se comprende perfectamente, es efectiva, es clara y nos ayuda a conocerla mejor. Nos dice que Torres es ambiciosa y que en el fondo no está dispuesta a hacer grandes sacrificios en su carrera. Aunque quiere, no piensa en los demás más que en ella misma. Y todo esto lo descubrimos porque un superior le tira un anzuelo y le dice que “tiene grandes planes para ella”.

Buscar siempre la sorpresa

Creo que buscar siempre la sorpresa debe ser una de las máximas del guión. Eso sí, buscarla dentro de los márgenes que antes nos hemos impuesto. No vale que en Alien aparezca de repente en la nave Morgan Freeman tocando el piano ni que en Paseando a Miss Daisy sobrevenga una lluvia de meteoritos. Es sorprendente, sí. Pero destrozamos todo lo demás.

Lo ideal es plantear una trama, ver cuáles son las posibles salidas y luego elegir la que más nos arrebate y nos sorprenda. Viendo un capítulo de How I met your mother uno se da cuenta de que utilizar este tipo de soluciones nos une más a los personajes y a sus historias, nos sacude del letargo en el que normalmente nos encontramos cuando estamos frente a  la tele y nos hace que queramos seguir viendo más.

How I met your mother suele seguir una estructura de una trama principal en la que van poniendo su granito de arena todos los personajes. En este caso la trama era: A Ted le gusta su doctora, pero ella le dice que nunca saldrá con él. De momento el motor de la historia es claro. Ted va a intentar por todos los medios que su doctora salga con él, por lo menos una vez. Tenemos un protagonista claro, Ted, y un antagonista todavía más claro: la doctora. Además existe un elemento extra también muy interesante, la cuenta atrás.

Al principio la doctora le dice a Ted que nunca podrá quedar con un paciente. Pero su relación profesional será únicamente de diez semanas. Así pues Ted tiene la esperanza de conseguir gustarle a su doctora en diez semanas para que quiera salir con él.

Van transcurriendo las semanas y parece que la doctora le dirá que sí. Sin embargo, finalmente, se niega. Tiene un motivo: un familiar tiene un problema serio de salud y ella solo dispone de dos minutos libres al día que aprovecha para comer un sandwich y seguir trabajando.

Ya está, no hay solución, todo está perdido… ¿o no?

Es aquí donde introducimos el elemento sorpresa. Parece que no va a haber posibilidades de que Ted y su doctora tengan una cita, pero él le da la vuelta a la situación y planea una cita ¡de dos minutos!

Coge un taxi y avanzan dos metros con él. En la acera hay una mesa con una comida preparada. Dan dos o tres bocados y salen del improvisado restaurante. Cogen el taxi otra vez y vuelven a avanzar otros tres metros. Dos sillas están plantadas frente a una tienda de televisores. Hay palomitas y todo y pasan una película resumida. Luego vuelven andando y se encuentran con otra mesa con el postre y lo que les sobró antes en una bolsita para llevar. Caminan los tres metros que los separan de la consulta. Ella está encantada (y él también).  Se besan. Han tenido la cita perfecta y solo ha durado dos minutos.

Ted podría haber elegido otras soluciones. Podría, por ejemplo, haber seguido siendo su paciente simulando distintas dolencias, o haberla perseguido por la calle para hacerse el encontradizo o sencillamente haber desistido. Pero esas soluciones no nos llamarían tanto la atención y, además, esta solución hace que nos enamoremos un poco más de Ted y que sigamos su vida con más interés.

Cómo no contar una no-historia (contiene spoiler de Una pareja de tres)

Hace tiempo que divido las películas que veo en historias y no-historias. No hay nada particularmente malo en una no-historia. Sencillamente considero que en una no-historia  se trata de un determinado tiempo en el que no se cuenta el reto de uno o varios protagonistas. No se cuenta si el chico se llevará a la chica, si el prota conseguirá derrotar a los nazis, si conseguirá atrapar al asesino, si conseguirá robar millones de dólares en un casino regentado por Andy García. Se cuenta, por ejemplo, la vida en un pueblo alemán justo antes de la primera guerra mundial (La cinta blanca) o la vida de unos chicos en el extrarradio de una pequeña ciudad deprimida de Inglaterra (Ratcatcher).

En ninguna de estas dos no-historias que he puesto como ejemplo hay un pulso, un desafío, una llamada a la aventura que primero se rechaza, que luego se acepta, las cosas se complican y bla bla bla. Pero son películas que funcionan porque, queramos o no, nos llevan a alguna parte. A medida que avanzamos queremos conocer más de esos ambientes y más de esos personajes.  Pero luego hay otros casos en las que películas que no se definen, que son vagas y que, después de unos minutos de verlas te das cuentas de que no van a ningún lado, que la película no tiene un motor claro, que no hay una dirección.

Es el caso de “Una pareja de tres” (Marley & Me). Esta es una de esas películas que se nos venden como comedia y que luego resultan ser más bien un melodrama en lo que no sucede nada relevante. En este caso lo único que pasa es que una pareja compra un perro y el perro vive con ellos, la pareja tiene hijos, hay problemas de convivencia, el perro enferma, se recupera y al final muere.  Vale.  Pero no pasa nada de nada más. Si al menos la historia fuera del perro la cosa tendría sentido. Lassie, Rex, Rintintín ahí estaban como campeones resolviendo casos y haciendo mejor la vida de sus dueños. Pero es que ni siquiera es así.

El problema de esta película es que no se define en ningún momento. Al principio se habla de si la pareja va a tener o no va a tener hijos. Bien, aquí hay una línea dramática. La película puede ir de las dificultades de una pareja para tener hijos y de cómo se destruyen y se culpan por no tenerlos, por ejemplo. Pero luego lo consiguen sin mayor esfuerzo(tres en diez minutos). Después aparece la historia de las dudas sobre la carrera profesional del chico. Vale, nos decimos, todavía podemos engancharnos. Puede ser que la película se trate de cómo un hombre intenta compatibilizar sus sueños profesionales con sus responsabilidades familiares. Pero tampoco. La trama se diluye y acaba convirtiéndose en una trama secundaria más. Después viene una mudanza, un nuevo empleo, más cambios vitales… pero la película ya nos ha perdido para siempre. La podemos tener de fondo mientras hablamos de otras cosas, mientras nos adormilamos en el sofá o mientras hacemos un puzle de 1000 piezas del Alcázar de Segovia. Pero después de darle tres o cuatro oportunidades interesarnos ya no nos interesa. A no ser que hayamos tenido un perro en la infancia nos importa más bien poco que el perro muera, que resucite o que lo abduzcan unos extraterrestres.

Moraleja: hay que enganchar desde el minuto uno. Que la historia que quieras contar esté clara. Si no, apaga y vámonos. Hay demasiadas cadenas de televisión por las que pasear, demasiados libros que leer y demasiadas cosas que hacer como para perder el tiempo.

Tramas secundarias para tomar aire

En el capítulo de ayer de Cuéntame volví a sacar el analista de guión que llevo dentro.

En mi opinión los guiones de esta serie están muy trabajados. Son redondos y aprovechan muy bien las ocasiones que tienen para ir contándonos las diferentes historias sin que nos demos casi cuenta.  Además, se incluyen de forma muy precisa, tramas horizontales que nos hacen sentirnos casi como un miembro más de la familia Alcántara.

Sin embargo hay ocasiones en que se desperdician oportunidades de darle al guión un aire más ligero cuando es necesario. Un ejemplo es el episodio 223 (emitido el jueves 12 de enero de 2012 y que obtuvo más de un 24% de share). Podíamos comprobar que había varias tramas que iban entrelazándose y que tenían sus protagonistas y sus líneas de acción. En concreto había dos tramas principales y otras dos secundarias. A saber, la principal era la situación del hospital. Antonio Alcántara como protagonista. Se enzarza con un médico y le acaba dando un amago de infarto. Los médicos le obligan a permanecer en observación mientras arriba, en planta, tienen a su mujer en postoperatorio.

Tenemos como protagonista a Antonio y como antagonista al médico del hospital.

La otra trama fuerte es la de Carlos y Arancha. Carlos decide cambiar su situación con Arancha. Quiere que dejen de tener una relación abierta y que se quede con él. Para ello decide comprarle un anillo y pedirle que se vaya a vivir con él.

Tenemos como protagonista a Carlos, como antagonista a Arancha y a Felipe.

Luego tenemos dos tramas secundarias más: la de las banderas y la de Toni buscando trabajo.

Si bien el trenzado de las tramas es de una factura muy correcta considero que las tramas secundarias, particularmente la de las banderas, desaprovechan su oportunidad de quitarle hierro a un capítulo muy cargado dramáticamente hablando.

Venimos de escenas de hospital. A Merche le han hecho una masectomía y Antonio no puede verla. En este momento nos preocupamos de la situación de Merche, porque no sabemos si la amputación del pecho de Merche servirá de algo o no. ¿Tendrá el cáncer extendido? ¿podrá salvarse? ¿cómo le afectará moralmente el hecho de la amputación del pecho? ¿seguirá siendo la misma?

Con toda esas emociones (que consiguen llegarnos) pasamos a la trama de las banderas, que tiene un carácter de comedia pero muy descafeinada.  De hecho es casi drama.

  1. Desi coge un pedido sorpresa de unos comunistas. Se encarga de la fabricación de las banderas.
  2. Miguel ve las banderas y cree que están mal. Las tira y hace unas banderas comunistas normales.
  3. Desi descubre que las banderas nuevas no son como las que les han encargado. Choque entre Desi y Miguel.
  4. Antonio pone paz entre ellos. Tienen que dar la cara ante los clientes, que son más comunistas que Miguel.
  5. Al final pierden el pedido y Miguel es insultado por los comunistas.

Es interesante el running gag de Miguel y sus choques con distintas facciones de comunistas, pero es precisamente aquí donde el guión pierde una oportunidad. En otras ocasiones Miguel estalla, se enfrenta, grita, blasfema y la situación resulta muy divertida. Pero en este caso no hace nada de nada. Simplemente se limita a recibir amenazas de los comunistas y a que Desi le acabe dejando casi en ridículo.

Conclusión: hay que aprovechar las circunstancias que nos deja un guión entre drama y drama para introducir algo que nos deje respirar.

Listado de intenciones

Al cabo del día estamos varias horas frente al televisor, al cabo del año vemos gran cantidad de películas y de series. Unas nos gustan más, otras nos gustan menos y otras merecen, sencillamente, que las tiremos a la basura. La mayoría de las veces el hecho de que una serie nos apasione o nos parezca un desastre tiene que ver con el guión, con la forma que tiene, los matices con los que cuenta, sus sutilezas, su chispa o su falta de ella.

Es bien cierto que también hay que tener en cuenta otros detalles, que las actuaciones sean convincentes, que la dirección sea dinámica, que la fotografía sea correcta y que no haya errores en el diseño de vestuario ni en la dirección de arte.

Pero no me cabe la menor duda de que ya pueden estar implicados en un proyecto los mejores actores de Hollywood, con los mejores directores y los mejores equipos técnicos, que si la historia no interesa, nadie la verá.

Por eso estamos aquí, para averiguar las cosas que funcionan y las que cojean dentro de una peli o de una serie. Personajes que cambian de actitud sin motivo, soluciones deus ex maquina, presentaciones pobres… o todo lo contrario. Los porqués de los guiones de las series que vemos todas las semanas y de las películas con las que nos hemos cruzado.

Espero que os gusten las cosas que aquí escribo. Las moldeo con cariño.